Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

sábado, septiembre 12, 2009

Anecdotario cotidiano


3. No me dejes.



Ayer Viernes y, dejando el verano atrás, pasaron varias cosas interesantes.

Esperando al autobús, de vuelta del trabajo, vi a una pareja sentada en un banco. Él fumaba mirando al frente con gesto torvo. Ella estaba enroscada junto a su cuello, le acariciaba la oreja con la lengua, se frotaba contra él como una gatita enamorada. Les miré sólo porque ella era muy guapa bajo el pañuelo negro que le tapaba el pelo. Incluso debajo del estricto pañuelo se podía apreciar que era muy bella.

Me sorprendí pensando en ella como una mujer libre, sí, libre. Libre porque aunque el novio era un cretino- eso se podía apreciar a simple vista- ella le amaba.
Imaginé que su amor tenía que ser por fuerza más intenso que el de las mujeres “libres” que, como yo, pueden coquetear con cualquiera sin ningún cargo de conciencia.
Una joven tan hermosa, atrapada entre esos ropajes holgados, lo único que tenía para escapar de su prisión era a su amor. En ello pondría todos sus sentidos, no habría otra ambición más que ser amada y amar, y todo ello lo viviría con una intensidad que yo no sentiría nunca.

Pensando en lo poco que vale el amor cuando una es libre me bajé en la parada equivocada. No estaba lejos de casa así que decidí probar un cambio de itinerario, metiéndome por una de las calles que nunca hasta ahora había recorrido.
Las casas eran más bonitas por allí, volutas esculpidas en las paredes, portales de cristales esmerilados, ventanas desbordantes de flores.
Vi una placa dorada junto a una puerta de madera oscura, cuando ya estaba a punto de llegar al final de la avenida.
“En este casa nació el cantante Jacques Brel, hijo predilecto de Bruselas” no recuerdo que fecha mencionaban.
Pero he aquí el misterio.
Yo no tenia ni idea de que Jacques Brel había nacido en una casa que estaba a pocos metros de mi casa. Yo no sabia eso pero, dada mi manía de dar una capa de brillo extra a los acontecimientos de mi vida, le había contado mismamente aquello a alguien por teléfono, lo inventé para hacer que mi nuevo barrio fuera más atractivo ante mis ojos, no ante los del interlocutor, que ni siquiera sabía quien era Jacques Brel.
“Y al lado de mi casa está la casa donde nació Jacques Brel” solté.
Pero tal cosa no era cierta.
Hasta ayer Viernes por la tarde, que descubrí que sí que lo era.
Ahora sólo tengo que contarle a alguien que me he encontrado con él en la esquina, con el mismo Jacques, ojeras, cigarrillo en los labios, boca dentuda.
¡Le haré resucitar!

Llegué al portal de casa con sensación de extraviada, buscando las llaves en mi bolso, abrí el buzón y me encontré con un buen puñado de cartas, cartas del banco, publicidad, seguros médicos.
Las miré sin siquiera tocarlas y me dije que eso es lo que haría, las dejaría allí, como si no significaran nada.
Me dije que podría dejarlas ahí para siempre.
Nuevas cartas, preguntándome, muy educadamente, que por qué tardaba tanto en darles una respuesta se añadirían a las primeras.

Las ignoraría hasta que perdieran sus fórmulas de cortesía, hasta que ya no incluyeran el encabezado de “Estimada Sra.” o se despidieran con un “Atentamente”.

Atentamente una mierda, atentamente paga lo que nos debes de tu tarjeta de crédito, atentamente confírmenos sus nuevos datos, atentamente note que ha de pagar los intereses de su cuenta, ¡atentamente responda de una maldita vez!

Las ignoraré, me dije, las ignoraré hasta que ya no puedan más y se escapen por la ranura del buzón.

Entonces comprendí que aquel era el más inteligente primer paso que puede darse, en una ciudad extranjera, para desaparecer.






6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta tu blog. Eres una buena contadora de historias.Un beso ,artista.

Emma dijo...

Gracias anonimo, quienquiera que seas.

fernando megias dijo...

Pienso que amar a un cretino-a es en realidad amar la idealización del amor. En mi concepción de la vida, el autentico amor solo se puede dar en libertad, lo demás son otras cosas. Me gusta como narras tus historias.

Emma dijo...

El autentico amor es algo que no sé si existira, supongo que solo podria definirse o entenderse cuando el otro/otra desapareciese para siempre. Solo la muerte pone medida al amor y aun asi, tampoco creo que entonces esa medida sea real.
Gracias Fernando.

Lansky dijo...

El amor perfecto que buscaban los juglares y siglos después los románticos es el amor al amor.

El amor a una persona concreta es necesaria y jubilosamente imperfecto, e implica estar abnubilado por un/a idiota

Emma dijo...

Voilà.

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