Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

domingo, diciembre 19, 2010

El Indeseado






A Christmas Carol


"I thought that love would last forever : I was wrong"




Los niños llegaron puntualmente el día de Navidad por la mañana, ella aún les sostenía de la mano cuando Tomás abrió la puerta. Estaban recién bañados y olían a colonia. La niña, que apenas tenía cinco años, le dedicó una sonrisa de dientecillos afilados. Su hermano, de ocho, leía un tebeo que sujetaba a poca distancia de su nariz, y se limpió la cara cuando Tomas le besó en la mejilla.

-Vendré a recogerles a las diez de la mañana. Cristina tiene un cumpleaños y Roberto todavía no ha hecho ni un ejercicio del cole.

Tomás pudo haber replicado que él se encargaría de llevar a su hija al cumpleaños y que también se ocuparía de que el niño hiciera los deberes, pero en vez de ello preguntó, con la voz ronca, si no había que comprarle unos zapatos nuevos a Roberto y añadió que él podría llevarlos al día siguiente a la casa de ella y así, de paso, hacer las compras. El niño, a pesar de no haber despegado en todo ese tiempo los ojos del tebeo, escuchaba con atención la conversación de sus padres.

-No, por ahora aguanta con los que tiene. Ya iré cuando sean las rebajas.

-Si necesitas dinero, ya sabes.

Ella levantó una ceja y le miró extrañada. Estaba guapa, con las mejillas llenas y los ojos brillantes. Se la veía feliz después del divorcio, o quizás feliz ahora que se libraba de los niños por unas largas horas y podría reunirse en breve con el otro, el hombre aquel que enlazaba su cintura la tarde en la que les vio saliendo juntos de un cine de la Gran Vía.

Cuando recordaba aquello se le paraba el corazón en el pecho.

-Un beso mi vida, dame otro, Roberto. Portaos bien y hasta mañana.

Los niños entraron en la casa, Roberto corrió a sentarse en el sofá para continuar con su tebeo y la niña dio un par de vueltas en el recibidor mientras se desprendía de su abrigo, mirando alternativamente a su padre y a su madre, sin dejar de sonreír, maliciosa.

-No me hace falta nada por ahora- ella bajó la cabeza y se metió las manos en los bolsillos, siempre se metía las manos en los bolsillos, aunque no hiciera frío- Pasadlo bien, mañana a las diez estoy de vuelta.

Tomás se esforzó en pensar en algo que pudiera retenerla, el día anterior había elaborado una lista de preguntas en su cabeza, preguntas de los años pasados, de los fantasmas lejanos, tantas cosas quería preguntarle y nunca le había preguntado nada, siempre había optado por el silencio. Pero estaba claro que ella quería marcharse.

"Sí, vete con él, rápido", quiso decirle.

En lugar de ello cerró la puerta suavemente, luego aplicó el ojo a la mirilla y la contempló esperando al ascensor, el pelo suelto sobre la espalda. Allí, en el rellano de la escalera, libre de su papel de madre, volvía a caer sobre sus hombros aquella luz que la iluminaba cuando Tomás la conoció en casa de Ignacio, hacía más de quince años.

-¿Quién es esa chica?

- Es nueva en la empresa, ha empezado a trabajar hace unas dos semanas.

Cuanto más la miraba más convencido estaba de que a ella poco le importaba estar allí o en otra parte. Se propuso descubrir en qué lugar se encontraba y eso fue lo que le decidió a invitarla a salir más tarde.

Quince años y dos hijos después y todavía no había averiguado en qué lugar se escondía la mujer que amaba y que, quizás por eso mismo, había acabado abandonándole, aunque ¿quién podía saberlo?

-¿Ha venido papá Noel a tu casa?- la niña sonreía traviesamente detrás de él, las manos a la espalda.

- Sí, claro, pero como llegó anoche, y estaba oscuro, y tampoco conocía la casa ha ido dejando regalos por todos lados, pobre papá Noel… ¡venga, vamos a buscarlos!

Tomás enfiló por el pasillo oyendo los gritos de entusiasmo de sus hijos, se imaginó que ella ya habría llegado al portal y que ahora se miraría en el espejo de la entrada, se repasaría los labios, saldría a la calle, sintiéndose libre, y la nariz se le pondría roja por el frío, caminaría cada vez más deprisa, perdiéndose entre la gente, las manos en los bolsillos.

-¡Aquí papa! ¡Aquí!- la niña abría, chillando, las puertas de todos los armarios.




