Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

sábado, abril 12, 2008

Fantasmas a mí


Conocí en un parque a un viejo que era igual a un profesor de derecho civil que tuve en la universidad, alto y desgarbado, con chaqueta anticuada y gafas de montura amarillenta. Tenía un apellido alemán. Era el único que te dejaba fumar durante los exámenes pues el mismo fumaba con pasión, a todas horas tenía un cigarrillo en la mano, cigarrillos que extraía de una caja blanca con la cabeza de un león negro dibujada. Hacia volutas de humo en medio de la clase poniendo pómulos de calavera. Era un tío bastante divertido, la verdad.
Un día murió. Ya no tenía clases con él. Alguien me lo dijo de pasada: “¿Sabes que se ha muerto el Boesch?” “No jodas”, respondí yo, pero sin sentir demasiada lastima o emoción. Lo normal es que los profesores se mueran antes que uno.
Lo que no sospechaba siquiera es que su fantasma se me fuera a aparecer años después, cuando ya había terminado la carrera y me dedicaba a ir y venir de una siniestra asesoria-gestoria-contable. Tenía un contrato indefinido y mi madre presumía de ello con las vecinas en el supermercado. Yo era incapaz por aquel entonces de nombrar razones por las que no quería hacer las cosas así que me resigne a ir cada día al trabajo a ver que es lo que pasaba. Me cagaba en todo, eso si, y mas cuando me encontraba a mi vieja a las seis de la mañana en la cocina, desgreñada y en bata, metiendo el taper con mi almuerzo en una bolsa de plástico de nudo indestructible. Yo agarraba la bolsa y salía pitando sin mirar hacia atrás. Sabía que ella estaría alli, pálida, detrás del visillo, sonriendo orgullosa ante la visión de su chico vestido de traje en dirección al trabajo.

Para llegar a la gestoria cogia dos autobuses y cruzaba un parque municipal de arbolitos raquíticos. Solía detenerme junto a un rosal para fumarme el primer cigarrillo de la mañana y demorar al máximo la entrada al trabajo. Mientras, a mi alrededor, los jubilados mas madrugadores iban tomando posesión de los bancos, arrastrando perritos de ojos velados por las cataratas.
Fue así como lo conocí, al doble del Boesch; un viejo de espalda encorvada que fumaba concentradamente mirando al suelo, sentado a pocos metros de mí, siempre en el mismo banco, ensimismado. En cuanto le vi me resulto familiar pero era ese tipo de familiariadidad que nunca sabes de donde viene así que no me detuve a averiguar a quien me recordaba. Pronto se convirtió en alguien a quien me gustaba encontrar cada mañana fumando junto al rosal. Con el transcurrir de los días fui descubriendo los gestos que, yo no lo sabia todavía, eran los mismos gestos que el Boesch había exhibido durante sus clases de derecho civil; los hombros encogiéndose sin razon aparente, los ojos pequeños, guiñados con burla. Todo ello aderezado con una americana anticuada de grandes coderas y sus flacos y largos huesos.
Comenzamos a hablar el día en el que un jardinero nos roció a ambos por accidente con la manguera.
‘Perdón’ mascullo el jardinero.
Yo seguí chupando de mi cigarro sin inmutarme.
‘Somos como plantas. Los humanos somos como plantas. Reverdecemos cuando nos dan de beber’, dijo el viejo.
El jardinero se había perdido entre los aligustres así que supuse que se dirigía a mi.
‘¿Qué?’
El volvió la cara para mirarme por primera vez en todo ese tiempo.
‘A ver muchacho escúchame, haz el favor de escucharme’.
Arroje el cigarrillo lejos dándole una toba con ayuda de el pulgar y el índice. Siempre me ha enternecido que los viejos me llamen “muchacho”.
‘Aunque seas un cactus necesitas agua, y harás todo lo posible por conseguirla. La gente pensará que, por tu aspecto, no necesitas agua, pero la necesitas tanto como los demás. Lo que pasa es que los otros creerán que puedes vivir sin ella y no te prestaran atención porque no representas una amenaza, y es así como tu obtienes tiempo para ensayar tu estrategia en soledad, sin que nadie te moleste; la estrategia del vencedor.’
Pestañeé aturdido y fue cuando me dije, sin ningún asombro, cuanto se parece este viejo al Boesch, al profesor aquel de las volutas de humo, el que se encogía de hombros, ese, el muerto, como cojones se parece.
‘Pues va a ser que tiene usted razon’, dije.
‘ Claaaro que tengo razón’
Fue así como comenzamos a hablar.
Eran conversaciones intensas y breves las que teníamos.
‘Digan lo que digan ya no saben amar’,decía el.
‘¿Quienes?
‘Los jóvenes, ya no, no se si supieron algún día quizás…- y se encog
ía de hombros largamente- ah, no se, quizás antes las mujeres amaban por todo lo que el amor les daba ahora,que les da? Nada, yo tampoco amaría si fuera una mujer en estos tiempos’
‘Yo no pienso en el amor’
El viejo me miraba guiñando los ojos.
‘No digas mamoneces’
Y me dolía que pensara que decía mamoneces.

