Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

lunes, febrero 14, 2011

No era la niebla


"The fog comes

on little cat feet.

It sits looking over

harbor and city

on silent haunches

and then moves on"


Así que no era la niebla.

Encarna apagó la radio.

Pero a ella se lo parecía. Además, la ciudad portuaria siempre había recibido aquellas visitas. Venía la niebla y, durante unas horas, no se veía más allá de los zapatos. A ella siempre le había gustado de pequeña, sentirse un poco invisible de camino al colegio. Por eso aquella mañana no le había molestado salir de casa y verlo todo borroso, que no era borroso la palabra, seguro, en la radio habían dicho algo diferente, pero ella sabía lo que se decía.

Se miró en el espejo del recibidor de la oficina. Tenía ojos grandes y negros, con ojeras violáceas debajo. La nariz roma, enrojecida a causa del frío, el labio superior ligeramente hinchado. El pelo, negro y largo, se le enroscaba en las puntas, y siempre lo llevaba recogido en alto. El cuello era esbelto, como su talle, a pesar de haber parido ya tres hijos, entre sus senos bailaba una cruz dorada, que ella besaba distraídamente algunas veces.

Tenía treinta y nueve años y limpiaba oficinas desde siempre. Las manos protegidas por los guantes más resistentes del mercado. Pero aun así tenía callos debajo de cada falange, a veces los mordisqueaba como un animalito herido.

Aquella mañana le tocaba limpiar por primera vez el despacho de un abogado. Era un piso alquilado en un alto edificio de oficinas cerca del puerto. Encarna dejó el transistor sobre la mesa del recibidor y miró a su alrededor, no iba a suponer mucho trabajo, sólo quitar el polvo, vaciar los ceniceros, fregar el baño y pasar una fregona empapada en cera sobre el parqué. Al abogado le había visto una vez, cuando le había dado las llaves del despacho y le había explicado donde se encontraban los productos de limpieza. Era un hombre adusto, que se tomaba en serio dar órdenes, que se tomaba en serio la vida y por eso llevaba esos ojos tan secos detrás de las gafas.

Ella sabía mucho de la gente, de eso estaba segura, nunca se le escapaba el alma de las personas.

"Soy como una gitana", pensó

Y enchufó la aspiradora.

Durante unos minutos sólo se oyó el zumbido del motor, la cruz que pendía de su cuello apuntaba al suelo, pensaba en lo que iba a poner para comer, en que no entendía por qué habían dicho en la radio que era contaminación y no niebla, en que desde luego cada día parecía cambiar todo un poco.

De repente, el aspirador se detuvo. Encarna miró por encima de su hombro. Estaba desenchufado, tenía que haber dado un tirón brusco, enderezó el cuerpo, y volvió a enchufarlo. La máquina se puso inmediatamente en funcionamiento y ella volvió a aferrar el tubo aspirador con ambas manos.

Ahora pensaba en palomas, en todas las palomas que había en el andén, cuando había bajado del tren esa mañana temprano.

"Palomas entre la niebla", se dijo.

Y le gustó aquello.

Otra vez el aspirador volvió a detenerse y esta vez miró hacia el enchufe, sorprendida, no había dado ningún tirón ni nada, o quizás el cable era uno de esos elásticos que volvían a su tamaño original a los pocos segundos, pero no, no era eso. Encarna miró fijamente al cable en el suelo, desconcertada.

Luego, levantó los ojos y los posó en la ventana, la niebla o la contaminación, lo que fuera, era ahora tan densa que apenas se veía nada, tan sólo los contornos de los edificios de enfrente. Nunca había visto algo parecido. Podía oír el eco de las sirenas de los barcos lejanos, como si estuvieran pidiendo auxilio. Encarna se daba cuenta de que, esta vez, era peor que todas las otras veces.

¿Sería peligroso?, se preguntó. Pero por qué iba a serlo, era sólo niebla, por mucho que dijeran, y avanzó hacia la ventana, pensando que podría abrirla, sacar la cabeza, respirar un poco de aquel aire envenenado.

Al alzar el brazo una tacto helado la detuvo, se volvió, muda, los ojos muy abiertos, el corazón paralizado.

