Si el mundo se quedara en silencio– eso era lo que Daniela pensaba en el tranvía – las cosas seguramente no serían tan malas, si no hubiera ruidos de coches ni de autobuses ni de taladros. Su madre solía decir que los más ruidosos eran los hombres, siempre hablando a gritos, dando golpes, pero ella pensaba que eso no era cierto, ¿qué pasaba entonces con los niños? como aquel bebé que, envuelto en una especie de saco impermeable, cabeceaba contra el pecho de su madre lanzando mugidos, sí, mugidos, la madre sentada frente a ella, una mujer que- calculó Daniela- quizás no sobrepasaba los veinticinco, y que contemplaba a su hijo con ojos cansados, con ojos que la hacían parecer tener más de cuarenta.Ah, si el mundo se quedase en silencio ahora mismo, deseaba – y cerró los ojos para desearlo con más fuerza- ya no tendría que escuchar la música que los auriculares del adolescente sentado a su lado no podía contener, ni el sonido de los teléfonos móviles, ni el pitido de los conductores impacientes que se apretaban junto al tranvía en la avenida. Pero, por mucho que cerrara los ojos, allí dentro reinaba el caos acústico, una combinación de mugido de niño enfermo, música rap y politonos, solo que, por un segundo, le había parecido oír un sonido diferente entre todo aquel desvarío, como si un elefante hubiera soltado un grito airado, pero qué tontería, se dijo incorporándose y aplastando la nariz contra la ventanilla, ya era de noche y estaban detenidos en algún cruce desde hacia rato, comenzaba a llover blandamente y allí no había elefante ninguno. Se entretuvo en contar a los conductores que se hurgaban las narices, uno, dos, tres, cuatro, hasta seis de ellos lo hacían al tiempo que contemplaban estúpidamente como las gotas de lluvia resbalaban por el parabrisas, de vez en cuando también apretaban prolongadamente la bocina, como si quisieran convencer a los otros de que estaban ansiosos por regresar a casa, cuando en realidad lo único que parecían desear era estrujar el cráneo de alguno de sus vecinos entre las manos.
Porque quizás era verdad que en el fondo-continuaba reflexionando Daniela- a nadie le importaba nadie. Tanto hablar de amor y a veces daba la sensación de que la gente tan solo quería que la dejaran en paz, tener suficiente dinero como para pagarse la cena y la gasolina y no tener que dar explicaciones. Admitía que ella era también un poco como ellos, que formaba parte de esa horda de seres humanos que aún tenía un cerebro salvaje. Era casi como ser una extraterrestre - se llevó la mano a la nuca y la acarició levemente- porque ¿no había deseado hacía unos segundos que el mundo se quedara en silencio para siempre? Sí, lo había hecho, y lo seguía deseando ahora que el mugido del bebé y de las bocinas subía de tono, ahora que un niño de unos cinco años, probablemente recién liberado de sus clases extraescolares, corría por el pasillo del tranvía, aullando, vestido con su uniforme del colegio, mientras su cuidadora, una chica latina muy joven, le llamaba débilmente desde su asiento.
-Mauritín, ven aquí ahora mismo.
Los condenaría al silencio, niños, psicólogos, amantes, actores de teatro, políticos, jefes, cantantes, todos callados, sin que un sólo sonido saliera de sus gargantas. Y después, cuando hubiera disfrutado lo suficiente del placer de estar rodeada de seres silenciosos e impotentes les exterminaría de golpe, con una explosión repentina por ejemplo, tipo ola de lava incandescente. Era mejor que lo hiciera así, nadie sufriría innecesariamente y la tierra podría liberarse de tan dañina carga. Era posible sin embargo que dejara vivas a algunas parejas para su posterior reproducción, algo parecido a lo que hizo Noé con su arca, elegiría chicas jóvenes y mujeres cerca de los cuarenta, y después seleccionaría a algunos adolescentes ( desde luego no del tipo de los auriculares que se comía los nudillos a su lado) y otros hombres maduros, descartando con toda seguridad a los informáticos y a los de pelo largo, no le gustaban con pelo largo… y después, después la tierra volvería a ser un lugar maravilloso.
Daniela apoya la cabeza contra el cristal, recreándose en sus pensamientos, el tranvía seguía sin avanzar y el niño regresaba por el pasillo con los brazos en cruz, corriendo, "por qué no te caes niño", pensó en el momento en el que- para su regocijo- el pequeño daba un traspiés y caía de bruces sobre las rodillas de una pasajera que leía una revista, su cuidadora no levantó ni una ceja ante el percance.
