Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

miércoles, enero 20, 2010

La dulce espera


Entrega IV

( Nuestra protagonista se dirige hacia un cinismo desolador)




Hubo años jóvenes de excursiones a la Casa de Campo, de paseos por el Madrid de los Austrias, de vacaciones en la costa de Alicante, Paco y yo, él conduciendo el 127, yo con gafas de sol y pañuelo en la cabeza, fotos así lo atestiguan, lecturas prohibidas, muchos besos y, lo que creía yo, que era mucho sexo. También felicidad de la que no se finge y después, cuando entré a trabajar en el laboratorio, mucho presumir de matrimonio y de anillo de casada, y de amor y de besos en el cuello, y de mi Paco que me adoraba. El momento a partir del cual la felicidad tuvo que fingirse llegó sin que me diera cuenta , pero desgraciadamente aquello sucedió, como cuando Paco comenzó a soltar aquellos reproches espantosos que mejor no recordar, o todas esas noches sin dormir que pasé, que al final tuve que tomar las pastillas o, cuando intenté tirarme por la ventana de casa, pero mama se dio cuenta de todo, y dejé de tomar esas pastillas y bueno, al fin y al cabo, seguía teniendo mi trabajo y este SEAT panda que me lleva y me trae, pero todo se jodió cuando me despidieron, sin avisar, los malnacidos me despidieron, y puede que sea muy lista como siempre dice mamá pero eso no me sirve de consuelo… mamá… es tan buena, como puedo siquiera pensar que me molesta. Tan graciosa, siempre risueña, no sé qué será de mí cuando me falte…

Ay, me he emocionado un poco, menuda ayudante de detective estoy hecha. El caso es que aquí estoy, apostada frente a la puerta del chalet adosado de la ejecutiva del embarazo misterioso. Ahora me miro en el espejo retrovisor y me limpio el rímmel, que se me ha corrido un poco, y miro las notas que el jefe de los detectives me ha dado, escritas a mano, jesús, y yo que creía que ya nadie escribía a mano en estos tiempos, menuda letruja, no entiendo nada. Aunque me dice básicamente lo que ya me ha repetido por teléfono, que tengo que seguirla hasta el polideportivo, que todos los Viernes por la tarde va a la piscina y que tengo que apañármelas para nadar cerca de ella y mirarle bien la tripita, y entablar conversación, y conseguir que tal conversación me lleve al tema de la maternidad como quien no quiere la cosa.
Y no puedo dejar de pensar que el jefe de los detectives es el peor detective que he conocido en mi vida (el único real entre todos los detectives que he conocido en mi vida)
La veo salir, peinada con una coleta de caballo, y la bolsa de deporte, va, saltarina, hacia el coche, ¡pero si es casi una niña! No le hace justicia la fotografía que me ha dado el jefe de los detectives. Bueno, vamos allá, ay, dios mío, menos mal que no le he dicho de qué iba todo esto a mamá. No tengo perdón del cielo, ¡qué bajo he caído! La vida es perra, es triste, pero también pienso que nadie se preocupó por mí cuando me despidieron, ¿por qué debería yo entonces evitar romper los corazones de la gente?… además, ella es joven, puede encontrar otra cosa, pero yo… bueno, ahora se me cala el coche, qué rápido conduce la niña, aunque con ese cochazo ya podrá, así cualquiera, en realidad es muy bajita, apenas la veo sentada al volante, solo su coletita brincando delante del espejo retrovisor.

