
Los mendigos de la plaza no parecían estar, la mayoría del tiempo, pensando o haciendo nada hasta que, sin previo aviso, sacudían sus colillas afectadamente, se levantaban del banco en el que estaban sentados de un salto y, apretando una mano contra el pecho, comenzaban a cantar a pleno pulmón, dando un par de teatrales pasos hacia la fuente del centro, profiriendo toda clase de extravagantes aullidos, o giraban sobre sí mismos señalando con el dedo a los árboles, regañándoles con vehemencia. Terminada su actuación regresaban a sentarse bajo la sombra, reanudando la actividad espasmódica de subirse los agujereados calcetines y reírse en silencio, al tiempo que se rascaban furiosamente las pantorrillas.
Raquel los contemplaba llevándose de vez en cuando su botella de agua helada a los labios, preguntándose si no sería posible que alguno de ellos estuviera interpretando todo aquello, porque si ella misma en aquel instante estaba fingiendo ser quien no era, ¿Por qué razón no iba a haber también un fingidor entre aquella caterva de desharrapados? En su caso, la cosa estaba bien clara, nadie necesitaría cruzar ni media palabra con ella para deducir que su atuendo correspondía al de alguna empleada procedente de las oficinas del centro que, haciendo uso de su descanso de sobremesa, tomaba un botellín de agua bajo las sombrillas de la solitaria terraza. Si tuviera que abrir el bolso delante del primer transeúnte que le pidiera fuego no habría ni la más minima duda de que el mechero que extraía de sus profundidades era el suyo, como suya era la pistola, y los voluminosos fajos de billetes que se escondían debajo del forro.
Raquel balanceaba las piernas contemplando las evoluciones cantoras de los locos hasta que, por fin, con tranquila estupefacción, se dio cuenta de que él la había engañado, y que no iba a venir a buscarla.
‘Es gente mala’, decía una mujer mientras se aproximaba a la mesa de al lado en la terraza, señalando a una niña la silla en la que había de sentarse- ‘Hay mucha gente así, ya es hora de que lo sepas’
Zanjaba de aquella manera la pregunta de la niña sobre la presencia de los locos aulladores en la plaza, la pequeña permaneció en silencio contemplándoles con ojos asombrados, como si fuera incapaz de comprender la existencia de aquel circo humano.
‘No les mires tan fijo Desi, que van a venir a pedirnos, ya verás…’
La niña posó entonces los ojos sobre los zapatos de tacón de Raquel y los alzó para tropezarse con su mirada. Ella le sonrió dulcemente.
El camarero acudió desde la otra punta de la plaza, donde se resguardaba del sol bajo las palmeras y la madre pidió un café para, seguidamente, de un manotazo, interrumpir a la niña en pleno acto de comerse las uñas.
‘¡Cuantas veces te he dicho…!’
La niña, avergonzada, ocultó las manos debajo del vestido y miro tímidamente en dirección a Raquel, como si esperara que no hubiera captado la violencia que había vibrado en la voz de su madre. Pero Raquel la había percibido perfectamente, con la misma nitidez con la que oía ahora los furiosos latidos de su corazón.
“Usted no sabe quién soy yo”, comenzó a decirle mentalmente," y aunque esta sea la única historia que tenga que contar, la única historia que pueda contar en mi vida, al menos si tuviera una hija como la suya, una pequeña de ojos curiosos, la intentaría contar de otra manera, la convertiría en un cuento triste pero también divertido, porque a los niños les gustan las historias tristes que tienen momentos de guasa, o al menos a mi me gustaban así cuando era pequeña. Pero usted, usted no sabe quién soy yo, no sabe nada ”
Calculaba que la policía ya habría terminado de interrogar a los testigos, y se imaginaba a un oficial anotando lo que las empleadas que la habían visto entrar en la sucursal pensaron de ella, volverían con aquello de que era una mujer de aspecto pulcro, gafas de sol tapándole la cara, el pelo recogido en alto, y con un bolso grande en bandolera. Hablarían también de cómo había sacado la pistola de su bolso para apuntarles fríamente a la cabeza, y era muy posible entonces que alguna de ellas mencionara sus manos, sus manos pequeñas y cuidadas sujetando con firmeza el arma. Con esos datos la policía ya podría ponerle cara, sabría que había sido ella de nuevo, pero se cuidarían mucho de mencionarla, saldrían de allí apresuradamente con la intención de peinar la zona, con la esperanza de que todavía no le hubiera dado tiempo a esconderse. Y la realidad era precisamente esa, que no le había dado tiempo a esconderse, y todo por haberse quedado esperándole, y porque aun le esperaba en aquella plaza blanca bajo el sol del mediodía, a pesar de que ya sabía que no vendría, que todo lo que él le había dicho la noche anterior, lo de su admiración por ella, insistiendo en que nunca había conocido a una mujer tan valiente y que, por eso mismo, no quería perderla, había sido mentira, como falsa había sido su promesa de rescatarla en la Plaza de la señora Luz, en el barrio alto de Lisboa, donde, a pleno sol y bajo las sombrillas de la solitaria terraza no habría testigos de su huida, si acaso sólo los locos que duermen, comen y cagan alrededor de la fuente, los locos inofensivos, que cantan opera y fados, que nunca ven nada.
