Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

viernes, septiembre 05, 2008

Ciudad de Espías


Ella dijo que parecía una ciudad de espías. ‘Por la cantidad de gabardinas que ves deambulando por la calle’.

Para él eso era una estupidez.

Pero qué decir más que sonreír.

El no había visto cine, no había visto películas de Jean Paul Belmondo, no sabía quién era ese tipo. No había leído libros, no sabía siquiera si los leería algún día. Lo que él tenía era una cicatriz en la mejilla, una cicatriz larga que le subía hasta la ceja. También tenía una bala encajada cerca del cóccix, a poca distancia de la columna, una bala que no le había matado ni lo haría ya nunca, pero ahí estaba y eso ella no lo sabía.

Muy poca gente lo sabía.

Salían del teatro, acababa de caer un chaparrón y las luces de las farolas estaban encendidas.

Supuso que era un buen momento para sugerir tomar una copa. Había un bar cubano cerca, podrían tomar unos mojitos.

Ella se empeñó en demostrar que era encantadora. Más encantadora de lo que ya era. Pelo largo y sedoso, suave curva en la garganta, tan suave que daban ganas de acariciarla para comprobar si era piel o terciopelo. Andaba con las manos en los bolsillos y le miraba de vez en cuando, levantaba, entornaba los párpados, para mirarle.

‘Me juego lo que quieras a que sé lo que estas pensando’

El resopló echando hacia atrás el flequillo que le caía incómodo sobre la nariz . Era grande y pesado, con nariz rota de boxeador. Además de su bala secreta llevaba colgando al cuello una cadena de oro con un anillo grueso, un anillo que perteneció a su padre. Tenía la piel muy blanca y ojos de perro triste.

‘No pienso en nada’

Ella desvió la mirada y siguió adelante con una media sonrisa, andaba demasiado rápido como para poder seguirla y no tuvo más remedio que acentuar su cojera. Cuando ella volvió la cabeza y le vio tan rezagado detuvo su marcha al instante y le esperó tarareando.

‘¿Estás bien?’, preguntó cuando llegó a su altura.

Era preciosa.


Entraron en el bar cubano donde la música rebotaba sobre asientos de caoba oscura. Había pocas personas, sólo unas cuantas parejas y un olor a ceniza fría.

Ella enroscó y desenroscó un mechón de pelo entre sus dedos, de vez en cuando sorbía de la pajita. El no tuvo reparos en beber dos mojitos seguidos.

‘La gente de mi país bebe como animales’

Comenzó la ronda de preguntas. Quiso saber : cuándo escapó de la guerra, cómo lo hizo, quiénes le ayudaron a escapar. Alzaba las cejas con asombro, fingía compasión. ¿La fingía? Musitaba de vez en cuando “ Dios mío, es horrible”. Hubo un momento en el que se quedó en silencio, cavilando, los ojos bajos. Después preguntó, suavemente, si le habían herido y el dijo que sí, asintió sin quitarle la mirada de encima, de su cuello largo palpitante al que desearía apretar un poco, lo suficiente como para hacerla gemir.

Pero al final ella tan sólo deseaba que la atención se desviara de nuevo hacia su persona. Tras la ronda de rápidas preguntas comenzaba de nuevo su turno. Le habló de lo que hacía alli y lo que haría sin duda en el futuro. Le contó la historia de un perro suyo muy querido, ya muerto y enterrado en un jardín.Le habló de un padre ausente y de su pasada vida, a su juicio, llena de mentiras. Había ido a la universidad, una de las mejores y hablaba varios idiomas que aprendió viajando sola por el mundo. No le miraba ,fumaba un cigarrillo tras otro, se echaba el pelo hacia atrás e intentó poner un tono cínico cuando llegó el momento de hablar de El, de su ex novio, pintor y fotógrafo, un artista que conoció en Los Ángeles, quien poseía un castillo, un castillo cualquiera de los muchos castillos que había en Francia. Pero el castillo era suyo, explicó como si estuviera todavía sorprendida de aquel hecho, todo entero, un castillo enorme.

A él no le interesaba en absoluto nada de lo que ella pudiera contarle sobre su ex novio.

De hecho no le interesaba nada de lo que ella pudiera contarle sobre nada.

Comenzaba aburrirse y pidió otro mojito. Jugueteó con el paquete de tabaco y al final se decidió a encender un cigarro.

‘ Eres musulmán, ¿no?’ , preguntó ella de repente.

El la miró a los ojos y encendió el cigarro, ladeó la cabeza y expulsó el humo con tranquilidad.

‘ Soy musulmán. Puedo tener hasta cuatro mujeres si quiero’

Ella pareció percibir su hastío pues no hizo nada más que sonreír con cierta confusión.

