Los cuentos ya no se registran

lunes, mayo 09, 2011

Nunca supe si fue mi novia



Y no volví a verla. Es curioso cómo a veces dices adiós a alguien sin saber que no vas a volverlo a ver. No es que sea algo que me quite el sueño, la verdad, pero si lo piensas es una de esas cosas raras que las personas hacemos todos los días, despedirse una y otra vez, al salir de una tienda, al terminar la jornada de trabajo, los domingos como hoy, después de la usual paella en casa de los viejos. ¿Y si no vuelvo a verles más? Pero nunca pienso en eso al salir de casa con la barriga llena, como mucho medito un poco en lo que hará mi madre con el resto del domingo, me la imagino fregando los platos mientras su marido ronca en el sofá, con el periódico caído sobre el pecho.
Y es que hasta ahora no he conocido nunca a nadie con una imaginación tal que pueda vencer y sobreponerse con dignidad a la sobremesa del domingo, a cualquier domingo por la tarde. Me imagino que esa es la razón por la que me dan tantas ganas de irme de putas los domingos, la idea tira de mí con tal fuerza que un día de estos no me voy a poder resistir más, aunque he de reconocer que nunca fui un tipo con una gran fuerza de voluntad. Para daros algunos detalles sobre mí: todavía meo en la calle cuando vuelvo de marcha los sábados por la noche, y he visto todas las temporadas de la serie esa de sexo en nueva York que le gusta a mi novia

Pero no quería hablar de mí. Quería hablar de ella, nunca supe si fue mi novia, y aun así hay días como hoy en los que la echo de menos a morir, como en una canción cualquiera de cadena dial. Yo sé por qué me sucede eso, y es ni más ni menos porque yo era un soñador empedernido. Sí, yo, era, el que escribe estas líneas

Y como creo que tengo que explicarme os contaré un poco más. Rondo los cuarenta, pero no quiero pensarlo mucho, cuando la gente me lo recuerda yo desconecto enseguida, bastante tengo con lidiar con el presente como para encima acordarme de que tengo un pasado cada vez más extenso. Vivo con Ana, no nos hemos casado pero hemos comprado el piso a medias, con eso es suficiente. Soy un ex soñador y ya está, sabiendo esto y lo de la serie de sexo en nueva york ya os podéis hacer una idea aproximada de mi. Lo que pasa es que últimamente me da por pensar en ella, quizás porque cuando la conocí yo era un proyecto de persona más interesante de lo que soy ahora, ahora soy un gilipollas, lo reconozco, y en aquella época sin embargo… no sé, igual era un gilipollas también. La primera vez que nos vimos me acuerdo que era verano y yo trabajaba en una oficina sin aire acondicionado, achicharrado como un pollo todo el día, era mi primer trabajo después de la universidad, quería ser detective, os lo juro, por eso digo que yo era un ser casi interesante. Me habían contratado en practicas en una agencia de detectives- siempre cuento la misma historia cuando estoy borracho- y ella era la chica que se encargaba de ir a las comisarías para acceder a las denuncias o antecedentes de los tipos a los que seguíamos. No era un bellezon pero tenía algo irresistible, no sé, los ojos alegres, la forma de hablar, ponía mucho énfasis en lo que decía, y le gustaba observar, le gustaba la gente. Por eso me sentí tan bien cuando descubrí que ella se fijaba en mi, me hizo desear más que nunca querer tener una personalidad especial, y empecé a leer libros, novelones de esos tochos que tenía mi viejo por ahí olvidados, hablo de “Crimen y Castigo”, cosas así, y empecé a dejarme barba y a quedarme hasta muy tarde en esa achicharrante oficina haciendo cosas para ella, por ejemplo pasándole los apuntes de la carrera a máquina - ella no me lo había pedido pero yo me había ofrecido voluntario para hacerlo- o redactando cartas solicitando empleos para ella en despachos más importantes que esa oficinucha sin futuro. No tenía ni idea de por qué era tan servicial con ella, yo no soy una persona servicial, pero supongo que era mi manera de quererla y además, me daba exactamente igual lo que ella pensase de mi por hacer esas cosas, eso era lo mejor de todo, nos quedábamos hasta tarde por los bares de Madrid, hablando haciendo planes y yo pensaba que formábamos un gran equipo, que los dos llegaríamos muy lejos juntos, gilipolleces de esas.