La joven madre reprendía ahora a la niña sobre la limpieza de sus manos y la blancura de su vestido, y la niña balbuceaba excusas mientras ella insistía en que “era una cochina y que todo le pasaba por no saber sentarse como dios manda”. Luego pareció reparar en Raquel, en sus piernas morenas cruzadas y las manos impecables sobre la mesa.
‘Así, fíjate, como la señorita’
La niña miró a Raquel y después bajó tristemente la cabeza.
“Si al menos no le hubiera amado tanto, pero ya era demasiado tarde, ¿cómo no se había dado cuenta de que él la quería, sí, pero encerrada?”
Era cuestión de tiempo que los coches de policía pasaran junto a la plaza, mirarían por la ventanilla y verían a una madre con una niña y a otra mujer sentada junto a ellas, una mujer con un gran bolso sobre las rodillas y el rostro oculto tras las gafas de sol, con las piernas cruzadas, balanceando sus zapatos de tacón.
Irían a por ella.
Raquel se quitó las gafas y contempló a los locos sentados bajo las palmeras, uno de ellos estaba ahora de puntillas, con las manos extendidas, giraba como una peonza, con una sonrisa extasiada.
‘¡Mira!’, la niña se puso en cuclillas sobre la silla.
‘Te he dicho que te sientes’
“Pero ¿por qué resignarse? ¿Por qué amar y resignarse? No estaba todo perdido, aun había una posibilidad, no merecía acabar así, no después de todo lo que había hecho por él , después de lo sincera que había sido. Ella no era como aquella madre que engañaba a su hija, o como él que había jurado que la quería para poder destruirla. No iba a dejarse atrapar así, qué iba a pensar de ella la pequeña, que se jodan todos, que se jodan...”
Se puso en pie de repente, soltándose el cabello ante la mirada atónita de la madre y la niña, después se quitó la falda, tiró de la cremallera y se desprendió de ella agitando los tobillos, la niña se llevó una mano a la boca y Raquel le guiñó un ojo, “no te preocupes es una historia triste pero divertida” quiso decirle, la madre se abalanzó de inmediato sobre su hija y tiró de su mano para que abandonara la silla, las dos se alejaron deprisa, girando de vez en cuando las cabezas, la niña riéndose alborozada mientras Raquel, las piernas desnudas bamboleantes sobre sus tacones y revolviéndose el cabello con ambas manos, avanzaba hacia el grupúsculo de locos que cabeceaban bajo las palmeras, en pocos minutos compuso una mueca de enajenada, se mojó los labios con saliva, dejando que resbalara por su barbilla, arrastraba el bolso por el suelo, y se tambaleaba esperando con todas sus fuerzas que la confundieran con una de ellos, con una pobre loca desorientada.
Las campanas de la iglesia de Nuestra Señora de la Luz dieron las tres y media de la tarde, la terraza había quedado desierta y él no había venido a buscarla, la niña se perdía sonriente por las callejuelas del barrio alto, “qué horror, qué desvergonzada”, repetía incesantemente la madre, todavía sonrojada. El camarero que había acudido a recoger la botella de agua vacía no comprendía cómo aquella joven había podido dejarse olvidadas sobre la mesa las gafas de sol tan caras, entornó los ojos y se las guardó disimuladamente en el bolsillo del delantal, justo en el momento en el que un coche de policía torcía la esquina despacio, las luces apagadas, el camarero les vio dar la vuelta, pasar junto a los parterres donde meaban, cantaban y gañían los locos, los atormentados de la vieja ciudad de Lisboa, a los que parecía que el sol no calmaba, al contrario, ahora aullaban con más fuerza, se fijó en que había una mujer nueva con las piernas desnudas entre ellos, meneó la cabeza, más le valía a la policía ayudar a esa pobre gente, se dijo, en vez de dar vueltas sin hacer nada.
39 garbanzos:
Buenisimo, diria que magistral. Uno (otro) de los mejores: profundo, complejo, trepidante, tan parecido a alguno de los anteriores pero con ese aire de serie negra que tanto le aporta. Que decir del ambiente en la plaza de Lisboa, del juego con la nina, de la trama que relaciona el atraco con su fracaso sentimental, de la tension de la espera, de como se reconstruye la historia sin que apenas suceda nada...
En fin, que me encanto.
