Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

lunes, junio 13, 2011

Primrose Hill

Había decidido que iría a Primrose Hill, se recogió el pelo en una coleta y se miró, ceñuda, en el espejo, Primrose Hill, la colina tapizada de suave hierba que parecía levantarse en olas cuando soplaba el viento. Había estado allí hacía más de un mes, con la chica que comenzó a trabajar con ella el mismo día en el hotel, le había gustado tanto aquel lugar, donde manzanos centenarios tendían sus nudosas ramas y enormes cuervos agujeraban la tierra con sus picos, que se había cuidado mucho de compartir su entusiasmo con aquella chica cuyo nombre ya no recordaba. Ella era así, cuando un lugar le parecía lo bastante bueno como hacerlo suyo, guardaba el secreto y no hablaba de él nunca más.
“Primrose Hill” murmuró.
Las gotas de lluvia golpeando con fuerza en la ventana la hicieron volver a la realidad. Porque era verdad que no estaba el día para excursiones, pero es que nunca lo estaba y si no salía de casa en su día libre no lo haría nunca, las horas se le echarían encima, se pondría a hervir pasta, se sentaría a la mesa de la cocina a leer revistas, a tomar nota de sitios a los que quería ir y nunca iría. Sus compañeros de piso se levantarían tarde, tendría que darse prisa en poner una lavadora antes de que salieran de sus cuartos, como tejones saliendo de sus madrigueras.
“Vete”, se ordenó, y apretó los labios con firmeza.
Había un cuaderno sobre su cama, un cuaderno en el que había escrito antes de irse a dormir la noche anterior, le echó un vistazo mientras se vestía. Le parecía increíble que hubiera llegado a escribir tantas cosas, pasó una pagina y se mordió una uña, pensativa, había una larga lista de gente que no le gustaba, y otra lista de gente de la que esperaba comprender más cosas, esta última apenas contenía tres nombres. Luego había pasado largo tiempo tumbada en la cama, mirando al techo con los brazos abiertos, pensando en todas las casas en las que había vivido desde que llegara a Londres, hacía cinco años ya, descubriendo con sorpresa que había olvidado el nombre de alguna de las calles. Incapaz de dormir se había levantado para buscar un plano de la ciudad y había colocado, rabiosa, cruces sobre las calles olvidadas, diciéndose que tendría que regresar una vez más. “ para volver a ver esos lugares en los que he vivido y que, si no hago el esfuerzo ahora, no volveré a ver jamás, la casa de station road, la de la puerta amarilla, o la ventana redonda en el sótano a la altura de la acera”
Por eso le molestaba la atracción que Primrose Hill ahora ejercía sobre ella, quizás debería olvidarla e intentar visitar aquellas casas en las que había vivido, aunque sólo hubiera sido un mes. “al fin y al cabo no es otro que mi rastro fantasmagórico por esta ciudad”, escribió apresuradamente y después dejo caer el cuaderno al suelo, incapaz de tomar una decisión.
Abrió la ventana para quedarse contemplando el jardín trasero empapado por la lluvia. Había un ciruelo loco y un nogal de hojas rojizas, y en el suelo a veces escarbaban los mirlos. Era curioso, si lo pensaba bien, había dejado su pequeña ciudad de provincias para irse a Londres a trabajar, a prosperar y, sin embargo, lo único que había perseguido con verdadero ahínco era a los árboles, Primrose Hill, los parques de la ciudad en los días en los que podía sentarse en algún banco a contemplar la hierba, y ahora aquel jardín al que daba su habitación y que era la única razón por la que había decidido vivir allí.
“No puede ser”
Se dio la vuelta y contempló el desorden de la habitación, después se colgó el bolso y se miró en el espejo antes de salir. Esperaba que aquel sentimiento desapareciera en cuanto pisara la calle pero no fue así, en vez de ello recordó como era en aquellos días del pasado, una espigada adolescente que acudía cada tarde a la biblioteca municipal, oía el tañido de las campanas y el aire era dulce, con el olor que anuncia el otoño, y si contemplaba el cielo con aquella adoración era porque jamás hubiera sospechado que iba a perderlo algún día, “¿pero es que acaso se puede perder el cielo? calla boba, qué estupidez”. Iba tan ensimismada que no se dio cuenta de que había olvidado el mapa hasta que no entró en el metro, hizo un amago de volver, pero no pudo esquivar al fornido pasajero que iba detrás y, dócilmente, se dejó arrastrar escaleras mecánicas abajo, contemplando, lánguida, los carteles que anunciaban el ultimo show, ojos, caras, lenguas, risas, la masa empujándola y ella dejándose llevar.
-¡Laura!
Era una chica con la que había trabajado en alguno de los hoteles de la ciudad, bajaba las escaleras cogida de la mano de un chico hindú, recordó que ella le había hablado con desprecio de su pueblo de Zamora, que nunca nunca nunca en su vida querría volver allí..
-¡Adiós!
“A ti si que no te volveré a ver” y continuó mirando, anotando mentalmente, “ojos de batracio” “cara de cerdo “ labios de tristeza infinita” “papada repulsiva” “manos como garras” “ ojos sin nada detrás” “ esa parece que está deseando matar” y empezó a sudar porque se daba cuenta de que odiaba todo aquello, odiaba aquellos pasillos estrechos, los vagones, todos en silencio, odiaba aquella gente sin nombre, de la que nunca sabría nada más que eso, lo que decían sus ojos, “y además qué más daba, ¿a quién le importaba? Y ella, sobre todo ella, ¿qué era ella allí? nadie, nada, ¿o es que quizás no era nada, nunca había sido nada? Aunque en el pueblo, allí, de camino a la biblioteca si que creía haber sido alguien, al menos eso recordaba y ahora, desde que estaba en Londres, no se había vuelto a sentir así… pero no, no iba a empezar otra vez con aquellas tonterías, tenía que cambiar, adiós caras feas, buscar ahora las bonitas, chico con ojos alegres, y aquella mujer, le gustaban sus pendientes, y esa otra subraya el libro que lee y parece feliz, parece que va a llegar a casa y va a cocinar un bizcocho o a hacer el amor, debe ser genial llegar a casa y lo primero que tengas que hacer, antes de quitarte la chaqueta, es hacer el amor”
Por fin volvió al exterior, la lluvia había parado y asomaba tímidamente el sol. No sabía donde estaba, y decididamente ahora iba a Primrose Hill, aunque se había equivocado de dirección, no conocía aquel barrio, volvía la fealdad, la tristeza, basura rebosando las papeleras, taxis oscuros pasaban salpicando de agua la acera, y una anciana caminaba muy despacio, tambaleándose, la gente pasaba a su lado sin rozarla, como si no existiera, “un despojo con brazos y piernas que aún vive pero que nadie quiere, que nadie nunca volverá a querer”
Aquel pensamiento la paralizó, y se detuvo en mitad de la acera. Si se concentraba podía escuchar el tañido de las campanas, y los campos de trigo verde ensombreciéndose cuando las nubes tapaban al sol, las calles empedradas y vacías a la hora de comer, y el olor, aquel olor.
¿Por qué seguir? ¿Para que seguir? No necesitaba a Primrose Hill. Había otro lugar secreto al que tenia urgentemente que regresar.

