Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

lunes, agosto 28, 2006

Cuento de fantasmas

Alicia odiaba ver a su madre con la cara lavada, sin maquillar. Era como si no la importara quien la fuera a mirar por la calle. Se había recogido el pelo en un moño y llevaba unos pantalones de pana con zapatillas de deporte descoloridas. Y así se disponía a bajar a la compra, ajena al desastre de su atuendo.
- ¿Quieres que te compre algo?
Alicia apretó los labios y negó con la cabeza, volviendo su atención al comic que estaba leyendo, “Hades”, su cómic favorito; la arrebatadora historia de amor entre un fantasma y una adolescente. Desde que lo había descubierto no podía despegar los ojos de sus páginas. Hizo un movimiento de cabeza para que su flequillo negro le tapara los ojos. No quería ver la expresión de su madre, mirándola con ojos resignados, esperando una respuesta.
- No quiero nada, mama- suspiro Alicia por fin, sin despegar los ojos del comic.
Su madre abrió la puerta y salio a la calle. Alicia contó hasta diez y después corrió hasta el cristal del balcón para verla atravesar la calle, tirando del carrito de la compra, andando ligeramente ladeada. Alicia soplo sobre su flequillo. Como le gustaría que su madre volviera a maquillarse de nuevo, como antes, como antes de que sucediera todo.
Volvió al comic tumbándose sobre el sofá. Tenia que reconocer que estaba completamente enamorada del fantasma. ¿Existiría en el mundo real un amor tan poderoso como ese? se preguntaba soñadoramente. Hades era el fantasma que vivía en el altillo del armario del cuarto de Nadia, la protagonista del comic. Desde que ella llegara como nueva inquilina a ese cuarto el la perseguía, completamente enamorado. Pero la perseguía de una manera especial, no como solían perseguir los chicos de su instituto a las chicas. Este fantasma, por ejemplo, abría el diario de Nadia y se lo leía de cabo a rabo o, también, cada vez que Nadia tenía una pesadilla, el fantasma la soplaba en la frente mientras dormía, despertándola suavemente.
Pero había otra cosa que definitivamente fascinaba a Alicia: El fantasma espiaba a Nadia, la seguía a donde quiera que esta fuese. Dada su condición volátil y transparente podía meterse en cualquier habitación y aparecer en cualquier sitio, averiguando de esa manera todo lo que la sucedía, adivinando sus mas íntimos deseos.
Alicia se sentía turbada. ¿Alguna vez le pasaría eso a ella? Arrojo el comic al suelo y se quedo mirando al techo, pensativa. Desgraciadamente se lo sabía casi de memoria, el último numero lo había leído mil veces desde que saliera hacia ya casi un mes, y estaba harta de revolotear alrededor de los kioscos, rezando, esperando desesperadamente que apareciera el nuevo ejemplar.
Alicia paseo los ojos por el mobiliario del salón y los detuvo en el armario empotrado y en el altillo que había sobre el. Nunca se le había ocurrido mirar allá dentro, pensó incorporándose con curiosidad. Cuando lo abrió la recibió un inconfundible olor a humedad. Alicia introdujo una mano y palpo un bulto de madera que resulto ser una pequeña caja. Su corazón comenzó a latir apresuradamente; en el comic Nadia también descubría un pequeño cofre en el altillo que, al ser abierto, liberaba de su encierro secular al fantasma. Alicia tiro de la caja hacia el borde y la abrió con manos temblorosas. Obviamente dentro no había absolutamente nada excepto su interior forrado de apolillado terciopelo azul. Alicia permaneció de pie sobre la silla, mientras sentía como le temblaban las rodillas. Como podía ser tan estupida, se dijo, como había podido creer que también apareceria un Hades para ella. Bajo de la silla y volvió al sofá. Las lágrimas comenzaron a rodar lentamente por sus mejillas. Se sentía tan sola desde que había pasado todo aquello, desde que mama estaba tan triste que ni siquiera se maquillaba para ir a la compra, desde que los kioscos se negaban a traer el nuevo número de su comic favorito. Apretó la cara contra los cojines y dejo que las lagrimas le abrasaran el rostro.

No recordaba haberse quedado dormida pero tuvo que hacerlo porque de repente oyó a su madre canturreando y riendo en la cocina, como si estuviera hablando con alguien conocido. Estaba segura de que no la había visto regresar de la compra y menos acompañada. Se incorporo escuchando atentamente. Oyó una vez más la risa desde la cocina y después, silencio. Alicia se arrebujo en el sofá sin atreverse a mover ni un dedo. De repente tenía la extraña sensación de que todo estaba pasando de nuevo : Su tardanza, las horas interminables hasta que llamaron del hospital para decir que había tenido un accidente, el ataque de histeria de mama. ¿Por que? ¿Por qué nos habia tenido que pasar esto? Le pasaba al resto de la gente, pero no a nosotras, no a nosotras.

Fue entonces cuando Alicia vio como su hermana abría la puerta de la cocina y venia por el pasillo, el rostro enmarcado por sus cabellos rubios. Se inclino para besarla en la mejilla.

Cuando lo hizo Alicia despertó sobresaltada, justo a tiempo para oír como su madre metía la llave en la cerradura y entraba en el salón con las bolsas de la compra. Sus ojos se encontraron, los ojos dulces de mama y los suyos propios, soñolientos y llorosos. Antes de que Alicia pudiera decir nada ella le tendió el nuevo número de “Hades”, sonriendo.
Ennis
Co. Clare
Ireland

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Chapó.

La Sil

L'hermite dijo...

No está mal. Vuelves a jugar con una narrativa no lineal.

Datos personales

Mi foto
Madrid, Spain

Archivo del blog