Ay Antonio, eres un encanto! Nunca crei poder tener a un lector como tu. Un abrazo.
Copio, pego, imprimo, y esta tarde leo... y luego te digo.
Merci
Nuestra señora de la luz, esto es, de la Candelária, o sea, de las Candeias, lo que viene a ser de la Purificaçao. Siendo como soy uno de los mendigos giróvagos de esa plaza del Barrio Alto me encantó verte sumarte a nosotros con tus blancos muslos trazando garabatos circulares. El relato es exacto, certero, lleno de elipsis fascinantes, de violencias admisibles y otras que no, que sugiere sin subrayar, o sea COJO (cojo-nudo). Enhorabuena.
Hola Lansky, tenía miedo de meterme en el círculo de mendigos " giróvagos" y ahí lo dejé pero es verdad que en Lisboa uno se purifica. Besos y abrazos.
Vaya par de melones tiene la de la foto...quien es??
Una mujer no es un par de melones.
Jeje, ahí me has pillao, pero lo sigo manteniendo ¡Dios de mi vida, vaya par de tetas¡
Jorge L.
Estas un poco tonto, si me permites.
...de que el mechero que extraía de sus profundidades era el suyo, como suya era la pistola...
Magistral.
Muchas gracias Emilio.
Es decir....vaya par de domingas, quiero investigar en Lisboa
J Lee
One, two, three, look at Mr. Lee
Three, four, five, look at him jive
Mr. Lee, Mr. Lee
Oh, Mr. Lee
Mr. Lee, Mr. Lee
Oh, Mr. Lee
Mr. Lee
I met my sweetie
His name is Mr. Lee
I met my sweetie
His name is Mr. Lee
He's the hansomest sweetie
That you ever did see
My heart is achin' for you Mr. Lee
My heart is achin' for you Mr. Lee
'Cause I love you so
And I'll never let you go
Mr. Lee, Mr. Lee
Oh, Mr. Lee
Mr. Lee, Mr. Lee
Oh, Mr. Lee
Mr. Lee, Mr. Lee
Oh, Mr. Lee
Mr. Lee
Here comes Mr. Lee
He's coming for me
Here comes Mr. Lee
He's coming for me
He's my lover boy
Let's jump for joy
Come on Mr. Lee and do your stuff
Come on Mr. Lee and do your stuff
'Cause you're gonna be mine
Till the end of time
One, two, three, look at Mr. Lee
Three, four, five, look at him jive
One, two, three, look at Mr. Lee
Three, four, five, look at him jive
Mr. Lee, Mr. Lee
Oh, Mr. Lee
Mr. Lee, Mr. Lee
Oh, Mr. Lee
Mr. Lee, Mr. Lee
Oh, Mr. Lee
Mr. Lee
One, two, three, look at Mr. Lee
Three, four, five, look at him jive
Mr. Lee, Mr. Lee
Oh, Mr. Lee
Mr. Lee, Mr. Lee
Oh, Mr. Lee
Mr. Lee, Mr. Lee
Oh, Mr. Lee
Mr. Lee
Esta bastante bien, pa mis standards.
Una declaración de intenciones por parte de la autora, de encontrar refugió en la locura ante un mundo que la acusa de robo, la traiciona y enseña a las niñas a no ser ellas mismas ?
increiblemente bueno el cuento.
Emma, mujer,
No sé si la foto es tuya. Me parece un comentario de solípedo el que se fija en tu melonar... (aunque es glorioso.)
Escribes que da gusto.
¿Como puedes decir a veces que te gustaría ser ESCRITORA? Estoy seguro de que tienes que tener cosas ya publicadas. ¿Nos das una pista para comprar alguno de tus libros? además de leerte por aquí encantado?
Gracias y un besín.
He contestado tan mal y tan rapido que me he visto obligada a eliminar mi propio comentario.
Mon Dieu, ya no se ni donde estoy. Pero gracias por el comentario anonimo. Un beso.
Y tu Grillo, pillin, de mi melonar solo saben mis "exs" y no he publicado nada porque es mucho trabajo, pero eso ya lo sabias.
Ese par de melones transciende cualquier obra de arte...no tengo palabras...
Bueno chica, no te pongas así con lo de tus senos, cántaros de miel (ya dije no sé donde que esa 'imágen' era tan desafortunada como pegajosa.)
Yo en tu lugar también habría dejado pasar los primeros comentarios sobre esa parte de tu anatomía sin echar mano del 'filtro' del que dispones para lo que no te gusta.
Pero sigo creyendo que tu talento literario es igual o superior a esa belleza de la fotografía.
Voy a vender mi Vespino y ponerlo a tus pies como muestra de admiración. E iré cambiando progresivamente mis fotos por otras de cuando tenía tu edad y estaba más aparente.
Ya verás qué risa cuando llegues a una edad en la que podrás hacer palíndromos en vaivén con tus fotografías.