Era una mujer la que le había tocado, una mujer junto a ella, mucho más baja, con una melena oscura, los ojos redondos, casi infantiles, vestida con uno de esos uniformes de las contratas de limpieza. Estaba muy seria, y Encarna se relajó un poco al pensar que quizás había habido un malentendido, que el abogado había contratado a las dos para limpiar el despacho el mismo día.

Pero al despegar los labios se dio cuenta de que aquello no era posible.

-¿Qué te pasa?

Le preguntó eso porque ya sabía que ella no era de ese mundo, era como cuando pensaba que conocía a alguien y luego resultaba que no era así, que tan sólo le recordaba a alguna persona que salía mucho por la tele. En este caso había oído historias parecidas a esa, aquella era una ciudad de niebla y de fantasmas.

La mujer se encogió de hombros, y Encarna buscó la cruz con la mano, la apretó fuerte, luego se llevó la otra mano a la cara, tocándose para comprobar que aún estaba caliente, viva.

-No creía que me iba a pasar esto. Yo no quería…- comenzó a decir.

-¿Y qué es lo que te ha pasado?

Encarna consiguió rehacerse y hablarle con dulzura.

La mujer señaló la ventana y luego miró en dirección a la aspiradora.

-Yo estaba aquí un día de niebla. Me asomé a la ventana, me senté sobre el alféizar, levanté las manos, quería llegar arriba, quitarle el negro… y resbalé, no sé por qué, pero resbalé…

Sí, creía recordar haber leído algo sobre aquello. Quizás sucedió el invierno pasado. Lo habían dicho en las noticias.

-Yo no quería morir, ¡Yo quería vivir! Pero no lo sabía… yo quería vivir tanto, tanto, tanto, quería hacer tantas cosas… ¡y no lo sabía! ¡No lo sabía!

Sus ojos se detuvieron durante un instante en la nada, como si buscaran desesperadamente algo a lo que asirse. Luego, hundió la cara entre las manos y rompió a llorar, desconsoladamente.

Encarna apretó los dientes y tendió una mano que no llegó a rozarla.

¿No era la vida puta, putísima?



Más tarde, Encarna regresaba a su casa corriendo, cruzando el andén, quería llegar a tiempo para preparar la comida. Las palomas zureaban entre sus pies, desconcertadas.

29 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

La niebla parece la condición atmosférica necesaria para que asomen los fantasmas. Pero, en este caso, no era la niebla. Y algo muy raro y amenazador tenía que ser (contaminación es sólo cómo lo llaman en las noticias) para que las palomas zurearan desconcertadas (me gusta ese verbo, zurear).

Tus cuentos me parecen muy visuales y, al mismo tiempo, como de escenas discontinuas a cámara lenta. Veía esta vez a Encarna, me imaginaba esa cruz dorada entre sus pechos (cuánto dice ese detalle).

En fin, que me ha gustado.

Emma dijo...

Gracias Miroslav. Es un cuento sencillo, un pequeño homenaje a las palomas y a la niebla y a los fantasmas.

Un beso

Antonio de Castro dijo...

A mí también me ha gustado. No hay nada que situé más en esa “otra” realidad que una ciudad portuaria o un pueblo junto al mar, es inevitable que sea entonces cuando los fantasmas traten de comunicarse con nosotros.
La niebla me trae siempre tres buenos recuerdos: uno, la imagen del chaval de “Amarcord” cuando va al colegio por la mañana y se encuentra con un buey a pocos metros. Otro, cuando la ría donde paso el verano se cubre de niebla y hay que regresar al puerto o fondear cerca de la costa hasta que despeja. Y otro más, una vez que fui a dar una vuelta en moto por los caminos y los montes cerca de mi casa, me pilló la niebla, me perdí y tuve que terminar preguntando en una casa por dónde quedaba la carretera de vuelta, que quedaba mucho más lejos de lo que yo había imaginado.
Un saludo.

Antonio de Castro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Antonio dijo...

PS en el edificio parisino que se ve en la foto trabajé durante tres años, y juro que en una ocasión coincidí con unos fantasmas en una de las plantas superiores (unos fantasmas como los de tus cuentos, quiero decir)

Emma dijo...

Tienes que contar lo de los fantasmas, Antonio. Es importante que lo hagas.