El caso es que a pesar de vernos todos los días sólo nos besamos una vez, y aunque tuvimos nuestros momentos nunca llegamos a estar realmente juntos, íntimamente hablando, se entiende. Con Ana sin embargo nunca tuve esa clase de ensoñaciones, follamos cuando nos conocimos, desde el principio teníamos claro que no queríamos estar tonteando el uno con el otro, fuimos directo al grano. Ir directo al grano. Creo que odio esa expresión.

Y todo esto que cuento qué carajo le importa a nadie, y qué nauseas me estoy dando a mi mismo… Ana mira la tele mientras se pinta las uñas de los pies y yo tecleo su nombre en internet y me digo que la tecnología al alcance de todos ha tenido que joderle la vida a más de una agencia de detectives en el mundo. No aparece en ninguna de las redes sociales, eso me alivia, pero tampoco está en las páginas amarillas, aunque encuentro su nombre debajo de la palabra abogada, se me enciende una lucecita, creo que ya sé cómo encontrarla.
Nunca he sido un “play boy” pero me acuerdo de repente de mi libreta negra, en ella apuntaba el teléfono de todas las chicas con las que conseguía tener “algo”. En ese tipo de cosas reconozco que sigo siendo un niño, guardo sobrecitos de azúcar entre los recovecos de mi cartera que me recuerdan a algún café que me gustó en vacaciones, además de toda clase de chorradas en una caja de zapatos a la que Ana nunca ha prestado atención. Voy a la habitación y abro la caja evitando mirar deliberadamente al resto de tesoros que la habita como cordones de zapatos, linternas, llaveros, un condón ya caducado que me dio un amigo en una lejana noche, una caja de pastillas para la tos, una estrellita brillante de purpurina que me encontré brillando en el asfalto. Abro la libreta negra y allí está el número, lo memorizo y, sentándome sobre la cama, levanto el teléfono. Como hasta ahora lo he hecho todo sin pensar demasiado dejo que sea mi voz la que hable cuando al otro lado alguien descuelga el auricular. Me conozco y sé que cuanto menos piense al hablar mucho mejor.
-Hola, buenas tardes, ¿podría hablar con Clara Martínez por favor?
-¡Clara! ¡Ella ya no vive aquí.
- ¿Ah, no? qué raro, me han dado este teléfono…era para hacerle una consulta.
- Espere, le doy el número del despacho, ella estará allí aunque sea domingo… tome nota…
- Muchas gracias, muy amable.
Ya está, cuelgo y miro las cifras que he anotado con estupor. Aún no has conseguido nada tontaina, ahora tienes que llamarla, aunque quizás no sea este el mejor momento para hacerlo pero ¿es que acaso hay un buen momento para llamar a una chica que nunca fue tu novia hace más de trece años ? Miro el número de teléfono como un pasmarote, y oigo a Ana bostezar ruidosamente frente al televisor. Pienso que más me valdría irme de putas que ocupar la tarde en torturarme de aquella manera, pero ahora que he empezado no puedo echarme atrás. Esto es ahora o nunca, besugo, la única oportunidad que se ha presentado en todos estos años para llamarla y preguntarle por qué… ¿por qué? ¿Por qué qué?
-Maldita sea- y marco apresuradamente, odiándome por todo lo que nunca me atrevo a detenerme a pensar.
Me responde su voz, es inconfundible, las voces nunca se van, ya puede uno convertirse en un montón informe de carne, quedarse sin pelo, perder hasta el último gramo de músculo o de dignidad que la voz sigue siempre allí, como el primer día, sólo el llanto o la bronquitis pueden con ella, o quizás también la muerte, o quizás no, quien sabe si las voces no se reencarnan como las almas, en ese caso seguro que yo tengo la voz de un boxeador que murió de un derechazo directo a los cojones.
-¿Clara? ¿Eres tú?
Qué pregunta más estupida. Pero ella me reconoce enseguida. Siempre fue muy lista para estas cosas.