Poco a poco los pasajeros salían de su burbuja de ruidos y consultaban el reloj o reanudaban el envío masivo de mensajes a través del teléfono. Daniela podía imaginarse el contenido " Estoy en un atasco, llego tarde, no te comas mi cena" La verdad es que todo empezaba a resultar cada vez más extraño ¿Acaso no era eso un tranvía? ¿Un transporte colectivo para evitar que los atascos se hicieran interminables? Volvió a escrutar la oscuridad a través de la ventanilla pero no, no había elefantes ni nada por el estilo.
Entonces, por primera vez en todo el trayecto, se fijó en ella, estaba sentada muy cerca, en dirección contraria al sentido del tranvía, no entendía cómo no la había visto antes; era una anciana con horquillas negras destacando en su pelo blanco, una anciana que no despegaba los ojos de un recorte de periódico prendido entre sus arrugados dedos. La anciana levantó la cabeza- como si adivinara que la estaba observando- y posó sobre ella unos ojos diminutos de araña, dejándola sin aliento, sin sangre en el cerebro, como si el interior de su cabeza se convirtiera de golpe en un inmenso enjambre de avispas, después, lentamente, volvió a bajar los ojos para posarlos sobre el recorte, suspirando. Por unos instantes Daniela sólo pudo oír el sonido de los latidos de su corazón y, cuando regresó la sangre, tiene la certeza de que algo terrible se está gestando allá afuera. Todo se ha acabado, se dice, no ha tenido más que descifrar la mirada de la anciana, quien continua leyendo tranquilamente el recorte de periódico, como si nada fuera con ella. Daniela la contempla angustiada, preguntándose por qué, si al fin y al cabo todo lo que pensaba no lo pensaba en serio, si al fin y al cabo a ella le gusta el mar, el mar y qué más- piensa rápido, tienes que convencerla para que no continúe con ese plan maléfico- el mar y los bebés cuando duermen y suspiran, confiados de que hay alguien que les quiere y que esta velando por ellos, y también- ahora algo menos tierno, menos obvio, Daniela- también la hierba, el olor a hierba, cortada o no cortada, y los saltamontes, y las ranas, y los árboles, casi podía decir que le gustaba todo, no, pero eso no funcionaba, veía a la anciana fruncir la boca en un millón de arrugas y el ruido a su alrededor subía gradualmente como la temperatura en una sauna.
Daniela comienza a sudar, gotas de sudor le resbalan entre los pechos, por la espalda, por primera vez en su vida, está sudando de miedo. Siente que algo va a suceder enseguida, algo horrible, y duda si cubrirse con las manos la cabeza. No, no, todavía no- suplica en silencio- me gustan los cubitos de hielo, los álbumes de fotos, dormir la siesta, pero nada de eso funciona, porque de alguna siniestra manera- lo sabe, lo sabe aunque no pueda explicarse cómo- sus pensamientos han abierto la espita por donde han entrado todos los demonios, y ahora que ellos han llegado no van a marcharse tan fácilmente. Seguramente ha sido una fatal coincidencia, una desventurada conjunción de lluvia, oscuridad y desesperación, unido al hecho de que la anciana hubiera tomado ese tranvía aquel día, el día en el que ella se sentía más extraterrestre que nunca. Todo se había conjurado, en una alianza de insondables leyes cósmicas, para que el fin del mundo llegase en aquel instante y ella, estúpida, estúpida, ella había sido la chispa, el detonante, ¿por qué no se habría dormido como otros días? ¿Por qué no se había puesto a pensar en el chico que se sentaba detrás del conductor, el guapo que leía el periódico, como había hecho otras veces? Pero ya era demasiado tarde para lamentarse, por fin se oye un estruendo de cristales y el proyectil, un adoquín con los bordes rotos, cae a los pies de la joven con el bebé que muge, los pasajeros se ponen en pie horrorizados y todas las miradas se dirigen a la ventana hecha añicos y al hombre que estaba sentado debajo de ella, un joven con el pelo cortado a cepillo y nariz de patata, sobre cuya frente resbala un hilo de sangre. Daniela se clava las uñas en las palmas de las manos, ¿qué he hecho? ¿Qué es lo que he hecho? tiene los ojos llenos de lagrimas, nunca quiso esa destrucción, tan sólo se sentía aislada, eso era todo, y añoraba escuchar su voz, pero no era mala persona, nunca hubiera querido dañar a Mauritin, quien no tenía la culpa de permanecer encerrado en instituciones escolares conservadoras, ni al bebé que muge, ni al pobre muchacho que ahora sangra por su culpa. Desesperada, lanza miradas suplicantes a la viejecita, pero ella permanece impasible leyendo el recorte del periódico, sin ceder ni un instante, y Daniela se encoge en su asiento esperando de un momento a otro el terrible desenlace, con el corazón golpeándole violentamente el pecho.