Cómo explicar a esas mujeres lo que es una guerra, se dijo.

Lo que es una guerra, que caiga una bomba sobre tu casa. Cómo explicarle a esa mujer lo que es que todos, todos de repente estén muertos, que tu abuela esté hecha puré debajo de un montón de cascotes, su mano todavía temblando, como la pata de un insecto que no termina de morir. Tu madre aplastada contra la pared de enfrente, tu hermano con el cráneo reventado, tu padre aún vivo pero sangrando a tu lado, agonizando a poca distancia, como un animal, boqueando para respirar y tú con las piernas rotas y las manos abiertas y la bomba en tu vida para siempre. Cómo hablar de aquello, explicarle a ella o a cualquiera de ellas que esa bomba siempre estará ahí, como la bala en la espalda, que nadie tocará nunca por temor a matarle y que él no puede hablar de eso con nadie y menos con ellas. Y por qué pensar que podría entenderse con aquella ignorante, y para qué si ella nunca sabrá lo que es estar acompañado por una bomba y la visión de la mano de tu abuela ensangrentada,siempre, para siempre, siempre.

Ella había agachado la cabeza y se examinaba las uñas concienzudamente sin decir nada. Parecía haberla asustado. Alzó la mano y pidió la cuenta. Habían bebido cuatro mojitos cada uno, la boca le sabía a hierbabuena y se pasó la lengua por los dientes.


Cuando salieron a la calle hacía frío. Se detuvieron junto a una farola y ella se puso frente a él, alzando la cabeza para estar a su altura, apretando su chaqueta contra el cuerpo .El levantó un dedo y, suavemente, rozó la piel de su garganta.


11 comentarios:

ruidoperro dijo...

Me encantó el final. La mató? Follaron? se despidieron sin más? Brillante.

Por cierto, Gomez es una banda inglesa, y aunque todo lo que han publicado está bien, para conocerles te recomiendo su segundo disco, Liquid Skin.

Paseas ya por la Grand Place? besos.

Emma dijo...

Hola Ruido Perro. Gracias. No se lo que paso despues aunque estoy segura de que nuestro amigo no parecia tener dulces intenciones. Todavia sigo en Luxemburgo, desgraciadamente.
Beso para ti.

el hijo de la fernanda dijo...

Hola, Emma. Por fin, como había prometido, tengo la oportunidad de leer algunos de tus cuentos. Acabo de leer este último, así como "Sappore di mare" y "Camarera de piso". Como no me gusta extenderme mucho con mis comentarios, bastará que te diga que me han gustado, especialmente el de la pobre camarera: el final me parece sencillamente hermoso, rebosante de simplicidad y ridículo. También me ha sorprendido encontrar en ti una concepción del género muy parecida a la mía: el cuento como una serie de fotogramas robados de una película más amplia, nunca contada del todo (en definitiva, el cuento como disección de las palabras y gestos que se cuelan entre dos grandes soledades y silencios, los del principio y los del fina). Te seguiré leyendo. Un abrazo.

Emma dijo...

Hijo de la Fernanda, hace tiempo que no me encuentro con alguien que cumpla sus promesas. Muchas gracias por tu comentario.

The sea, the sky, the dust dijo...

hacia mucho que no veía la palabra cóccix escrita. Ha sido un placer leerte, se nota que desde el país civilizado en el que vives tecleas en el ordenador con harmonía y gracia.


saludos

Lansky dijo...

Lo que más me gusta, Emma, de este cuento es que al principio parece él el ignorante, por no saber de esos tópicos claves de pelis y belmondos, pero al final se ve que la ignorante es ella. En realidad, todos sabemos y todos ignoramos; lo relevante es cómo lo usamos para excluir o para integrar, depende.

Quizá no haya sido esa tu intención, o quizá sí, pero como lo que se escribe es tanto del que lo escribe como, en cierto modo, del que lo lee, pues eso...Me gusta.

Emma dijo...

Querido Lansky : Este cuento es uno de los que menos me gustan ya que no consegui ni de lejos convertirle en ese frio e inteligente seductor que desprecia a la joven bien tratada por la vida. Aun asi tienes razon : lo escrito es tan tuyo como mio. Eso si que me gusta decirlo. Y mis intenciones, por ahora, siguen quedando en segundo plano.

escaditano dijo...

Describes muy bien, lo que es una cita insulsa entre dos personas que no tienen nada en comun.Seguiré leyendote

emma dijo...

Gracias por volver Escaditano.

Almatina dijo...

Los tipos duros tienen su encanto
a veces con terribles claroscuros
que esconden sus aviesas intenciones.

Bonito y corto relato.
Stop.
Muy liada.
Stop.
ya te contaré.
stop.
Besos.
Corto y cierro.
Stop.

emma dijo...

Gracias Almita.

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