Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

viernes, octubre 30, 2009

Elena de Arena




Arantxa se ríe de mí. Arantxa y mamá se ríen de mí. Arantxa es mi hermana mayor, tiene quince años. Es rubia, con el pelo fino ahora recogido en alto, tiene el cuello largo, nunca me había fijado en el cuello de mi hermana, yo no tengo el cuello así, me lo miro en el espejo de la habitación del hotel, me pongo de perfil y levanto la cabeza, pero no es más largo que el de mi madre, es un cuello corto como el de ella, como mis labios, que son finos. Pero Arantxa, que tiene los labios gorditos, se los pinta para ir a la playa y le quedan muy bien, le hacen juego con el bikini rojo y unos pendientes de manzanitas, también rojos. Mamá le da un beso y lo hace porque sabe que estoy enfadada con ellas, me levanto para poner la toalla más lejos de sus toallas, quiero que sepan que las desprecio. Sí, las desprecio.

Me tumbo al sol boca abajo, tengo mi libro y el lápiz entre las hojas llenas de arena, se me van a quemar los hombros, mi madre me grita que me eche crema pero por supuesto no voy a hacerlo, no voy a mirarlas siquiera.

Pongo la cabeza sobre el libro y siento las lágrimas rodando por mis mejillas, ardiendo, me entran en los oídos y queman mucho más cuando están ahí dentro pero me concentro para no moverme, que no vean que estoy llorando, que piensen que no me importan nada porque en realidad no me importan nada, es cierto.

Ahora que he cerrado los ojos y tan sólo siento el calor en mi espalda y oigo el rumor de las olas un poco más allá de mis pies, me imagino que el mar está creciendo, esponjándose como un bizcocho en el horno. Ha empezado a crecer desde hace algún tiempo pero sólo hoy se desbordará y nos engullirá a todos, levantándonos de la arena de la playa como si fuéramos barquitos de papel. Me concentro en ese pensamiento y el fragor de las olas rompiendo no muy lejos de mis tobillos se hace cada vez más fuerte, estoy contenta de que se nos lleve el mar y sonrío, ignorando a mi hermana Arantxa quien me llama ahora con su voz de entrometida, que me deje, que yo estoy dormida, pensando en mis cosas y por mi como si no existiera.

Oigo las voces de la gente que me rodea multiplicadas por mil, es como si se hubiera formado un círculo de hombres, mujeres y niños en torno a mí. Si levantara la cabeza vería a todos ellos rodeándome, mirándome con lástima porque debajo de mi cuerpo se ha formado un agujero que me engulle, porque la arena que me sostiene me está tragando y desciendo lentamente a las profundidades, sin que nadie quiera ni pueda salvarme.

Pero a ellos se los llevará en breve ese rugido del mar que cada vez se hace más ensordecedor, se los llevará a todos, hombres, mujeres y niños que me contemplan; se iran entre remolinos de espuma, no encontrando a nada ni a nadie a lo que sujetarse.

Todos desaparecemos, nadie tendrá compasión de nosotros, nadie nos recordará nunca. Quizás, algún día algún paleontólogo encuentre nuestros huesos, como esas espirales de caracola que aparecen estampadas en las rocas del desierto. Alguien verá los pendientes de manzanitas rojas de Arantxa incrustados en la arena, las manzanitas de plástico de Arantxa y el collar de cuentas naranjas que lleva mamá hoy al cuello, uno de bolas muy grandes naranjas impregnado de olor a bronceador de coco. Esas serán las únicas pistas que los hombres del futuro tendrán sobre nuestra existencia.

Puede incluso que alguno de los paleontólogos piense en nosotras, en cómo éramos. Pensaran en la persona que llevaba esos pendientes de manzanitas, o en mamá al oler las bolas del collar naranja. Pero no sabrán nada de mí porque yo no tengo nada que dejar aquí para los arqueólogos, a mí se me ha tragado la arena de la playa. Llevo enterrada durante miles de años y mis huesos han desparecido, como cuando el viento sopla sobre las dunas y las hace desintegrarse; así, mis huesos convertidos en polvo han desaparecido de la faz de la tierra.

Pasa mucho tiempo y sigo en el mismo sitio, gotas de sudor me resbalan sobre los hombros, escucho el zumbido de mi corazón en los oídos, las olas rompiendo allá abajo ¿Y si ya estoy muerta? ¿Y si ya estoy muerta?

- ¡Elena!

La mano de Arantxa me zarandea, sus labios me hacen cosquillas en la oreja, me susurra con voz muy ronca, tan ronca que pienso que no es ella.

- ¡Elena! ¡ Está aquí! ¡Ha venido!

La sima en la que me hundo me levanta, el mar se aleja y sale el sol, levanto la cabeza y veo a Arantxa volviendo a su toalla, mamá se echa crema debajo de la sombrilla, mira a mi hermana y le pregunta, levantando la barbilla, pero Arantxa no dice nada, bien por ella.

Me incorporo y abro el libro, creo que tengo bien el pelo, respiro hondo porque no quiero mirarle, no quiero mirar a nadie.

Arantxa ríe, el sol sigue abrasándome, pasan los minutos y no me atrevo a levantar la mirada del libro. En realidad, pienso, hubiera sido mejor que nos hubiera arrastrado el mar ¿Qué hago yo ahora? ¿Qué hago yo con el libro, los hombros quemados y él ahí delante, a pocos metros de mi madre y de mi hermana?

Por fin me atrevo a lanzar una ojeada distraída, veo sus ojos verdes; se está bebiendo un refresco.

El estómago se me encoje con tan sólo mirarle.

Si pudiera quedarme aquí para siempre, invisible, como un animal que se esconde. Si no tuviera que levantarme a por la merienda, si no tuviera que crecer, si no acabara el verano, si pudiera quedarme aquí siempre, hasta que suba la marea y se me lleve, si pudiera no tener que saludar, o sacudirme la arena, o disimular que estoy nerviosa, ¿por qué seguir, dios mío, por qué? ¿No es todo completamente absurdo?

8 comentarios:

José Montalvá dijo...

es tan absurdo seguir como no seguir; por tanto, siga escribiendo de esa manera, yo se lo agradezco

Emma dijo...

Muchas gracias. Se agradece.

Lansky dijo...

Exacto. Un error de imadurez es buscarle la lógica a la vida. La vida no es absurda, lo que es absurdo es preguntarse si la vida es absurda. Igual no me explico.

En otro orden de cosas...entonces va a ser verdad el planetamiento 'froidiano' de que la principal rival de las mujeres son sus madres (y hermanas)

Emma dijo...

Y el principal rival del hombre tambien Lansky, sus madres y hermanas.

José Montalvá dijo...

y el principal rival de las madres y las hermanas, las demás madres y las demás hermanas...

Emma dijo...

Es una cadena maldita...

Anónimo dijo...

Toda una pleamar de tensión sexual en esta sorprendente historia boca abajo.

Anónimo dijo...

Y la peor de las madres, la madre superiora. en serio, yo nunca hablo en broma. un saludo, Frida Sinká.

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