Yo tengo dos recuerdos asociados a la niebla : Uno, cuando tenía unos doce años, cayó en mis manos un libro sobre un niño que salía de su casa una mañana de densa niebla, y que cuando volvía a su casa después del colegio descubría que todo había cambiado, su padre no era su padre aunque le hablase como siempre, los muebles habían cambiado de sitio, su vida entera había desaparecido. No recuerdo el título, ni quién me lo dejó, no sé tampoco quién lo escribió , pero nunca olvidaré la desazón que me produjo, y todo lo que me angustié por el destino de aquel niño que lo había perdido todo a causa de la niebla.
Segundo recuerdo, cuando vivía en el condado de Clare, al oeste de Irlanda, una noche despejada de cercanas estrellas, volviendo de una excursión en coche a Doonbeg, un pueblecito perdido cerca de la costa. De repente, al doblar una curva, venida de la nada una nube de niebla cae sobre el coche empañando de tal manera el cristal que el conductor se ve obligado a detener el coche, dejándolo en la exigua cuneta. Salimos los dos del coche, son las dos de la madrugada. La niebla ha desaparecido, a nuestro alrededor la quietud del campo, las estrellas en lo alto lanzando guiños y, en el borde del talud, oculta entre las sombras, se recorta claramente la silueta en forma de cruz de una tumba. Los dos pensamos lo mismo y subimos al coche con el corazón helado por el miedo.
La nube de repentina niebla había desaparecido.

Lansky dijo...

Me gusta la niebla
Me gustan los fantasmas
Me gustan los puertos
Me gusta lo que escribe Emma
Me gusta Emma

(No necesariamente por este orden)

Emma dijo...

A mí también me gustas tú.

C.C. dijo...

Un verdadero "fog" londinense tuve la suerte de experimentar en los 60. Tuve la suerte, porque no era nada corriente, a pesar de la fama que tenía, y algo verdaderamente impresionante. No pude ver ni la punta de mis zapatos. El color de esta mescla de algodón y de muro opalino era amarillo sucio. Di dos pasos en la acera, y volví a casa ante el peligro de darme una hostia segura. No te hablo del olor. Soy incapaz de definirlo. ¡Puah!

C.C. dijo...

Yo me pierdo, Antonio. ¿ De qué foto hablas ?

Antonio de Castro dijo...

La foto del perfil, abajo de todo, donde esta el archivo del blog y la lista de blogs enlazados.
Hace mucho tiempo lei en algun lado (probablemente una de aquellas revistas de divulgacion cientifica que habia a mediados de los 80) que la famosa niebla londinense, la que Sherlock Holmes y Watson veian desde su ventana del 221 de Baker street, no era tal sino consecuencia de la contaminacion que trajo consigo la revolucion industrial. Y en aquel momento considere que quien habia escrito esa patrana era un perfecto aguafiestas.

Lansky dijo...

Pero es cierto, Antonio, el famoso 'smog' londinense es resultado, junto al clima neblinoso, de la contaminación de la combustión del carbón galés con altos contenidos en azufre, se estudia en todas las ingenierías ambientales y se llama Londo type Pollution, como la producida por los coches (la de Madrid) se llama type Los Ángeles

Emma dijo...

Hoy precisamente ha amanecido con esta "grisaille" tan común en Bruselas. Las palomas grises son los ruiseñores de la ciudad, y una no sueña más que con veranear (hemos venido al mundo a veranerar, hemos venido al mundo a pasar el verano, estamos aqui para columpiarnos en las hojas de los árboles como las cigarras)
Sí, te lo he copiado del blog, Lans.

Yo estuve una vez en Londres en un raro día de mucho calor y era igual de asqueroso, C.C. Londres me atrae y me repele a partes iguales.

Me gustaban los relatos de Sherlock Holmes, porque todo estaba ordenado y en su sitio, igual que el "smog", que cumplía su función. Me gustan las historias donde todo tiene una explicación, como la página final de las novelas de Agatha Christie. Quizás en contraste con mi inconstancia y un leve desorden vital.