-¡Joder! ¡Pues claro que soy yo! ¿Y tú? ¡No puedo creerlo!
Está contenta, genuinamente contenta, y por un momento yo también me siento feliz, me golpea con fuerza el corazón dentro del pecho y casi vuelvo a sentirme como antes, como cuando estaba enamorado y lleno de proyectos, con ella, o yo solo, o los dos juntos. Pero súbitamente mis ojos tropiezan con el visillo que la madre de Ana nos hizo para la ventana del dormitorio y la verdad cae sobre mí como una losa. Me siento morir.
-Bueno, yo no estoy mal- susurro- llevo en el paro unos cuantos meses, casi un año… no, no me va tan mal, de verdad, se me acaba la prestación por desempleo en un par de meses, todavía puedo aguantar…
Otra vez oigo su voz cristalina.
- Pues yo con mis ahorros me compré un terrenito en el campo. Me estoy haciendo una casa muy despacio. Casi cada año ponen una línea de ladrillos, no tengo dinero para pagar más que a un albañil. Calculo que cuando tenga ochenta años podré irme a vivir allí.
Y se echo a reír, sin haberle prestado atención a mi fingida tragedia. Eso me encantó, otra vez las campanillas dentro de mi cabeza, me olvido del visillo y obvio el hecho de que Ana ha debido apagar la televisión, porque ya no se oyen risas enlatadas.
- Oye, ¿Y donde esta eso? Ah, en medio del monte... Ya sabes que yo soy un manitas, si tu quisieras podría echarte una mano… si, cualquier cosa, lo que sea… oye, a mi no me importaría pasarme por allí y echar un vistazo, te lo digo en serio, con el corazón en la mano.
Y para demostrárselo me llevo la mano al pecho, ella se ríe, no me toma en serio. Yo tampoco me tomo en serio, pero en este caso querría que por una vez en mi vida fuera capaz de hablar en serio, de creer que puedo terminar algo, de vencer mi tendencia a repasar la sección de prostitutas del dominical sin decidirme nunca a hacer nada. Me tumbo sobre la cama y contemplo el techo mientras ella me cuenta cómo quiere que sea la casa, y la ilusión que le hace irse a vivir al campo, luego comienza a hablar de su trabajo, de sus padres, y otra vez la imagen de mi vieja fregando los platos me cruza por la cabeza, el huerto que va a plantar, los tomates tan ricos que se va a comer, lo harta que esta de tanto capullo y de madrugar, se ríe, odia madrugar, ya no tengo ninguna ilusión más que esto, me dice.
“Al menos tu tienes alguna” pienso.
-Escucha Clara, yo he trabajado en la construcción todo este tiempo, estoy en el paro, a mi no me cuesta nada ir cada fin de semana allí y ayudarte a construir la casa. Todos los domingos por la tarde podría hacerlo. Todos. Sin excepción.
Esta vez he debido hablar con convicción porque ella permanece en silencio, meditándolo. Yo también callo, soy consciente de que me estoy metiendo en un lío pero me da igual, daría lo que fuera por hacer algo por ella, lo que fuera. Ana aparece en la puerta de la habitación y me mira, intrigada.
En ese momento Clara habla.
-De acuerdo, si te pones así… pero no podré pagarte mucho. Pásate por el despacho y hablamos, estaré aquí hasta las ocho más o menos.
- No quiero dinero. Vale, genial, hasta luego.
Y cuelgo sin todavía terminar de creérmelo.
-¿Con quién hablabas?
-Con un amigo, voy a salir a dar una vuelta- respondo, pero soy incapaz de ocultar mi alegría.
Ella me mira luchando por no gritar. Sé que es mi vivo retrato, que probablemente mi rostro de mucho más miedo que el suyo. Pero joder, hubo un tiempo al que me he atrevido a convocar, y puede que aun tenga otra oportunidad, ¿por qué no voy a tener otra oportunidad? ¿Por qué voy a dejar de intentarlo? ¡Quiero sentir Ana, quiero sentir!
Me pongo en pie de un salto, tengo que salir de la habitación.