Las nubes se tiñeron de negro y Tomás encendió las luces del salón. Sobre el sofá y las mesas había restos de papel de regalo, y esas cintas de tirabuzón que su hija recolectaba para su "colección de lazos". El niño leía concentradamente sus nuevos tebeos. Pasaba el tiempo leyendo, sin prestar atención a nada ni a nadie, a pesar de que Tomás sospechaba que en su cabeza sus pensamientos bullían con la misma fuerza con la que lo hacían en la suya, obsesivamente, sin tregua. Miró a su hijo mientras bebía un sorbo de su taza de café, sin saber por qué intuía que el niño se perdía en fantasías de orfandad y fugas.

¿Y él? ¿En qué pensaba él, Tomás? En el amor, sin duda, en el amor que se había convertido en su obsesión y en su tortura por su inutilidad, por lo absurdo y doloroso que era haberlo perdido para vivir para siempre y desde entonces dentro de aquel vacío, dentro de aquellas Navidades interminables. Se incorporó y apuró su taza de café mientras inspeccionaba la estantería en la que se apretaban sus viejos discos, allí estaban Cat Stevens, Bruce Springsteen, Van Morrison, todas esas canciones que le habían hecho estremecerse cuando era un muchacho, ¡pero qué sabía él del amor en aquel entonces! Y, sin embargo, creía que lo conocía, escuchaba una de aquellas canciones y se empapaba de tristeza.

Pasó los dedos sobre los discos y se detuvo sobre uno que hacía tiempo habían escuchado los dos juntos, en sus primeras Navidades, cuando ella aún tenía interés por estar de verdad con él y no habían nacido los niños. Sabía que era una estupidez echar de menos una relación que se había podrido de manera irremediable por culpa de su silencio, por culpa del silencio de ella, de sus fugas, de sus falsos deseos de volar, o de querer estar con él sin estarlo. Cerró los ojos, intentando calmarse, y cuando los abrió descubrió la mirada de su hijo espiándole por encima del tebeo.

Se preguntó si él lo sabría, era tan pequeño todavía, aunque se dijo que los niños están más cerca de la verdad que nadie.

Sin proponérselo se aclaró la garganta fingiendo un tono jovial.

-¡Roberto, Cristina!

Roberto apartó el comic y la niña le miró sentada en la otra punta de la mesa, sin dejar de colorear con su nuevo juego de ceras.

-¿Qué?- Roberto esperaba, algo en el tono de su padre había conseguido captar su atención.

- Tengo una pregunta que haceros…

La niña se encogió de hombros, divertida, sólo su hijo pareció tomárselo en serio.

-Vale, pregunta.

-¿Podéis decir a papa qué es el amor?

Cristina abrió la boca y alzó los hombros. Roberto se enderezó en el sofá, y miró a su padre, confuso.

-Es una pregunta muy difícil de responder, lo sé…- Tomás rozó el disco con la yema de los dedos y volvió la cabeza hacia la ventana oscura, tras ella la ciudad se adivinaba con sus luces de Navidad encendidas - Sólo quiero que me digáis qué es el amor, porque a papá se le ha olvidado…

- ¿Se te ha olvidado?- preguntó Roberto con la voz enronquecida.

- Creo que sí…

- En el colegio no nos lo han enseñado- repuso Cristina frunciendo los labios.

- No importa. Tiene que ser algo que vosotros penséis y que nadie os haya dicho lo que es.

La niña mordisqueó la punta de un lápiz.

- No lo sé…- declaró al cabo de unos segundos para continuar alegremente con su labor de coloreado.

- No pasa nada, casi nadie lo sabe.

- ¡No! ¡Yo sí que lo sé!

Tomas miró a su hijo, este apretaba el tebeo entre las manos, nervioso, como si intuyera que con su respuesta podría conquistarle para siempre.

- Estoy pensando…- murmuró con tono sufriente.

- Piensa, piensa, tienes todo el tiempo del mundo

-¡Ya está!

Su rostro pareció iluminarse al exclamar.

- El amor es querer mucho a alguien.

A Tomas se le humedecieron los ojos.

21 comentarios:

Antonio de Castro dijo...

¡Un cuento nuevo! Maldita sea, y yo con una conexión de internet perruna (el último de mi blog lo puse desde casa de un amigo) y sin una triste impresora...

Lansky dijo...

Ay, ese Tomas...me gusta

Ātman dijo...

¿Pero qué sabía él del amor en aquel entonces?... Lo sabía todo, si es que hay algo que saber. Lo que sabe ahora es lo que es el desamor. Cuando tu PC se bloquea, hay que apagar y volver a encenderlo, claro que esto no es fácil si la ves todos los días, a ella por las cosas prácticas de la custodia compartida, y a ella también reflejada en la carita de tus hijos.

Emma dijo...

Antonio, a mi me pasó lo mismo anoche, no sé si tendrá relación.