28 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Aunque apenas te conozco, me ha dado la impresión de que a esta chica la entiendes muy bien, que mucho de ti hay en ella. Anyway, me ha gustado, como siempre. Un beso.

Lansky dijo...

Primrose Hill, La colina de las prímulas, con ese nombre qué no se puede esperar del sitio que le gusta a esa moza, pregunto. Ella se mira ceñuda en el espejo, pero el espejo de los demás no le devuelve ese ceño, sino cierta secreta admiración por lo bien que le sienta la coleta. ¿Me permites que me ponga prosaico? Un manzano nunca llega a centenario, pregúntale a los de las pumaradas de Asturias
Un beso (la foto tiene una luz muy bonita)

Emma dijo...

Exacto Miroslav, esta vez he dejado transparentarme después del cuento anterior en el que me camuflé en las barbas de un hombre. No es un cuento de entretenimiento - como habréis podido comprobar- sino un pequeño ejercicio de reafirmación.

Un beso Lansky. Y cómo que los manzanos nunca llegan a centenarios? Una cosa es la sidra y otra la cepa, el tronco, el arbolito en sí... aunque si tu lo dices será verdad.

Lansky dijo...

Los manzanos de las variedades para sidra (normandos y asturianos y vascos) suelen ser bastante más longevos que los de mesa, pues bien, ni esos, pero eso sí: adquieren un vetusto aspecto como de centenarios (de hecho se suele sobrevalorar la edad de los árboles, de cualquiera que parezca añoso, atribuyéndoles mucha más; por ej., en toda la Comunidad de Madrid, en casi 9.000 Kilómetros cuadrados, sólo hay un árbol que exceda de cierto los 300, cuando vengas por Madrid te lo enseño)

Emma dijo...