33 garbanzos:

Lansky dijo...

Joder, Emma, qué bien nos has calado a los tíos, al menos en grandes partes, con trocitos de todos nosotros has sacado un gilipollas de lo más verosímil.

También has despilfarrado el argumento de una novela (pero ya hay demasiadas y además exigen demasiado trabajo) y a cambio has escrito un relato escalofriante y precioso: me he sentido como si me mirases por el agujero de la cerradura.

Ahora voz impostada: "aunque claro yo no soy exacta y en todo así, yo soy más guay, no sé poner ladrillos, pero tampoco me tientan las putas..."

Certera e implacable: pistolera

Emmaskarada dijo...

Gracias Lansky, en realidad queria escribir algo detectivesco ( leo la novela de Guelbenzu que recomendaste en tu blog y este cuento nacio gracias a su influencia)

Los tios me caeis simpaticos, sera porque me gusta que no trateis de impostar demasiado vuestras debilidades y eso me ayuda a la hora de escribir.

Bueno,un poco

Porque como bien dices escribir es un trabajo extenuante.

Oye Lans, por qué no puedo ver los posts de tu blog? Hace días que no lo consigo... debe ser mi ordenador.

Un beso

Lansky dijo...

Ozanu me llegó con la misma reclamación, pero luego vio que era problema de su navegador, casi seguro que te pasa lo mismo, así que prueba con otro

Lansky dijo...

He hecho una prueba y en efecto no aparece más que la caratula con el explorer, en cambio, con el mocilla firefox no hay problema. Francamente, no sé como solucionarlo, ya sé que el explorer lo usais muchos y a mi me mosqueba no tener casi comentarios

Emma dijo...

Ajá, misterio resuelto! Pero es muy raro que antes pudiera entrar sin problemas con el explorer y ahora no, no crees?

Ātman dijo...

¿Cómo se pueden querer dos mujeres a la vez? La una es la de la barriga llena y la hipoteca compartida, con la que folla pero con la que se llena de hastío. Soñador y romántico como soy, comparto más el amor de tu protagonista por la segunda, aunque creo que ella no le quiere… pero qué más da: Lo que importa es no petrificarse. Me he quedado con ganas de saber más, que la historia siguiera, que se enredara y se desenlazara, aunque es probable que todo lo que pudiera ocurrir ya se haya sugerido: Que nuestro héroe se lo currara los domingos de albañil, que durante algún tiempo mantuviera una doble vida de infidelidades, pero que visto lo visto volviera a la seguridad de su mediocre (pero verdadero) nido de amor con Ana.

Emma dijo...

Ah Atman, nunca se sabe! La vida es lo único que no se puede novelar, todo puede ser imaginado siguiendo el hilo de la realidad, por eso prefiero la invención: Siempre es más fiable.

Gracias por leer el cuento. El protagonista está ahora muy contento con la idea de tener algo que hacer los domingos. Creo con eso puede vivir con tranquilidad un año o dos.

J. M. dijo...

las paellas de los domingos eran insoportables; no obstante yo he dejado de mear en la calle cuando salgo de marcha; he dejado de salir de marcha, de hecho

C.C. dijo...

Lo leo una segunda vez y luego te digo... De momento me asombra tu capacidad de meterte en la piel de un tío.

Emma dijo...

J.M, has dejado de mear en la calle cuando sales de marcha, pero no has dejado de mear en la calle... no? los domingos hay que combatirlos con todas las armas posibles, como a la vejez, creo.

Muchas gracias C.C, lo he intentado.

Antonio de Castro dijo...

Gran retrato de una determinada mentalidad masculina bastante habitual hoy, y de esa rutina demoledora en la que el personaje se ve instalado casi sin darse cuenta, que termina llevándolo a intentar recuperar la pizca de personalidad que quizá tuvo alguna vez. Si está con una mujer pero sueña con otra es porque no ha sabido escoger, o porque ha escogido la opción más fácil, lo que parecía más cómodo, sin imaginar que eso acabaría llevándolo a reflexionar sobre su propia gilipollez y a meterse en una aventura de final previsiblemente desastroso. Es el tipo de relato ligeramente cruel (pero lo justo, sin ensañarse con los personajes) en que el protagonista cae mal pero interesa seguir sus pasos por lo bien dibujado y por lo actual que es. Sería muy interesante contar la misma historia desde el punto de vista de su novia.
(Me gustó lo del boxeador que murió de un derechazo directo a los cojones.)

Emma dijo...

Como siempre muchas gracias Antonio por tu comentario. Este era un ejercicio de "actualidad", en el que creo que sólo se puede uno adentrar bien con la técnica del diario o la confesión, y aún así tengo dudas porque creo que prefiero escribir desde una posición de atemporalidad.
Quería darle un toque cómico, por eso metí lo del puñetazo.
Un abrazo

C.C. dijo...

A mí, no me desagrada el personaje.
Hasta me resulta simpático. Padece de una especie de "midlife crisis" comprensible. Tener que vivir con una mujer que se pinta las uñas de los pies viendo la tele un domingo
por la tarde...