He corregido algunas faltas de ortografía que encuentro siempre " a posteriori" como el buscador novato de setas, que no ve los níscalos delante de sus narices.

Lansky, a veces me inspiras, para que veas.

Atman, habría que preguntarse si el amor es parte indisoluble del desamor, como la muerte de la vida. También, quizás, deberíamos aprender a hacer algo hermoso después de haber perdido al amor. Sin embargo lo único que se nos ocurre es deprimirnos. Pero yo entiendo por qué.

Lo que más odio es que las heridas de amor las cure el tiempo, y regresar de nuevo a vivir en el mundo de las " no emociones"

Un beso a todos

C.C. dijo...

AAAH qué bonito fin !

Este Tomás no habrá amado nunca, sino sabría muy bien qué es el amor.

Joyeux Noël, Emma. ¿ O estás atrapada en Bruselas ?

Emma dijo...

C.C muchas gracias, e interesante observación sobre Tomás...

Estoy atrapada en Bruselas, pero espero que no por mucho tiempo.

Ay, los belgas! No te imaginas cómo son. Luego decimos de los españoles.

Joyeux Noël pour toi aussi!

javierdofo dijo...

Magníficos, este y el anterior, que hace mucho que no te leía.

Yo también odio que el tiempo lo cure todo, que por donde pase no vuelva a crecer la hierba.

Bo Nadal!

Emma dijo...

Gracias Javier

Si hay algo que nos fascina del " imperio de la juventud" es que la hierba siempre está fresca y las gotas de rocío la empapan cada mañana.
Prefiero por tanto un Peter Pan que vive en el mundo del deseo, que adorar perpetuamente la vida desde la razón. No quiero que el tiempo seque mis fuentes de inspiración.

Feliz ano novo!

Antonio de Castro dijo...

Un bonito cuento de Navidad; bonito sobre todo por lo sencillo y lo directo, con esas dos partes (en una película habría un discreto fundido en negro para pasar de una a otra) y esa historia cotidiana dolorosa y común. Coincido con lo que dice Âtman: aunque dude, se haga preguntas y se considere inexperto, Tomás conoció el amor; lo que viene ahora es la soledad, la melancolía y la incertidumbre propias del desamor. A veces parece mejor seguir sufriendo tranquilamente que rehacerse y salir adelante. Pero si el desamor no se hubiera producido y siguiera existiendo ese mundo que ahora son recuerdos y a Tomas le parece irreal, entonces pensaría que la muerte es parte del amor en el sentido de que es la única capaz de hacer que termine.
Bueno, y me gustaron mucho los cantantes que has escogido: cuando lo leí me vinieron a la cabeza las canciones “Peace train”, “Sherry Darling” y “Everyone” (aunque yo cambiaba a Cat Stevens por Bob Dylan: es una vieja debilidad…)
¡Feliz Navidad!

Emma dijo...

Gracias Antonio, eros y tanatos, las fuerzas que hacen moverse el universo ( al menos el nuestro)
yo prefiero a Cat Stevens a Bob Dylan, es vieja debilidad mía también.
Cuando salga de Bruselas podré respirar. Un beso

Lansky dijo...

Emma, ¿nos vemos con vanbrugh en madrid el 27? (Y estoy con Antonio: Bob siempre mejor que Cat)

Emma dijo...

Ya discutiremos lo de Bob y Cat cuando nos veamos, el día 27, perfecto.

Emma dijo...

Oh, baby, baby is a wild world.

Lansky dijo...

walk on the dark side

Grillo dijo...

walk on the wilde side

María dijo...

El amor, creo, no entiende de propiedades, de acuerdos, de duelos...
Como siempre, ¡enhorabuena!

Emma dijo...

Grillo, Lansky , creo que es walk in the wild side, de Lou Reed. Pero no estoy segura.

Gracias Maria, además el amor no necesita reciprocidad para exista.

Lansky dijo...

Como diría Grillo, ¡qué guapa eres, ladrona! (me gusto conocerte)

Emma dijo...

Gracias Lansky, a mi también me gustó mucho conocerte ( y a Vanbrugh y a Grillo y a Miros) Tenemos que repetirlo.

Ariadna dijo...

Hola Emma,

¡Feliz año! me ha dejado un poso agridulce este cuento, me gusta mucho como describes ese amor desesperanzado e inevitable.

Yo también detesto esos vacíos del alma. Mejor sentir dolor que no sentir nada, no?

Un abrazo

PS. Genial la cita de Auden

Emma dijo...

Gracias Ariadna, feliz año nuevo para ti también.

Lo que se siente después de que se agote el dolor del desamor, eso que se siente, creo que es a lo que Auden se refería en realidad. Si el amor no dura para siempre qué es lo que queda después?

En fin, yo no sé.

Otro abrazo.

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