Ya hemos llegado, iré directamente a los vestuarios como me ha recomendado el Jefe de los detectives, tengo un carnet falso, eso es lo más divertido de todo. En vez de un pasaporte falso como tienen todos los espías que se precien yo tengo un carnet de piscina falso. Me río por no llorar. Bueno, ni la recepcionista me mira, nadie me dice nada, menudo control tienen aquí. Ella se mete por las taquillas, se está desnudando sin ninguna vergüenza en el pasillo, perfecto, es lo que necesito, ahora veré si tiene tripita. No va a ser necesario ni siquiera hacerle las preguntas falsas, tan sólo tengo que utilizar mis dotes de observación, ahora me agacho y finjo que me desabrocho las botas, me siento aquí y ella no me ve pero yo puedo verla a ella… sí, sí que está embarazada, menos mal, tiene las piernas fuertes y esbeltas de corredora, y el pecho pequeño, no tiene un gramo de grasa, eso hay que reconocerlo, pero la tripa está tensa como la piel de un tambor y, aunque podría no estarlo, me atrevería a jurar que sí, que eso es un incipiente embarazo.
Pero, espera, un momento, ahora que la veo con el bañador las cosas cambian… no sé si será por la tela tan ajustada, pero ya no se le nota nada.
Me voy a tener que meter en el agua y hablar con ella. Pero no quiero hablar de las tonterías que ha escrito el jefe de los detectives, eso son gilipolleces, las mujeres no hablamos de esas cosas con desconocidas. Tengo que pensar, tengo que pensar algo rápido. Piensa Carmela, piensa, tú solías ser una chica muy ocurrente, una de las más ocurrentes que has conocido nunca. Me han empezado a picar los brazos, quizás a causa de la humedad de los vestuarios, espero no pillar ningún hongo aquí…oh, qué idea brillante acabo de tener, cayéndome en los brazos desde el cielo. A veces me sorprendo de mí misma.
Me pongo el bañador con parsimonia y salgo al recinto de la piscina remetiéndome el pelo bajo el gorro de goma. Hago una rápida inspección ocular del recinto y me felicito por la poca gente que chapuza en el agua a esas horas de la tarde de un viernes. También me doy cuenta de que la mayoría de las personas que nadan son mujeres, mujeres de mediana edad, excepto la joven ejecutiva a la que distingo en la primera calle, nadando con un estilo impecable y tocada con un gorro rojo. Miro a mi alrededor buscando al socorrista, lo localizo sin dificultad alguna, ¿alguien tuvo alguna vez problemas para saber quien era el socorrista de una piscina? Es un joven alto, pelirrojo, que lee una revista sentado en una silla al borde del agua. Su juventud puede ser un problema, pero me dirijo hacia el sonriéndole bondadosamente, como una madre a un hijo.
-Hola, mira, es la primera vez que vengo a nadar y aprovecho para comentarte, a ti o a quien corresponda, que mi nieto ha estado la semana pasada con rubéola y yo le he estado cuidando, por lo que estaría bien -aunque yo me encuentro perfectamente- que preguntaras aquí y ahora a las mujeres que nadan si alguna puede estar embarazada porque el periodo de incubación es de unos seis días y me da miedo contagiar a alguien sin saberlo.
El joven socorrista, tal y como me imaginaba, me mira como si le acabara de contar que he visto a un pitufo bailando sobre el lavabo de los vestuarios y, precipitadamente, se levanta para buscar a la asistente técnico sanitario del polideportivo.
Yo espero, fingiendo calma.
Vuelvo a explicar la situación a la enfermera, que ha venido a mi encuentro encantada de por fin tener un caso grave entre tanto aburrimiento de tirones musculares, y que enseguida se ha dado cuenta de la seriedad del asunto y ha decidido que, teniendo en cuenta que somos cuatro gatos en el agua, les reunirá a todos a golpe de megáfono y les explicará debidamente el asunto.
Yo me ofrezco a acompañarla y las dos nos acercamos a la zona de los trampolines. La enfermera- quien parece haber trabajado anteriormente en zonas de guerra - va armada con uno de esos altavoces con los que a veces he visto hablar a la policía para dirigirse a las masas.
- Atención, se ruega a todas las mujeres que se encuentran en la piscina que se acerquen a la zona de trampolines inmediatamente. Se trata de un asunto de gran importancia para la salud. Repito: de gran importancia.
La joven ejecutiva con su gorro de goma rojo es la primera en llegar, liderando a otras cinco nadadoras, quienes apoyan los brazos en el borde de la piscina, enjugándose la cara y mirándonos con curiosidad.
- Esta señora- comienza a decir la enfermera con los brazos en jarras- ha tenido la gentileza de explicarnos que la semana pasada estuvo cuidando a un nieto enfermo de rubéola.
La enfermera se detiene para escudriñar la expresión de las nadadoras y, como vio que ninguna reaccionaba, continuo su explicación, encantada de poder dar malas noticias.
- la rubéola se incuba en unos seis días y suele ser muy contagiosa. No es grave y es muy improbable que os contagiéis aquí en el agua, pero sí que es grave si una mujer se contagia estando embarazada porque el feto puede morir en poco tiempo. Por eso, si alguna de vosotras cree que puede estar embarazada o lo está, le recomiendo que salga de la piscina mientras esta señora esté dentro para evitar cualquier riesgo.
Las nadadoras me miran desconcertadas y una de ellas, indignada, murmura que por qué no soy yo la que me voy de la piscina. La oigo pero no me inmuto, mis ojos están clavados en el rostro de la brillante nadadora, quien sonríe a la enfermera dando las gracias por la información, y se recoloca el gorro para salir de nuevo disparada con su impecable estilo hasta el final de la calle. Espero, respondiendo vagamente a algunas preguntas que me hace la enfermera de guerra, y aguanto los reproches de las otras mujeres, pero ella no sale de la piscina, ni siquiera parece preocupada, continúa con sus largos, viene de nuevo hacia aquí, nadando esta vez de espaldas.