Antonio, flipo que hayas reconocido el hotel. He de reconocer que creía que estabas fantaseando con la idea del difuso edificio de la foto del cuento, que te recordaba a un hotel en el que habías trabajado. Claro que olvidé que vives en París, y yo esa foto me la tomé en Paris, en Octubre del año pasado. Hacía sol, estaba sentada en un parque, no sabía que el edificio de enfrente era un hotel en el que, además, tu habías trabajado y en el que te habías topado con un fantasma.

Cuéntalo por favor!

Antonio de Castro dijo...

Yo tambien sueno de vez en cuando con el verano: despues de llevar unos meses aqui empiezo a sonar con el mar y con que estoy en mi lanchita y no hay nadie en la ria, fondeo frente a una playa con marea alta y voy nadando hasta tierra y trepo por las ramas de algun arbol que llegan hasta el agua; en fin, esas cosas.
En esa manzana de la Rue de Rivoli esta el hotel Saint James & Albany (donde transcurre un episodio del “Viajes con mi tia” de Graham Greene) y unos apartamentos al lado que ofrecen los mismos servicios. Los fantasmas los vi poco antes de irme, unas semanas antes del incendio que contaba en el blog de C. C. La cosa es que habia un fulano que venia al hotel y daba un numero de habitacion cualquiera como si hubiera quedado con un cliente, pero en realidad venia a utilizar los servicios, de donde salia transformado en mujer. Hasta que el psicopata que teniamos de jefe en el turno de noche lo descubrio y lo echo a patadas, pero el tipo siguio viniendo. Cuento esto porque puede que sea el origen de los fantasmas que me encontre, de la manera siguiente: una noche empece la ronda por los apartamentos contiguos. Subi arriba de todo en el ascensor, y al abrir la puerta para bajar las escaleras planta por planta, alguien la cerro desde el otro lado. Hay que decir que, un par de meses antes, me habia cruzado en los servicios del hotel con un tipo armado con dos cuchillos que en principio supuse un cocinero, pero que, como descubrimos al dia siguiente, resulto ser un colgado que venia de cargarse todas las puertas de los vestuarios del servicio de mujeres. A pesar de eso seguiamos siendo solo dos vigilantes para un hotel de ciento noventa habitaciones donde la mayoria de las camaras de seguridad no funcionaban (y ademas luego supe que las grabaciones se borraban cada pocos dias, de forma que nunca se descubrio al autor de un robo de la caja fuerte de la recepcion por culpa de eso). Asi que estaba harto de jugarme el tipo y pase de la ronda, baje en el ascensor, volvi a la recepcion y le explique todo al jefe, que se abstuvo de ir el a los apartamentos y llamo a la policia.

Antonio de Castro dijo...

Al dia siguiente, cuando hacia la ronda por una planta del hotel, sali del ascensor y gire a la izquierda, pero antes de hacerlo vi a alguien pasando por el pasillo que habia a mi derecha, a unos cincuenta metros de donde estaba yo. Este no llevaba cuchillos, asi que fui hacia alli, pero cuando llegue el tipo no estaba, y yo no oi cerrarse la puerta de ninguna habitacion (de haber abierto, entrado y cerrado en alguna no le habria dado tiempo a hacerlo antes de que llegara yo y cerrar sin hacer ruido, porque las puertas se abrian con unas jodidas tarjetas que habia que manejar con mucho tino). La unica posibilidad era que se hubiera ido por la escalera de servicio, cuya puerta era tambien muy ruidosa. Se me ocurrio que el cabron podia haberse apostado detras de la puerta esperando que yo la abriera, asi que volvi a la recepcion y le dije al jefe lo que pasaba, y que si queria subiera el o llamara a la policia, que yo era vigilante nocturno pero no guardia de seguridad y cuando hubiera el problema grave que acabaria habiendo, no queria ser yo la victima. El jefe llamo a la poli, tuvimos otra de esas noches agitadas que habia de vez en cuando y nadie encontro al fulano del pasillo.

Finalmente, unas semanas despues, al hacer la ronda y llegar a la tercera o cuarta planta, encontre frente a los ascensores los dos carros que los botones utilizaban para llevar las maletas y habrian olvidado alli. Meti un carro en cada ascensor, los mande a la planta baja, y un rato despues, cuando volvi de hacer la ronda, me encontre con que un carro estaba en su correspondiente ascensor, pero el otro ascensor estaba vacio. Subi en el ascensor hasta la septima planta para luego ir bajando planta por planta a ver si el carro estaba en una de ellas, y al llegar y abrirse la puerta, alli estaba el jodido carro. Puede que todo hubiera sido cosa de algun cliente chistoso, pero eran las tantas y durante la ronda no habia oido cliente alguno.