Emma, esta mini novela es muy buena. Te felicito.

Miroslav Panciutti dijo...

Me ha gustado mucho, Emma. Y, como a CC, a mí tampoco me desagrada el personaje y, al mismo tiempo, tampoco me siento demasiado identificado con él. Sin embargo, me provoca un flujo de empatía, esa desesperación contenida, negada a sí mismo; un rasgo muy masculino, ese de dar la espalda a nuestras emociones, nuestras ansiedades. Por cierto, la obsesión de tu personaje por ir de putas me ha recordado que tengo que retomar un post que dejé a medias sobre ese asunto de tintes autobiográficos.

En fin, que felicitaciones y un beso.

Emma dijo...

Gracias C.C, quería hacer de él un tipo más antipático pero finalmente me pudo la compasión. Soy una escritora blanda.

Un beso para ti Miroslav, y sí, el tema de los hombres y las putas da para mucha literatura. Me alegro que te haya gustado mi cuento.

Emma dijo...

Miroslav, la caida de Blogger ha arrastrado tu comentario, como si nunca hubiera existido. Escribo esto para recordarlo. Un abrazo.

David dijo...

Hola Emma, la verdad es que el personaje de tu relato está muy bien tratado, y la palabra que lo define a la perfección, como bien has captado, es la de "soñador". Es sintomático de los soñadores experimentar esos amores platónicos como le ocurre al personaje con Clara: de alguna manera tiene la necesidad de crear y creer en un ser un tanto idealizado a la manera de los trovadores medievales, por eso nunca tuvo sexo con ella ..quizá para mantener en su cabeza ese espacio de ensoñación o de pureza, como una especie de refugio poético ante lo prosáico de la vida. El tema, la verdad, tiene su miga psicológica y también tiene eso que han llamado crisis de la mediana edad..aunque yo creo que siempre estamos en crisis, que si la de la adolescencia, los 25, los 30, los 40, la menopausia... se podría decir que vamos de crisis en crisis hasta el Crack Final.
Y no puedo dejar de pensar que este personaje podría haber sido también una mujer...¡cuántas mujeres no habrá que ante la visión de sus maridos roncando mientras ven esa película que a ellas les gusta tanto, digamos, por ejemplo, Memorias de Africa, pensarán "en qué momento me dejé engatusar por este imbécil"!

POr cierto, me gusta ver a una mujer pintándose las uñas. Saludos.

Emma dijo...

Las crisis sucesivas nos ayudan a enfrentarnos a la gran crisis final? Es lo que me ha venido a la cabeza leyendo tu comentario.
Este personaje somos todos alguna vez, querer lo que no se tiene, despreciar lo que tenemos, pensar que los campos que se ven mas alla de la ventana son mas verdes que los campos en los que vivimos.
Un saludo y gracias por leer el cuento.

David dijo...

NO sé si nos preparan o no las crisis sucesivas a la muerte pero sí creo que, como dice el refrán, cada día tiene su afán y cada etapa de la vida su crisis, o sus crisis, la cuestión es sobrevivir a ellas y seguir adelante..adelante hasta el hoyo...estoy lúgubre hoy, jajaja...Pero es verdad que tu personaje representa eso tan común de andar deseando lo que nunca se tuvo bien porque las circunstancias no lo permitieron o bien porque no nos atrevimos, ¿y por qué no nos atrevimos? quizá por la intuición apenas consciente de que en cuanto intentáramos traerlo a la vida real se desvanecería como en los cuentos el encanto propio de las ensoñaciones. Así tu personaje, porqué no intentó nunca ir más alla con Clara? Puede que porque Clara no le dio pie a ello o quizá también porque cmo soñador, o ex soñador, prefirió mantenerla en una especie de idealismo inmaculado, que contrasta con sus deseos de irse de putas..es esa dualidad y esas contradiciones internas que todos tenemos sin distinción de sexos, por que por un lado nuestra mente sueña pero por otro nuestro cuerpo desea, y lo suyo desde luego es que ambos converjan. PUede que sea una suerte de inmadurez, si entendemos la madurez como la aceptación de la vida tal cual es e intentamos exprimir de ella, en la realidad y no en la fantasía, todo lo que nos da con sus luces y somras, aunque por otro lado suene a derrota y a entrega de armas....un lío

Buen domingo Emma y gracias por estos momentos de reflexión que tu relato provoca. Saludos!

