Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

domingo, agosto 09, 2009

Los Himba


Mister Maníaco Depresivo salió a la terraza con una copa de Martini con vodka, se sentó debajo de la sombrilla y dejó el vaso sobre la mesa, para colocarse acto y seguido un pitillo entre los labios.
-Ya nadie fuma Ducados- observó ella por octava vez, sentada con las rodillas juntas y apoyando el brazo en la barandilla del balcón.
- Cuando dices nadie, te olvidas de que yo si fumo Ducados.
- Ducados es una marca para obreros.
Mister Maníaco Depresivo asintió lentamente y encendió el cigarro, que desprendió una columna de humo blanca y espesa.
-Cómo te encuentras.- preguntó ella.
Mister Maníaco Depresivo (MMD a partir de ahora) la miró alarmado. Dos frases acudieron a su cabeza. Una de ellas fue “Tengo que distanciarme de la emoción” y la otra “Se acabó, ya no puedo más”.
Pero en vez de ello respondió.
-Esta rutina playera me está haciendo mucho bien.
-Me alegro.
Y, después, poniéndole una mano sobre la rodilla.
- ¿Jugamos al ratón y al gato? ¿Si?
Echó el cuerpo hacia delante diciendo “miau, miau”, y tenía los ojos adormilados, los párpados abultados y la punta de la nariz enrojecida por el sol.
No es que no la quisiera, se dijo MMD. Al contrario, la adoraba. Era su niña, su amorcito, su mamá, su amante. Era la única que le aguantaba, la única que él toleraba a su lado.
Pero sabía por qué ella estaba con él.
En primer lugar, porque era una cobarde.
Y, segundo, para ganarse la admiración y confianza de su hermano mayor, Alejandro, el arquitecto. Estaría loco pero las miradas que se dirigían esos dos durante las reuniones familiares no le habían pasado desapercibidas.
Y, la verdad, para MMD era muy comprensible que aquello hubiera sucedido porque Alejandro era su yo mejorado, un hombre sensible pero fuerte, de ojos almendrados y cabello rizado, que siempre hablaba tras pensar cuidadosamente en lo que iba a decir.
Alejandro era el hombre para Miranda, y no él, que estaba a punto de mandarlo todo a la mierda.
-No, ahora no…- y apartó suavemente su mano, para entornar seguidamente los ojos y fijarlos sobre el azul intenso de la sombrilla.
Ella se pasó la lengua por los labios y puso los pies sobre la silla de enfrente.
-Se me ha ocurrido una idea genial mientras veía la tele- dijo.

MMD pensaba en la última vez que vieron a Alejandro, en el comedor del hotel Palace. Miranda llevaba un vestido escotado, que dejaba al descubierto sus hombros, y Alejandro se había inclinado para besarla en las mejillas porque ella era diminuta y él un gigante. Había observado con atención a Miranda después de aquellos dos besos y- la conocía muy bien- su pecho se agitaba, tenía las mejillas arreboladas y no atinaba a decir nada con sentido.

-Era un documental sobre una tribu africana- continuó Miranda- Los Himba. Los Himba creen que cuando alguien está triste o deprimido sin ninguna razón todo se debe a que un espíritu malvado, procedente de la tribu vecina o del bosque, se ha introducido en su cuerpo. Tenían una palabra para llamar a esto pero no me acuerdo… bueno, entonces, si el poseído por el espíritu de la tristeza no mostraba mejoría en una semana se iniciaban los trámites para el proceso de expulsión, de exorcismo. ¿Y cómo lo hacían? ¡Bailando! Se ponían todos a bailar con el poseído en el medio, tocaban los tambores, encendían las hogueras, bebían alguna bebida alucinógena y bailaban hasta caer en trance, toda la noche, sin descanso y, al día siguiente, el poseído estaba curado.

MMD recordó la pasada noche en vela, dando vueltas en la cama mientras Miranda dormía a su lado. Por su cabeza habían desfilado infinidad de recuerdos de la infancia, tardes de secretos con Alejandro, los dos espiando los cajones del despacho de su padre, cuando descubrieron a su amante, las fotos de ella metidas en un libro.
-Nunca seré infiel a mi mujer- aseguró aquella noche Alejandro, cuando hablaron de aquello de litera a litera.
MMD afirmó que él lo acabaría haciendo, como todos los hombres, porque todos los hombres lo hacen, incluso los que estan enamorados.
Pues bien, ahora, después de tantos años, era su hermano el que le era infiel a él, amando a su mujer. Tenía gracia la cosa.