Otro besín internético/frenético en las estrías de tu oreja, caracola.
Emma, pillina pibón:
Te recuerdo un garbanzo de 24 de junio en mi Cuadreno de Bitácora (es que te colecciono, ¿sabes?) en el que tú misma aseguras querer convertirte en una escritora... etc.
YA LO ERES MIARAMA !!!
Muá.
(... otro muá)
Emma, fue Grillo quien insistió en que leyera este post, aunque sabe que de momento no tengo tiempo de entrar en los blogs de nadie. Y tiene razón, no me arrepiento. Una pequeña joya.
P.S. Chica, tan hermosa y talentosa, no tienes derecho a la depri.
John Lee, creo que todos sabemos ya qué es lo que te hace feliz.
Grillo, era joven, necesitaba el dinero,y decia cosas asi. Lo de la Vespino me lo voy a pensar. Me gustaba tu foto con el sombrero.
C.C, todo el mundo tiene derecho a deprimirse, qué seria de nosotros sin la infelicidad! No reconoceriamos a la felicidad cuando viniera. Besos C.C. Te agradezco mucho el comentario.
Emma, guapetona:
Yo creo que las personas que escriben de modo profesional, como cualquier otro artista-creador, tienen más motivos para deprimirse que el personal de a pie.
Y más razones también para sufrir intelectualmente, para colocarse buscando inspiración (doy por supuesto que habrás leído 'Inspiración y Estilo' de J. Benet), para no estar SIEMPRE satisfechas con su trabajo, para cierta bipolaridad, para dudar, etc. etc.
Admiro vuestra vocación. Y repito que leerte es siempre un gustazo, (quizás un día me atreva a hacerte una crítica menor.)
Un beso.
GRILLO
P.S. Jó! creo que no puedo entrar DIRECTAMENTE
Grillo, deliras...
Ultimamente estamos friendo los guevos con saliva.
Un beso Emma,
Felicitaciones por tu trabajo con este sitio,buenos articulos y fotografias,me gusta mucho y voi a pasar por aqui de vez en cuando para ver los nuevos articulos publicados.. Tambien te dejo unos enlaces de unos sitios interesantes,por ejemplo este es de
Nehoiu ,Nehoiu es un bonito pueblo de Rumania, si te gusta leer sobre Asesinos seriales ,ahi encuentras un blog con recopilaciones de asesinos seriales, yo mismo trabajo en Marketing y tengo una pequeña empresa de servicio tecnico ,si quieres promovar tu web lo puedes hacer en este Directorio web SEO , este es un directorio web gratuito pero con enlace reciproco donde puedes apuntar tu web,quiza te sirve para algo y si te gusta leer libros romanticos puedes encontrar algunos por aqui .Este es mi blog con piensamientos . y reflexiones.Gracias y saludos desde Madrid
Raul Gonzalez, gracias por el comentario, un pueblo de Rumania, no sabes lo que me interesa, al contrario que promover mi web, y los libros romanticos, ah, que seria de mi sin ellos!
Grillo, creeme, si para escribir hay que ser bipolar y sufrir prefiero no escribir... yo ya no tengo teorias sobre la inspiracion pero gracias por tus palabras y el libro de Benet no lo he leido,lo buscare. Bisous.
Otro beso para ti Jorge Lee. Y para anonimo, tan sweet.
Asesinos en serie? No, thanks...
Me parece que el grillo más que delirar no se priva. Cuenta lo que le da la gana, es un cachondo y se gana bastantes simpatías y alguna envidia, según la sutileza del lector.
emma, es la primera vez que me paso por tu blog pero la verdad es que me gusto muchisimo este relato y algun otro que lei, espero poder tener tiempo pronto para mirar el resto
felicitaciones :)
muchas gracias milugar, pero ahora creo que necesito poner un poco de orden, como tu sabes bien.
Eres la de foto, Enma? Qúe mujer, no te imaginaba así. Mi más sincera enhorabuena. Luego, cuando me reponga, leo el texto y ya te digo. Guapa!!
No entiendo nada...
Fántastico el texto! Enhorabuena!
Muchas gracias Madeleine.
Soy Esther, la de Talamanca. Hacía tiempo que no me dejaba caer por tus creaciones y ¡qué disfrute! Me has sumergido en esa Lisboa inspiradora y decadente. Y en las esperas inútiles.
Sí, Emma ya es ESCRITORA. Cobrar por lo que te gusta no siempre es la medida de que lo haces bien; y viceversa.
Enhorabuena, amiga
Esther!!! Muchas gracias. No se si soy escritora, digamos que, por ahora, tengo "sed", pero esto es muy raro, lo de tener ganas de contar, digo. Un beso muy fuerte, nos veremos pronto, cuando llegue el invierno.
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