De repente, un grito infantil rompe el silencio, "un dinosaurio, un dinosaurio" Daniela se vuelve y ve a Mauritín, la nariz apretada contra el cristal, reclamando haber visto un dinosaurio bajo la lluvia, nadie le presta atención, los pasajeros continúan enmudecidos, temblando a causa del viento que entra por el cristal roto. La ciudad entera se ha convertido en un bramido, un bramido donde la voz de Mauritín se ahoga. Daniela mira al niño con ojos tristes, "por qué gritas", y entonces, en un segundo, comprende, quizás en el último segundo, y se fuerza a levantarse del asiento, y avanza, tambaleándose, para pegar la frente en la ventanilla junto a la suya, el cristal está frío y afuera no se ve nada más que la lluvia iluminada por los faros de los coches y sus ojos reflejados en el cristal, Mauritin murmura a su lado " un dinosaurio, un dinosaurio" y ella por un momento duda, pero ¿ y si no se equivoca y todavía puede salvarlos? Así que toma aire y también comienza a gritar "un dinosaurio, un dinosaurio", apuntando con el dedo hacia la oscuridad, y el niño vuelve la cabeza y la mira con una sonrisa.
Brillan las luces de un coche de policía que se acerca, y los conductores comienzan a hacer sonar sus bocinas de nuevo, y el bebé llora débilmente mientras su madre lo aprieta contra el pecho. Daniela se incorpora, exhausta, y vuelve despacio a su asiento, la viejecita ya no lee el recorte de periódico, tiene la cabeza caída- como si durmiera- el pelo blanco le cubre los ojos, y las manos cruzadas en el regazo. No pasan más de cinco minutos y el tranvía se pone lentamente en movimiento. Daniela contempla el reflejo de sus ojos en el cristal y apenas se atreve a sonreír. Parece que se han salvado, por esta vez.
27 garbanzos:
Por los dinosaurios podría ser Parque Jurásico, pero por suerte no lo es. Si le cambias el ruido por silencio y te sitúas en una casa de campo rusa, yo diría que es el Sacrificio de Tarkovski. Esas pequeñas cosas que nos resultan molestas y odiosas, de pronto nos resultan una bendición ante la posibilidad de perder al mundo entero, por nuestra culpa y para siempre.
Muy bueno.
Te entiendo. El asunto es kafkiano... pero creo que entiendo el sentimiento de la protagonista: harta de tanta repetición, introspectiva, con una especie de 'náusea' y como queriendo borrar de un plumazo no sólo los sonidos del mundanal ruido callejero, sino también a los personajes que le rodean en el momento. Existencialismo a tope.
Mira qué curiosa coincidencia: C.C. cuelga un post en su blog escrito por OTRA (chica o señora) en un atasco de circulación que resuelve su malestar con una pequeña hostia. Por lo demás, el conjunto es muy diferente.
Besos,
Otro de los que mas me gustaron. Entre otras cosas por la estructura perfecta que tiene, por su complejidad, y por lo bien ensamblados que estan los elementos tan diversos con los que juegas: la agobiante escena cotidiana, la rabia y el rencor destructivos de la protagonista, el toque fantastico-diabolico de la anciana que lee, y la situacion apocaliptica a la que se llega, que hace que Daniela relativice sus sentimientos y, presumiblemente, su forma de ver las cosas gracias a la segunda oportunidad que finalmente ha tenido. De alguna forma, es como si todo el relato fuera una descripcion profunda, brillante y sentida de un estado de animo, y de la lucha por librarse de el.
Un saludo.
Hola Atman, es como si no supiéramos que nosotros también somos parte del mundo, como si lo que sucediera a nuestro alrededor fuera lo fantástico y también lo estúpido. Pensar que la tierra estuvo una vez habitada por miles cientos de dinosaurios me ayuda a veces a soportar los atascos. Ese cuento que mencionas me ha hecho desear leerlo. Gracias.
Grillo, muchas gracias por leer mi cuento y pensar que es bueno. Existir es lo mas raro que nos pasa a todos, y no nos enteramos, cuando deberíamos. Por eso la palabra existencialismo me encanta. O como diría C.C "existentialisme" que no sé si es una palabra que inventaron los franceses.
