Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

domingo, febrero 03, 2008

Cruela, la bota


‘Cenizo, ¿dónde vas tú, precioso?’
El gato salió disparado como una centella de entre las sombras del porche de la casa.
Trini se dispone a subir el escalón, una pierna primero, luego otra, agarrándose al marco de la puerta.
Su bota negra y desproporcionadamente grande se llama “Cruela”. La llama así por la película de dibujos los ciento y un dálmata. Le gustó aquel nombre, Cruela de Vil, y con el bautizó a su bota, la bota negra que la acompaña desde que de niña la atacara la poliomielitis.
Trini echa una ojeada a las ventanas de la casa de enfrente; el señor cura está en el comedor. Pensando que es un poco raro verle así, solo, de espaldas a la ventana y con la cabeza agachada, Trini empuja la puerta y entra en la casa.
Dentro la espera el silencio y un denso olor a naftalina. Siempre le extraña aquel olor, como si no fuera su casa donde entrara, sino otra equivocada.
Enciende la lamparita que hay junto al pastorcillo de porcelana, se agacha para mirar debajo del visillo y ve el cogote del señor cura de espaldas a la ventana.
‘ ¡Qué raro!, resopla.
Después se dirige a Cruela, que permanece quieta en el suelo, como un animal obediente. A veces la habla y ella parece que entiende.
‘¿Qué te parece Cruela? El señor cura solo a estas horas, sin sus amigos, sin el mus, sin los puros ni el anís ni ná.’
El sacerdote tiene partida de mus todos los sábados por la noche. Vienen Antonio el del Nido, Hilario y Don José, el m
édico. A veces se junta Juanito el sobrino del cura, y hablan y beben y ríen. Trini lo ve todo desde debajo de su visillo mientras tiene la televisión encendida y finge ver la película del Sábado noche.
Ella sabe que el cura no es más que un hombre corriente, con sus dolores en el corazón, como todo el mundo. En verano, cuando Trini se sienta cada atardecer a la fresca en el porche el cura baja la cuesta con un silbido en los labios y, antes de meterse en su casa, le da palique, hablan del calor que hará mañana, de ese gato salvaje que es Cenizo, tan huraño. El cura se ríe con los comentarios de Trini y a ella aquellas carcajadas la enternecen de una manera
extraña.
Trini ha imaginado muchas veces que se atreve a hablarle, a decirle por ejemplo que no quiere seguir así.
‘¿Así cómo, mujer?’ le hubiera preguntado él.
‘Así, deseando hacer algo sin saber el qué’, hubiera respondido ella.


Trini cambia al pastorcillo de porcelana de sitio y vuelve a atisbar bajo el visillo. Ahora la espalda del señor cura se estremece, se tambalea, le ve apoyar la mano en la pared de enfrente .
Trini se incorpora y se dirige a la cocina. Cruela tropieza con la escudilla de comida de Cenizo. El pienso del gato se esparce en pequeñas bolitas sobre los azulejos. Trini mira al estropicio sin verlo.
En la pared hay una foto de ella y su hermana cuando eran pequeñas. Ella tiene el pelo negro y recogido en trenzas, sonríe desdentada y su hermana se apoya en su hombro despreocupadamente. Cruela también está en la foto, una bota negra más grande que la otra, hecha a medida por el zapatero al que iban en Sevilla.
La mujer se aproxima a la foto. Si pone un dedo tapando a Cruela se convierte en una niña como las otras, una niña que puede correr por la era y subirse al tractor de su padre y bailar en la plaza cuando hay verbena.
‘El cura se va a morir solo como un perro’, se da cuenta de eso, de repente.
Quiere darse la vuelta pero Cruela no responde, a veces le pasa, ella quiere andar pero la bota se queda quieta y entonces tiene que arrastrarla como si fuera un ancla y es mucho peor que cuando en sueños sabe que tiene que correr por algún peligro y ella se niega, tozuda como una mula, a acompañarla. Pero esta vez el peligro es real. El señor cura se muere solo en su casa y no va a llegar a tiempo y no se lo perdonará nunca.

