Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

domingo, enero 17, 2010

Me puedo arrepentir

Entrega III

(me estoy empezando a divertir)


Hoy, el día de mi cita con la agencia de detectives, me he levantado sin mucha ilusión. La casa resplandecía con el sol de la mañana, mis geranios rojos, rosas y blancos bullían en el balcón, zarandeados por el viento. Mi madre tomaba un café en la cocina, con su bata azul celeste envolviendo su diminuto cuerpo. He contemplado las fotos de mi niñez sobre la televisión, hasta he pasado la mano por la alfombra que hay debajo del sofá, una alfombra que hicimos mi madre y yo cuando me casé, roja y dorada, con dibujos cálidos y cósmicos.
Me he dado cuenta, después de tantos meses de paro forzoso, de lo agradable que es vivir encerrada en mi casa y ahora, ahora que tengo que salir para hacer una entrevista de trabajo (la única entrevista de trabajo en más de un año y medio) me da tanta pereza que me he preguntado si no sería mejor quedarse en casa y desistir de esta locura de los detectives.
Mamá se ha apoyado en el quicio de la puerta de la cocina y me ha mirado subiendo y bajando la temblorosa barbilla, sabiendo perfectamente lo que estaba pensando.
-No puedes saber de qué se trata hasta que no hables con ellos. Después decidirás. La libertad humana, la única libertad que poseemos, se llama “libertad de decisión”, si no haces uso de tu libertad de decisión es como si estuvieras muerta en vida, como si no…
- ¡Para mamá! Ya lo he comprendido.
Y he abierto la puerta para salir lo más rápido posible. Mamá es un pozo sin fondo de sabiduría pero a veces no soporto tanto adiestramiento maternal. Yo soy un ser imperfecto, lleno de dudas, que envejece mal, asaltada por fantasmas que me hacen desear algunas veces que Paco vuelva, o mandar a mi madre a una residencia. Los sermones no me hacen ningún bien, al contrario, me vuelven más distante con la vida, más concentrada en esto que me pasa, que me imagino se reduce a que no me acostumbro a tener que seguir luchando, sé que todavía soy joven, tengo cincuenta años, no debería acabarse todo aquí, pero joer, cómo cuesta seguir…
He llegado a la calle Sausau a las diez menos cuarto de la mañana y he tocado el telefonillo del portal. Había una plaquita con el nombre de la agencia de detectives.
“Detectives Lamar. Discreción, seriedad y eficacia”.
-Soy Carmen Dimas, tenía una entrevista con ustedes a las diez.
Han abierto la puerta al momento sin rechistar. El portal olía a humedad y el ascensor se ha quejado al abrirse como el sarcófago de una momia.