Me equivoqué. Está sentenciada.

10 comentarios:

Jesús Garrido dijo...

Curioso relato, me sube la líbido con esas expresiones tales como nadadoras, mujeres en la piscina, vestuario, todo con una connotación muy sonsolilla.

Emma dijo...

Gracias Jesus, pero tienes que leer la entrega uno- la dos te la puedes saltar-y la entrega tres para seguirle la corriente.

Lena dijo...

jajaja!

Adoro la voz de este personaje...su caos interior, sus ocurrencias:

Piensa Carmela, piensa, tú solías ser una chica muy ocurrente, una de las más ocurrentes que has conocido nunca.

miro las notas que el jefe de los detectives me ha dado, escritas a mano, jesús, y yo que creía que ya nadie escribía a mano en estos tiempos, menuda letruja, no entiendo nada.

jajaja

La escucho!

Un beso, Emma y gracias!

Lansky dijo...

Pero la detective esa de pacotilla (pacotilla, curiosa palabra, que diría alguien) ¿cómo es que no lleva una rana? (para saber si está preñada, digo)

Dante B dijo...

curioso como soy, pasaba a ver quien era la Emma que se divertía cada día más con la vida. No abundan. Me encuentro una novela que ahora no puedo leer. Volveré. Gracias.

Emma dijo...

Gracias Lena por tu entusiasmo!!!

Lansky, nunca supe como se hacía la prueba de la rana, lo vi en una pelicula de Summers, y es eso posible?

Dante, los buenos curiosos tampoco abundan.

Pronto seguiré con nuevas aventuras!

Miguel Ángel Maya dijo...

...Emma, me gusta todo esto, todas estas palabras, lo que pasa, en fin, no sé...
...Quería decírtelo, que no sólo de espías vive el hombre: de vez en cuando hay que presentarse, decir dos o tres cosas, quitarse el sombrero, ya sabes...
...Un abrazo del trompetista invisible...

Emma dijo...

Muchisimas gracias trompetista. Pudiera ser que, en realidad, fueramos todos espías. Y, aun asi, no supieramos nada de los otros.

Lansky dijo...

A la piscina se lleva una rana, es lo lógico.

En cuanto a la prueba de la rana, -qué antiguo soy!- medía los niveles hormonales, esto es, los cambios en las proporciones de oxitocina y otras que se producen en el eembarazo. No había rana, pero el público sipu que se elaboraban a partir de ranas.

Emma dijo...

Yo también soy antigua Lansky, hoy más que ayer.

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