Otras veces por ejemplo
‘Destino y ciudad, destino y calles, casas- y extendía la mano para señalar el parque de raquíticos árboles- esto es tu destino así que mas vale que te guste, ¿me oyes?’
‘No lo sé’ respondía yo
‘No sabes ¿que?’
‘Si me gusta esto’
El se enfadaba
‘O amas las cosas o no las amas, no hay termino medio. Tienes que decidir, ni no decides estas muerto, muerto en vida, zombi, peor que un zombi rabanero’
Las palabras de el doble del Boesch no tenían ningún sentido para mi, pero me fascinaban. Me quedaba tan pensativo después de nuestras conversaciones matutinas que empecé a llegar tarde a la oficina por quedarme junto a el y hacerle mas preguntas y recibir cada vez mas extrañas respuestas. Hasta que un día, por fin, me despidieron.
Salí del trabajo con mi finiquito en el bolsillo y me alegre al comprobar que el seguía alli, en el banco, en la misma posición en la que le había dejado esa misma mañana, fumando.
'Soy un mierda, me han despedido'
El me miro sonriente, los ojillos sonrientes, la cara, todo sonriente, se partía.
'Hazte extranjero', me dijo.
Y se tocó la sien con el dedo, un leve toque, después le dio una calada al cigarrillo para arrojarlo junto a mis pies. Contemplé cómo se consumía, la cabeza humeante, rojiza.
Tragué saliva y me agaché para fingir que me ataba el cordón de un zapato, mientras lo hacia fijaba la mirada en la boquilla del cigarro, el sol se había detenido para iluminar el pelo canoso del viejo y el viento levanto un remolino de hojas de periódicos.
‘Yo estudié Derecho Civil ’ empecé a decir muy despacio. ‘Con un profesor de apellido alemán’
El viejo siguió sonriendo placidamente. Moví la punta del zapato y aplasté la colilla. Era uno de esos cigarrillos; los mismos que fumaba el Boesch cuando vivía, aquellos con la cabeza de un león negro dibujada. Os lo juro como os estoy contando esto ahora
Que viniera para tender un puente o regarme o lo que cojones el quisiera hacer conmigo ya no puedo saberlo a estas alturas de mi vida, cuando ya he aceptado mi destino.
Pero quizás era eso.
¿No?



Luxembourg city

Ciudad fantasmagorica donde las haya


5 comentarios:

Antonio Serrano dijo...

Tal vez tu historia haya que verla con los ojos de Borges: un viejo asiduo a un parque sueña ser el profesor de una joven. Ambos, profesor y joven, nacen de ese sueño y son y se comportan como seres soñados. Pellízcate.
Un recién llegado a tu blog, que te invita a visitar el suyo.

Emma dijo...

Muy luminoso tu blog Antonio, lo visitare con mas calma.
Un beso

Almatina dijo...

‘Los jóvenes, ya no, no se si supieron algún día quizás…- y se encogía de hombros largamente- ah, no se, quizás antes las mujeres amaban por todo lo que el amor les daba ahora,que les da? Nada, yo tampoco amaría si fuera una mujer en estos tiempos’

Gran verdad,
la deshumanización los deshumanizará
ninguno de ellos quedará
¿quien los humanizará?
El humanizador que los humanice
buen humanizador será.

Saludos a tu viejo profesor,
donde lo hayas metido
yo también tengo uno,
un poco de sabiduría
metido en un bolsillito
a prueba de una vida "fastfood"
de unos hombres pornochacha's "fastfood"
o de primavera "rollito"
o de un "sólo me miro mi propio ombliguito".
Qué pena,
para vivir una vida
tan amena y tan ramera,
y tanta secuela de zombie suelto.
menos mal que al menos,
hay buenos muertos.
No aceptes destinos
que a lo mejor son
eventuales desatinos
que no te corresponden.
Pon el trastero en orden.
Puestos a ser un mierda,
mejor ser un Sr. Mierda.

ismo dijo...

Joo-der, qué escalofrío!!!

Emma dijo...

Ismo, me alegro que te asuste.

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