Y eso es todo. No es nada poetico, mi comportamiento no fue precisamente heroico y en realidad no se si se puede hablar de fantasmas propiamente dichos, pero en aquel momento tuve la sensacion de que lo eran, o de que yo me estaba volviendo loco. Al contarselo a mi hermano me dijo que igual era ya el momento de marcharme de aquel hotel de los horrores (esas fueron sus palabras), lo que hice poco despues.

Antonio de Castro dijo...

Una pequena aclaracion: el pasillo donde estaban los ascensores era perpendicular a aquel donde vi al tipo (formaban una T), por eso lo perdi de vista cuando fui hacia el; quiero decir que no desaparecio delante de mis narices. Y no me enrollo mas, porque esto va a parecer "El misterio del cuarto amarillo" (que mas quisiera yo...)

Emma dijo...

La verdad es que hacer la ronda por los pasillos tú solo, en un hotel tan grande, y con tan inquietantes huéspedes me parece muy valiente por tu parte, no hace falta que te diga que yo, por supuesto, ni me lo hubiera planteado. Todo apunta a que, efectivamente, había un fantasma "fooling around" al que no le gustó nada saber que estabas por los pasillos. O quizás le caías bien y se propuso darte un empujoncito para que te largaras de allí cuanto antes.
Hoy han dicho en la radio que un porcentaje muy alto de policías belgas abusan del alcohol a diario(y lo justificaban por la dureza de su profesión y la cantidad de tragedias que habían tenido que presenciar) Me pregunto qué ocurre entonces con los que hacen el turno nocturno de los hoteles, tantos fantasmas y tanto silencio, cuáles son las sustancias que se suministran que les ayuden a seguir.
No tiene mucho que ver, quizás.
No sabía nada sobre " la habitación amarilla" Y me ha encantado descubrirla.
Gracias y buen fin de semana!

Anónimo dijo...

Todo es máscara. Con palabras, envuelves el fulgor del cielo en nieblas,

Fausto.

Emma dijo...

Fausto, gracias.

Grillo dijo...

Lo de Antonio Castro es SIEMPRE muy interesante.
Qué tío.

Grillo dijo...

Y no he comentado nada de tu post, Emma, porque me dejas helado. Eres tan misteriosa...

Emma dijo...

Bueno, yo no soy "tan" misteriosa como tú Grillo :)

Grillo dijo...

Emma, lo mío al fin y al cabo es un sí es no es 'humorado'... Lo tuyo inquieta; y más con lo joven que eres.

Si tuviera 50 años menos intentaría ligar contigo, (pero con bastante canguelo...)

Emma dijo...

No soy tan joven que nací un poco vieja, Grillo, me di cuenta hace poco. Eso impide que me gusten los jovencitos, porque como decia Picasso "se necesitan muchos años para ser joven"

Es una pena que los hombres jóvenes de verdad no se atrevan conmigo porque no se crean dignos?

No sé Grillo, en todo caso mejor "humorado" que enamorado.

Antonio de Castro dijo...

A mandar, Grillo.

Grillo dijo...

EMMAAAAAAAAAAA !!!!

Chica, cuéntanos cómo estás de la muela, que nos tienes en sin sinvivir.

mono magnético azul dijo...

esos perros son parte de mi
me alegro de haber despertado en alguien sentimientos nostálgicos

mono magnético azul dijo...

"vivir tanto, tanto...
hacer tantas cosas"
los días transcurren, a veces son gloriosos, en la tiranía de lo cotidiano. ¿qué hacer? pero tu relato es como un sueño, los sueños invaden mi vida, pesadillas, espacios inmensos y lentitud.

Emma dijo...

Mono, tus fotografías son preciosos poemas. Lo de los perros me dejó sin aliento, de verdad

Mi relato es pegajoso, al menos intenté darle ese tacto, pero es bastante difícil

Un beso

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