Emma dijo...

Gracias a ti David, me acompañas.

Blanca dijo...

Espero que me dejes a mí acompañarte también, como has dicho a David, porque llegar me ha costado y no pienso moverme. Ya sabes, me quedaría sin una media costilla o algo parecido después de un año con risas, sobre todo, que no se van a ir al garete.
Me ha gustado mucho y, tendría que añadir muchos pensamientos ocultos, al relato por meterte tan bien en la piel o el pensamiento de un hombre.
Necesitaría decir muchas más cosas, pero más íntimas también, para que comprendieras lo que quiero decir.
Dicen que todos los hombres tienen una parte femenina escondida, ¿pero ellos piensan, o saben, que algunas mujeres tenemos capacidades ocultas para transmitir otras cosas?
No quiero seguir escribiendo porque vaya tostón te estoy dando.
¿Vale un besazo enorme?

Emma dijo...

De tostón nada, encantada. Creo que alguna clase literatura surge de la incomunicación, incluso de un deseo de comunicar sentimientos ficticios, aunque uno mismo sepa que no es real lo que se siente, esa incomodidad invita a uno o a una soltarlo, para ver si alguien comprende, si mi recuerdo puede ser visto o, definitivamente, olvidado para siempre. En este caso una a veces se siente hombre, o cree que se siente hombre, y puede hablar por la boca de uno de esos hombres que observa. Lo que pasa es que no es exactamente así, sino que en el fondo- no deberia desvelar la técnica- todos somos iguales y casi todos entendemos las mismas cosas.
Yo, por ejemplo, nunca tuve una madre como la tuya, pero podria escribir que la tuve, y empeñarme en que me crean.
No se si me explico, en el fondo esto es tan sólo un juego, y además, a la gente cada vez le gusta menos jugar... yo misma incluida.
Un beso para ti también y muchas gracias por tu entusiasmo. De verdad

Antonio de Castro dijo...

Hace un rato terminé de leer “On Chesil beach”, una novela de Ian McEwan que me impresionó bastante y me recordó mucho a tu relato. Está situada a principios de la década de los sesenta, y a partir de una anécdota nada trivial hace un retrato de dos personas que pueden ser representativas de la juventud de aquel momento, y nos muestra cómo evolucionaron desde entonces hasta hoy. Dentro de diez o de veinte años, leyendo muchos de los cuentos que vas poniendo en el blog se podrá tener una idea bastante ajustada de determinadas formas de pensar, de sentir y de relacionarse propias de nuestra época (aunque no siempre, o no necesariamente, las más habituales). Creo que uno de los grandes méritos de estos relatos está en la capacidad de expresar esos sentimientos y de mostrar esas relaciones de una forma exclusivamente literaria, a través de unas tramas perfectamente construidas y de unos personajes tan bien dibujados.

Emma dijo...

Antonio, no sé qué decir, la verdad es creo que no hay un patrón de personaje o relación muy dibujado en mis relatos, yo no soy un ejemplo de nada de esta época, quiero decir, me fui de mi país hace unos cuantos años y he vivido- y vivo- bastante aislada en el sentido de que no tengo un circulo de amistades amplio, mas bien diría que es reducidísimo, por lo que no reflejo la realidad cotidiana que me rodea, sino mas bien lo que me viene a la cabeza (que es bastante heterogéneo la verdad). Por eso no creo que mis personajes o relaciones esten bien definidos y bueno, ya sabes lo que opino de mis cuentos y no es falsa modestia, es la verdad, creo que algunos, muy pocos, se salvan. Y no tengo ningun problema en decirlo, pero no me importa. Solo con tener lectores como tú me basta. Muchas gracias. Un beso

Anónimo dijo...

Amargo y excelente. Entre un domingo de putas cansadas y los ulrimos lametazos de un perro contra el plato vacio. Que tipo de persona podria encerrar su pasado en cajas de zapatos? Un gusano de seda?

Emma dijo...

Alguien que añora algo que nunca tuvo, querido anónimo, y que espera que de esas cosas antiguas que atesora nazca algun día una mariposa.
Gracias por leerme.

David García A. dijo...