Pero ya estoy aquí, delante de un hombre más joven que yo quien, por su abultado estómago y ojeras, podría pasar perfectamente por alguien de mi edad. En cuanto me ha ofrecido asiento y se ha encendido un purito me he dado cuenta del error que había cometido al aceptar aquella entrevista amañada por mi madre. Un tipo con un purito a esas horas de la mañana no puede ser una compañía muy recomendable. Por otro lado, tampoco puede ser muy eficaz alguien que, como única decoración de las paredes de su despacho, tiene un calendario del año 1984.
El jefe único de la agencia de detectives Lamar ha comenzado a hablar con una voz monótona como la lluvia, y gris como los charcos que se forman en el patio interior de mi casa, entre calcetines desparejados y pinzas rotas de la ropa.
-¿Tiene usted hijas o hijos?
- No hijas y no hijos.
- ¿hermanos ?
- Tampoco
- Vaya, es usted mejor de lo que habíamos esperado…
Cuando ha dicho “habíamos” he mirado disimuladamente por encima de mi hombro con cierto temor. No parecía que hubiera nada más allí que una mesa muy desordenada, un flexo de aluminio gris, una máquina de escribir Olivetti y él, sentado en un sillón de color gris ratón.
He preferido no preguntarle el por qué de aquella aseveración.
-¿Podría explicarme brevemente por qué está interesada en colaborar con detectives? Su oferta no es nada usual, normalmente nos las vemos y nos las deseamos para encontrar colaboradores legos en la materia.- continuó, mirándome a los ojos fugazmente por primera vez desde que me senté frente a él.
- Ejem… no es una colaboración gratuita…- he puntualizado yo, pensando que más me valía dejar clara mi intención desde el principio- pero como tengo una edad muy difícil y llevo en el paro demasiado tiempo pensé que podría colaborar con cualquier policía o detective, ya que dispongo de mucho tiempo libre y siempre fui aficionada a las novelas de Ágata Christie…
El jefe de los detectives, tal y como sospechaba, carecía completamente de sentido del humor, pues ni siquiera ha emitido una ligera sonrisa al oír aquello, limitándose a arrojar la ceniza de su purito sobre la alfombra, mirándome con sus ojos de besugo recocido.
- Mire usted…
- Llámeme Carmen, Carmen Dimas, por favor- le interrumpí.
- Mire usted, Carmen Dimas. Nosotros comprendemos su situación pero no podremos pagarle más de nueve o diez euros la hora…
Hice un cálculo mental. Me pareció bastante bien. Asentí sin decir nada.
-Además, se trata de un asunto delicado que nosotros no sabemos muy bien cómo abordar. Pensamos que una mujer de su edad y condición no puede levantar muchas sospechas pero, claro está, eso es algo que no hemos comprobado empíricamente…
Su manía de hablar con la primera persona del plural me estaba poniendo cada vez más nerviosa.
-Dígame de qué se trata.- dije, intentando parecer profesional.
El jefe de los detectives revolvió entre los sobres y papeles que se acumulaban sobre la mesa y extrajo de entre el caos una carpeta color garbanzo que estuvo mirando con sus ojos abultados sin decir nada por espacio de unos minutos.
-El cliente es un empresario de prestigio- comenzó a decir, manteniendo los ojos vidriosos fijos en la carpeta- pero los negocios no le van nada bien. Este año ha habido más pérdidas que ganancias y las deudas se acumulan. Necesita hacer una drástica y urgente reducción de personal dentro del equipo directivo, precisamente allí donde los salarios son más altos. Le ha echado el ojo a una ejecutiva que comenzó en la empresa con diecinueve años. Es una mujer brillante, que ha hecho mucho por la expansión del negocio. El la aprecia, no crea usted que no, aunque es necesario despedirla para que le salgan las cuentas. El problema es que cree que ella está embarazada y claro, eso cambiaría mucho las cosas porque ya sabe usted cómo las leyes de este país protegen a las mujeres embarazadas. Además, el prestigio de su empresa podría quedar en entredicho, ya que presume de tener una política a favor de la conciliación de la maternidad con el trabajo. Ella está en ese período en el que una mujer puede estar embarazada o no estarlo; es muy delgada y sigue actuando tal y como lo hacía antes, no ha cambiado sus hábitos. Mi cliente, como comprenderá, no quiere correr riesgos innecesarios y necesita estar completamente seguro. Y ahí es donde entramos nosotros : La agencia de detectives Lamar.
Yo le escucho boquiabierta. El jefe de los detectives comienza a revolverse, incómodo, en su asiento.
-El caso es que tenemos muy poco tiempo ¿Cómo tener la certeza de que ella está embarazada? Tendríamos que interrogar a sus familiares más cercanos, a su pareja, tendríamos que hablar con su madre, o su asistenta. Pero nosotros despertaríamos recelos sin fin, no tendríamos ninguna posibilidad… y ahí es donde entra usted…
- Ya entiendo- respondo estupefacta- pero ¿cómo puedo averiguar yo si ella está embarazada? ¡A mi tampoco me conoce de nada!
- Podríamos estudiar varias maneras de acercamiento, siempre y cuando usted estuviera interesada en colaborar con nosotros. Mi cliente sólo puede darnos dos semanas más para esta cuestión, se nos echa el tiempo encima…
Si hubiera sabido que la última idea de mamá iba a acabar así jamás hubiera puesto aquel anuncio en Internet. Pero ya es demasiado tarde. Tengo que tomar una decisión. Y menuda decisión. Traicionar a mi sexo por un puñado de euros que me ayudaran a pagar las derramas de la comunidad y la calefacción este invierno.

Le dije al jefe de los detectives que lo pensaría, me levanté y le estreché una mano escurridiza como el tentáculo de un calamar, prometiéndole que le daría una respuesta aquella misma tarde. Menudo papelón.

5 comentarios:

Lena dijo...

(yo también me estoy diviritiendo...jajaja...imaginando los métodos de investigación...genial, Enma...aguardo en esta esquina, esperando más!)

besos

Emma dijo...

Me divierte que te divierta. Gracias Lena :)

Lansky dijo...

Uff...esto promete

Miguel Ángel Maya dijo...

...yo aplaudo, releo, miro, me escondo, espero, espero, espero...

emma dijo...

El que espera nunca desespera.

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