Volvió a mirarla, y dio un largo trago a su Martini con vodka.
-Perdona mi vida, ¿qué me habías dicho?
-¡No estabas escuchando!
-Algo de entrar en trance te he oído.
Ella echó hacia atrás su melena oscura y fingió estar ofendida. Permaneció unos segundos en silencio, para después volver a explicarle la idea que se le había ocurrido mirando el documental sobre los Himba.
-Una vez probamos con el LSD...- murmuró MMD con el cigarrillo pegado a los labios.
Ella se entusiasmó.
-¡Exacto! Y fue genial, ¿te acuerdas? Dijiste que habías comprendido muchas cosas sobre lo que te pasaba.
-Bueno, la verdad, lo único que recuerdo es que estuve hablando con aquellos pájaros que vinieron al amanecer a la terraza, tuvimos una conversación muy interesente…nunca creí que…
-No me refería a eso…
-Bueno, ¿Y qué propones que hagamos? ¿Que tomemos LSD y nos vayamos a bailar? ¿Crees que así se me ira la bipolaridad?
-Por qué no… si a los Himba les funciona por qué no nos va a funcionar a nosotros, al fin y al cabo somos los mismos seres humanos sólo que en contextos socio culturales diferentes.
- Y tan diferentes…
Ella se mordió el labio inferior.
-Tienen un modo de vida que no ha mutado en miles de años, a pesar de la globalización ellos siguen fieles a sus costumbres. Ellas son bellísimas y no tienen celulitis y en el documental decían que eran muy respetadas por los hombres, lo que sin duda era el secreto de su felicidad, pues a pesar de que los hombres tienen varias esposas existen estrictas reglas que ningún varón puede saltarse…
-¿Como cuales?
-Como, por ejemplo, si un hombre duerme más de dos días con la misma esposa, enseguida se reúnen los sabios de la tribu y acuerdan qué hacer ante esa situación… parece una intromisión en la vida personal de la pareja pero los sabios saben que si no arreglan los conflictos sentimentales con medidas racionales todo se va al garete.
MMD lo vio claro, ella estaba tratando de explicárselo de esa manera: “Puedes compartirme con Alejandro y eso no significa que vaya a descuidarte y así seremos felices y civilizados, como los Himba”.
Permanecieron en silencio unos minutos. Miranda reflexionaba abrazándose las rodillas. MMD la contempló con preocupación, ¿Qué hacia ella ahora, tan lejos de el? ¿Estaría pensando en Alejandro?
-Mi vida… vámonos a bailar, o a donde tu quieras.
Miranda le miró sin sonreír, sus dos ojos verdes relampaguearon bajo el flequillo, frunció los labios y alargó el brazo para hacerse con uno de sus cigarrillos.
-Voy a ver a qué sabe esto...- se quitó algo de la lengua y encendió el cigarro con un gesto titubeante- ¡Por dios, esto es un asco!
MMD se encogió de hombros, estaba recordando aquel día en el que hicieron el amor toda la tarde, cuando se conocieron,
-Me gustó más aquella idea tuya de crear Maniacos Depresivos Anónimos…era muy divertida.
-¿Qué dices?
-Sí, al principio, cuando todavía estábamos enamorados… se te ocurrió que podíamos fundar la asociación de Maniacos Depresivos Anónimos… nos reímos mucho.
Esperó a ver la reacción de ella a sus palabras, pero no hizo nada más que apagar el cigarrillo, aplastándolo enérgicamente contra el cenicero.
-Cuando te conocí era una ingenua y decía muchas tonterías.
MMD cerró los ojos y se meció levemente en la silla.
Quizás no era culpa de ella ser tan cobarde, en toda su vida de niña bien no había hecho otra cosa que contemplar, como en un desfile de moda, a mujeres preñadas, recién casadas desgraciadas, divorciadas, adulteras, histéricas, cargadas de amantes. No importaba lo que Miranda hubiera estudiado o viajado, no importaba cuántos documentales de antropología se hubiera tragado. Ella no tenía donde esconderse, no tenía adónde ir, no podía escapar a su destino y él, a él también le sucedía lo mismo. Tarde o temprano se suicidaría pero quizás, quién sabe, con ella a su lado, quizás todavía pudiera vivir algunos más años.
Y una cosa estaba clara, no podrían ser como los Himba. Nunca podrían. ¿Por qué? Qué sabia el por qué… todo era demasiado complicado.
- Mi vida…
- ¿Qué?- ella le miró, poniéndose a la defensiva.
- No tienes ganas de… no sé… ganas de...
-¿Ganas de qué? ¡Habla!
MMD miró su copa de Martini con vodka ¿Era cruel decirlo?
-¡Ganas de qué!
-De jugar un ratito al ratón y al gato, si quieres…

4 comentarios:

Lansky dijo...

¡Por fin! Bienvenida de nuevo. Muy triste y bonito, aunque yo no creo que existan versiones mejoradas ni empeoradas de nosotros, salvo nosotros mismos.

Lansky dijo...

Se me olvidaba ¿Sabes como llaman los chinos al matrimonio? "La fortaleza asediada", porque los que están fuera quieren entrar y los que están dentro, salir.(Hay una novela de Qian Zhongshu con ese nombre)

emma dijo...

Gracias Lansky. Yo tambien estoy en contra del matrimonio. Bueno, en contra no, es muy interesante. Pero si puedo evitarlo permanecere fuera.

Sierra dijo...

No están nada mal estos cuentos. Me gustaron.

Solo que ya no me gustan mucho los cuentos en general.

Saludos.

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