Detrás de la puerta tiene un chal negro, se lo echa sobre los hombros y tira de Cruela escalón abajo. Cenizo merodea de nuevo junto a la puerta, los ojos verdes resplandeciéndole como brasas.
Trini cruza la calle arrastrando la bota y el corazón le late con fuerza cuando llama a la puerta. Tres golpes con los nudillos. Nadie contesta.
Contiene el aliento mirando hacia abajo. Alli esta Cruela, la muy tonta.
Se separa un paso de la puerta. La luz del comedor sigue encendida pero no ve la sombra del cura. Seguro que ya se ha caído redondo al suelo, piensa.
Por la cuesta abajo se oyen voces ; Antonio el del Nido y don José, el m
édico, soltando nubes de humo de sus cigarros. Cuando se detienen junto a Trini la saludan con la cabeza.
‘Gracias a Dios que han llegado ustedes’.
‘¿Qué dices? ¿Qué ha pasao?’
Ella esta a punto de despegar los labios y decir que ha sido culpa suya, que si hubiera reaccionado antes quizás le habría salvado, pero esos largos minutos en los que perdió el tiempo mirando su foto de niña, esos minutos fueron los que necesitó el cura para morirse solo, en el salón de su casa.
Don José y Antonio han abierto la puerta, se oyen gritos y a don José pidiendo por teléfono una ambulancia.
Trini se persigna y vuelve hacia el porche de su casa, la puerta se ha quedado abierta y el olor a naftalina se esparce en el aire. Antonio, el del Nido, sale a la calle rascándose la cabeza.
‘Creo que hemos llegado a tiempo’,dice mientras saca un cigarrillo de un paquete aplastado.
Trini se arrebuja en el chal y se aprieta la boca con la mano. De dentro, del estómago, le viene un llanto muy fuerte que no puede contener. Se echa a llorar amargamente, le tiemblan los hombros, se tapa con el chal negro los ojos y llora y llora y llora . Cenizo aparece como una sombra para frotarse, meloso, contra Cruela.
‘Señora Trini, por Dios mujer, que no pasa nada, que solo le ha dado un vahído, que se va a poner bueno’
Pero Trini no puede dejar de llorar. Sabe que no ha llorado así nunca, ni cuando echan las películas románticas por la tele ha llorado así. Llora y en su llanto siente a Cruela lejana en su pie, pesada y fría, como si le importunaran sus lágrimas.

Luxembourg,
Febrero cenizo
2008

17 comentarios:

Diáfana dijo...

Que bueno Emma. Me dejas admirada y envidiosa a rabiar por esa capacidad de crear personajes tan bien dibujados y que rezuman tanta intimidad.
Besos y gracias por tus regalos.
Me alegro de que hayas vuelto :)

Lansky dijo...

Te has hecho esperar, pero ha meerecido la pena. El relato despide el aroma opresivo de las películas de Bardem (El director, el tío del macizo actual) y personalizar la bota de la pierna inválida es un gran acierto narrativo. Enhorabuena y que el castillo no te oprima en exceso, prenda.

Mil Orillas dijo...

Qué buen texto, Emma!

Qué bueno que vuelves!

Coincido con el comentario de Lansky...la atmosfera opresiva....

Buenísimo

Cariños

emmaskarada dijo...

Gracias a los tres :)
Las cosas que aprietan y oprimen son muy inspiradoras.
Un beso

Nostalgia dijo...

pues sí que escribes bien, niña mía :)
me ha encantado descubrirte,
gracias por darme esa oportunidad ♥

emmaskarada dijo...

Gracias nostalgia.

Almatina dijo...

Emmitaa!!
mi hadita viajera
quien tu maleta fuera.
El aburrimiento acompaña al clima
como el melón al jamón y el monte a la cima.
Espero con atención
que la próxima canción
cantemos un dueto simplón
con la mayor emoción.

a ver si en la sigueinte cantiga
podamos conocernos en algúna tetería del ancho y amplio mundo.
saludos amiga

vivian dijo...

Hola Emma,
¡Me ha encantado descubrirte! Pasaré por aquí a menudo :)

Emma dijo...

Almantina, desde luego tienes un don para la rima. Desde luego que me encantaria conocerte y tomarnos un tecito en cualquier teteria.
Vivian, me encanta tu nombre, con tilde y sin tilde. Ojala yo pueda tambien escribir a menudo.

Fernando Valls dijo...

Gracias por la visita a la nave... Me ha servido, además, para conocerte tu blog, por donde me pasaré a partir de ahora.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Me gusto el texto. Buen regreso al mundo poblados de palabras.

Un beso.

Kahran Ramsus dijo...

Hola, enmarkarada, soy nuevo en tu blog porque lo he visto en una de tus respuestas del blog de simpulso, adoro tu narrativa intimista, acabas de ganarte un lector :)
Si quieres, puedo añadir tu link en mi blog http://logikailogika.blogspot.com, el cual, aunque no tenga muchas visitas, pero al menos son selectas (no le he dado publicidad, es solo para unas cuantas personas y yo mismo, para descargar mi cerebro de ideas).
Sigue asi preciosa, tienes un talento natural que algun dia reciba su recompensa. Y por cierto, eres bellisima. Pero eso ya estaras acostumbrada a oirlo, no?

Emma dijo...

Gracias Kahran,
La verdad es que acostumbrada a oir eso de bellisima, no.

Shangri-la dijo...

Hola. Te invitamos a visitar nuestra publicación de cine y literatura. Un saludo.

Anónimo dijo...

Al final, va a ser verdad que eres un poquito bruja, porque no ha sido el "cura", pero sí "Antonio el del Nido" el que ha tenido un vahido.
Me alegro de que escribas de nuevo. Lo que significa que estás viva.
Besikos, guapa.
Jaxarte

Leo Zelada Grajeda dijo...

A mi también me gusta tu trabajo Emma. Un beso.

siloam dijo...

me ha gustado muchísimo, además tengo un compañero con un zapato de tres cms...algún olvido d evacuna, porque a su edad...
muy bien (emma, tu tocaya de vigo)

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