Gracias, me resulta aleccionador el cuento. Nunca hace daño ni está por demás saber por acá, por donde yo estoy, como andan las relaciones amatorias por este mundo globalizado en que todo repercute. De las muecas de Ana se comprende de dónde le venía el hastío al chico. La elección por la abogada muy acertada. El ideal amoroso más cuenta debió haberle redituado. El riesgo era mucho de haberse ido de putas; eso es una lotería, al anverso satisfactoriamente si el enganche es con una chica de dulce trato, al reverso si lo es a una de chicle y cómic o de las que como posesas comienzan a meter mucha prisa. Nauseas, irritación y más hastío, puede ser un mal resultado, como si al terminar de vestirse le vaciasen al cliente una cubeta de pintura encima de la cabeza. A menos que por una meritoria asiduidad se sepa escoger acertadamente, pero se ve que el chico no estaba en esa situación.
Saludos.

Emma dijo...

Gracias David. La dulzura no está muy bien considerada en nuestro mundo global, tampoco la bondad, y el amor es más bien un trofeo. Afortunadamente todo está cambiando de nuevo y pronto volveremos a nuestras añoradas emociones ( esto es un vaticinio mío, lo sé) Un abrazo

David García Alamilla dijo...

Cuando estuve currelando en un hotel cerca de Stratford upon Avon (buenos picnics de cervezas y bocatas hicimos a la orilla del río con sus cisnes y todo..fantástico paraje) siempre planéabamos coger un tren a Londres y hacer una escapada en el día libre..al final nada, nos vinimos sin ver el cambio de guardia de los emplumados centinelas de algún palacio importante que tienen por allí...Pero cuando vaya además me apunto Primrose hill como visita obligada. Queda pendiente.
Leyendo tu relato Emma me ha recordado los sentimientos que tuve estando viviendo, por poco tiempo, en Inglaterra y Holanda...el autobús que cogíamos para acercarnos a la estacion de tren que nos llevaría a Amsterdam, era una tumba..y cuando hablaban era peor porque la lengua, indescifrable nos hacía sentir aún más como dos islas...yo creo que el cielo se puede perder, y puede que Primrose fuera el trampolín de tu personaje para recuperarlo..el cielo de la niñez. Pero luego suele pasar que una vez reconciliado con las raíces y revalorizarlas se eche de menos de nuevo la excitación de estar por ahí conociendo otros países. Es como un virus, un gusanillo..en fin. Besos Emma y cuídate.

Como puede que dentro de poco vaya por Madrid tomo nota del centenari árbol del Parterre del Retiro que dice Lansky..hasta puede que me haga una foto como buen turista.

siloam dijo...

ex soñador :)
recuerda a un tango
"De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan...
La ñata contra el vidrio,
en un azul de frío,
que sólo fue después viviendo
igual al mío...
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me diste entre asombros:
el cigarrillo,
la fe en mis sueños
y una esperanza de amor."
yo, esta temporada me quedo con la fe en los sueños.
Es muy bueno el relato, E. Bobary y A. Karenina al revés.
saludos
emma

siloam dijo...

recuerda a un tango

"De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan...
La ñata contra el vidrio,
en un azul de frío,
que sólo fue después viviendo
igual al mío...
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me diste entre asombros:
el cigarrillo,
la fe en mis sueños
y una esperanza de amor."
yo, esta temporada me quedo con la fe en los sueños.
Es muy bueno el relato, E. Bobary y A. Karenina al revés.
saludos
emma

siloam dijo...

Pues sí, te metes muy bien en la piel de un hombre. Tampoco me extraña, escribes bien y eres observadora...y al fin, siempre eran los hombres los que retrataban mujeres (eL siglo XIX es un buen ejemplo, Emma Bobary, Anana Karenina...y al final, zas , las mataban :)
ex soñador.
Me acaba de recordar a un viejo tango que habla de la fe en los sueños, Cafetín de BBAA. Yo la conozco por Calamaro:
"De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan...
La ñata contra el vidrio,
en un azul de frío,
que sólo fue después viviendo
igual al mío...
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me diste entre asombros:
el cigarrillo,
la fe en mis sueños
y una esperanza de amor."
Abrazos

Emma dijo...

Mi querida Siloam, siento el retraso en publicar tus comentarios. Por alguna razón que desconozco se quedaron descolgados en mi blog. He estado de vacaciones y no he podido verlos hasta ahora.Los publico los dos porque son dos versiones encantadoras del mismo
Me encanta ese tango!
Muchas gracias. Un abrazo tocaya

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