Antonio, una vez más, muchisimas gracias por tu comentario a mi cuento. Aciertas en que es la descripción de un estado de ánimo aunque creo que he fallado en su envoltura o presentación. Lo que sí es cierto es que el pensamiento es a veces más real que la misma realidad, pensar que te vas por el sumidero es ya comenzar a desaparecer y eso, para mí, es lo más inquietante. Por eso creo que es el diablo quien ha de inspirar a veces tales pensamientos, una fuerza maléfica,algo que está fuera de nosotros. O eso me gustaría creer.
Sacrificio, no es un cuento sino una película. En ella el final del mundo se llega a consumar en forma de guerra nuclear. Para dar marcha atrás mágicamente al acontecimiento el protagonista debe acudir a una bruja y renunciar a sus posesiones. La película es Bergmaniana, así pues abstenerse quién guste del ritmo trepidante y la acción. Es el tipo de película que gana con un segundo y tercer visionado, aunque reconozco que si no estás sintonizado puede resultar bastante plomiza.
Gracias por la información Àtman, sinceramente no había oido nunca hablar del director. Creo que quizás sería más conveniente que busque un relato apocalíptico con parecido argumento pues las películas que aburren un poco me molestan más que los cuentos que aburren un poco. Saludos.
(PS Puestos a recordar peliculas, a mi me hizo pensar en "La ultima ola", de Peter Weir, en cuanto aparece la anciana y la cosa empieza a ponerse muy oscura: tiene la misma mezcla de elementos cotidianos e irreales, las mismas descripciones envolventes -alli con planos y aqui con frases-, el mismo soplo inquietante y el mismo sentimiento de que todo se nos puede escapar de las manos. Y me callo porque es el segundo comentario, y metidos en faena se podrian decir todavia muchas mas cosas de este cuento genial.)
Antonio, te agradezco tanto que encuentres similitudes entre la historia y el cine, al igual que se lo agradezco a Atman. El fin del mundo es un tema fascinante que puede ser tratado de diferentes maneras. Reconozco que en mi caso no me he alejado de ciertos clichés pero soy de las que piensan que los clichés son importantes en literatura, como lo son los arquetipos en los cuentos de hadas. Quién sabe, quizás el fin del mundo no tiene nada que ver con lo que pensamos. Podemos imaginar infinitamente y asustarnos para nada. Un beso.
Emma, comparto contigo el odio al ruido. Muy buena tu manera de dibujar la exasperación que provoca.
El primer filósofo que empleo la palabra "existentiel", fue el francés Gabriel Marcel en LA REVUE DE METAPHYSIQUE ET DE MORALE en abril 1925. Por lo menos, eso nos contó el profe.
Biz
Me ha encantado, Emma.
Genial tour de force.
Yo tiendo a desconfiar de los que se proclaman "artistas" y admiro sin reservas a los "artesanos" que a partir de elementos conocidos dan forma a algo hermoso. Qué podrían tener de malo los clichés?.
Un saludo.
Jo, C.C, qué buena memoria tienes. La verdad es que ser "existencialista" tiene que doler, quizás todos lo somos un poco.
Me encanta que te haya gustado Javier, la vida funciona también a base de clichés, es cierto. En este caso hay acontecimientos como el dia del juicio o seres maléficos como el diablo que son comunes a casi todos los pueblos. Todos hemos pensado alguna vez en que el cielo puede caer sobre nuestras cabezas y que no tenemos donde escondernos. En cuanto al diablo, siempre creo que lo he visto en alguna parte, al doblar cualquier esquina.
Un saludo.
un bebé, múgidos? como las vacas. ahora veo por qué la juventud son todos unos animales.
¡Al Fin! (y al cabo…)
Como habréis sabido, le han concedido por fin el Nobel al eterno candidato, MARIO VARGAS LLOSA. Curiosamente, cuando ya no se lo merecía, desde aquellas primeras espléndidas novelas juveniles: La casa verde, Conversación en La Catedral, apenas con treinta añitos, hasta estas últimas previsibles, predecibles y 'fáciles' en todos los sentidos. Su itinerario personal, en cambio, ha sido más coherente, aunque a muchos no se lo parezca, desde aquel lógicamente furibundo ‘aprista’ comunistoide a este vocero de los cánticos ultraliberales (dulces sirenitas que nos van a hacer naufragar a todos los que remamos contra las rocas). Al final de una vida uno no solo tiene la cara, sino muchas más cosas que se merece. O ya no.
(Muy bueno el relato, Emma, he matado a gente solo por buenos motivos, como el de ser ruidosos)
Ayer me preguntaba qué va a hacer el señor Vargas con el premio, quiero decir, a su edad dudo mucho que le importe el dinero ( quizás sí a sus hijos) pero ya tiene 75 y si de verdad la pasión de su vida es la literatura se la debería refanflifar bastante tal concesión. No es así? Debe sentirse extraño, como si hubiera traicionado al jovencito que vivia en Paris y escribía novelas brutales.
Gracias Lansky.
¿tu crees, Emma, que será tan lúcido o autoconsciente como para compararse con honestidad con aquel joven que ya no es, y no sólo por la edad?
un beso
La verdad es que no lo sé, no es lo mismo acercarse al final sin mucho dinero y sin apenas reconocimiento habiendo dedicado la vida entera a escribir, que acercarse al final siendo una figura reconocida, millonaria y respetada habiendo dedicado la vida entera a escribir. Creo que lo que uno puede pensar sobre sí mismo, en este último caso, daría para una novela.
Me estaba acordando de Onetti, con aquella boca que parecía un descampado, diciendo que en contra de las apariencias tenía una dentadura perfecta pero que se la había prestado a Vargas Llosa.
No creo que le den igual ni el premio ni el dinero. Lo que me parece que se la trae floja es precisamente ese joven en París que escribía como si tuviese el labio partido o mejor dicho, como si le faltasen los dientes. Ni se acuerda de él. Y seguro que hace bien.
Saludos!
No, Emma, es pura casualidad ( que no voy a contar aquí ). Es como the one million dollar question del chico de Bombay. Ves, hablando de memoria, no recuerdo el título de la péli.
La señora Lessing se enfadó muchisimo cuando le otorgaron el Nobel por una novela que había escrito más de 30 años antés. Con razón.
Lansky, dejas tu proclama anti-Vargas doquiera que vas. Como si a Varguitas le importara mucho, digo.
C.C.
el nobel no lo dan por una novela ni una obra en concreto, sino por toda la bibliografía del autor.
Marcos V., chatín, pues no me sigas (en los varios sentidos de la expresión)
Lansky, es una discusión que tenemos a menudo entre los amigos. Es verdad que se recompensa toda la obra, pero la petición se hace a menudo a partir de una obra en particular. Doris Lessing : " The Golden Notebook ", William Golding : " The Lord of the Flies ", para dar dos ejemplos que me vienen a la memoria espontaneamente. Recuerdo muy bien a Lessing quejándose en una interviu de lo ridículo del premio por los más de 30años de espera que había significado.
Emma: prodígate un poco más, por favor. Con 24 o 25 'garbanzos' no tenemos para un buen cocido.
C.C.: Y tú qué bien te mueves y te despachas con comentarios interesatísimos en otros blogs y qué poco en el tuyo propio. Cuéntanos más cositas, porque tengo la sensación de que 'a la chita callando' tienes en tu haber vivencias muy sabrosas.
Un beso a las dos.
[Ya empiezo a horrorizarme solo pensando que se nos echa encima la navidad y vuelta otra vez a los regalos, adornos, cenas, comidas, arbolitos, lucecitas y toda esa cosa... Aggg !!!]
Tienes razon Grillo,me falta panceta y un poco de gallina para el caldo.
Pero hay que tener paciencia, que si no se cocina despacio el cocido no sale bien.
Navidad, ni me la menciones...
...panceta, gallina, morcillo, hueso de jamón (o espinazo salado de cerdo) y de tuetano o rodilla, morcilla y chorizo (mejor cocerlos aparte para que no 'contaminen' el caldo), bueno, en mi versión del ídem madrileño, que me sale de vicio
Yo he aprendido a esquivar la Navidad (también porque puedo, claro), qué alivio por Dios!, sólo me entero de la misa del gallo que me resulta hasta graciosa en el pueblín donde me refugio. En realidad, curas aparte, es la mezcla de navidad y corte inglés lo que es nauseabundo, el corte inglés como metonimia de todo el consumismo y la estupidez onerosa, claro.
Lansky
Envidia me das Lansky.
Y lo que daría yo por un buen cocido. Tengo la receta en un trapo de cocina que heredé de mi madre, una simpática chulapa exhibe una bandeja con la carne y los garbanzos, he leído mil veces los ingredientes. En mi casa se tomaba primero el caldo ( sin garbanzos) y después "la pringada". Ya ni me acuerdo cuando fue la última vez que comí tal delicia.
El cocidito madrileño estupendo. Lansky ¿Tú no hacer eso que llaman la 'pelota' en el cocido? ¿Y la 'ropa vieja' de después?
Emma: pues a propósito de la navidad tengo un post de mil pares en el que cuento las putadas de tópicos que voy a orgnizar en esta Comunidad aprovechando de soy el jodido presidente...
Ya me estoy riendo con ese post Grillín.
En Navidad la gente pierde el sentido del humor ( si alguna vez lo tuvo)
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