Ja! Qué malo eres! dime donde está!

Anónimo dijo...

En el segundo o tercer párrafo ya pensaba como Miroslav: que había bastante de autobiográfico en tu escrito; tu 'primoroso' escrito.

Por cierto, también he cerído recordar el olor de un perfume llamado 'Primrose' que se vende (o se vendía) en un conocidísmo establecimiento perfumista de Londres: Pehalligon,s - por Covent Garden.

Grillo

Antonio de Castro dijo...

Eso, una bonita reafirmación, y una preciosa evocación de las impresiones que produce la vida en una ciudad que puede terminar siendo la nuestra, pero que en cierto modo siempre sentimos como extraña, lo que nos hace desear en todo momento conocerla mejor, y sobre todo temer que algún día olvidemos todo lo que hemos vivido en ella. Me ha gustado mucho como recreas la atmósfera londinense y, como siempre, la manera de narrar desde el punto de vista de la protagonista. Además el relato me resulta bastante cercano, porque estuve alguna vez en Londres pero siempre me apetece volver, como si algo se me hubiera escapado, pero me sucede lo mismo cada vez que vuelvo a Galicia, y si alguna vez me marcho de Francia sé que será igual. Por eso aprecio el acento positivo del último párrafo.
Un saludo.

Emma dijo...

La confusión del relato es pareja a la confusión de mi alma, querido Grillo, cuanto tiempo escondido en tu atalaya, me alegro de verte por aqui.

No sabia lo del perfume grillito aunque si que he comprado alguna vez primrose oil para la piel.

Gracias Antonio, como siempre me llena de alegria leer tu comentario. Efectivamente no es posible llegar a conocer del todo las ciudades en las que vivimos, yo siento que dejé Irlanda demasiado pronto, que no llegué a explorarla como se merecia, y me acuerdo de las casas en las que vivi- que fueron cuatro- y pienso que jamas volvere a verlas y es muy raro pensar en ello, al menos para mi. Luego, como cuando me fui de Espana me fui sin saber nada sobre mi y ahora he conseguido saber algo, Espana adquiere otro color, ya no soy la que se fue, y por eso siento una estupida nostalgia, una voz interior que me pide que vuelva para descubrir que es es lo que me dejé.

Londres! Te diré que es la ciudad que absolutamente nadie en este mundo puede llegar a comprender. Tengo sentimientos encontrados, me da escalofrios cuando voy en el metro pero luego, si subes a lo alto de Primrose Hill y miras desde alli la ciudad... ah,no sé. De todas formas hay mucho sufrimiento encerrado alli, puedo sentirlo. Creo por tanto que Londres es el agua que no has de beber. Y este es el acento positivo de mi ultimo parrafo!

Un abrazo

Ātman dijo...

¿Cocinar un bizcocho o hacer el amor? Qué disyuntiva tan sugerente. Como la de idealizar Primrose Hill o el pueblo de Zamora. Creo que vosotras (tú, ella) sabéis lo que queréis, y eso no es poco. La amenaza de una vejez prematura y sin amor (la anciana del final) no debería intranquilizaros, pero parece un tema recurrente de tus cuentos y no estaría de más tomarlo en consideración. Espero no haber errado demasiado o haber sido demasiado directo. Desde mi afecto, un abrazo.

Lansky dijo...

O sea, que no quieres que te lo enseñe personalmente, vale. Es un árbol de jardín, está en el parterre de El Retiro, con aspecto de vetusto candelabro, un ahuehuete en lengua náthuatl, sabino o ciprés de Moctezuma (en lengua de los cursis aficionados a la botánica ornamental)el árbol de la noche triste de Hernán Cortés, Taxodium mucronatum, unos 400 años, la stropas de Napoleónn utilizaron una de sus horcaduras como cureña para uno de sus cañones, así que ya en 1808 era enorme.

Además algunos olivos de la zona Sureste de Madrid, por Camporreal tienen o exceden de esa edad, así como los cedros y el gran almez de la entrada del Museo del Prado junto al botánico por la plaza de Murillo y la Zelcova carpinifolia (carpe siberiano) y el olmo conocido como ‘El pantalones’ ambos en el Jardín Botánico.

No me extraña que no quieras que te los enseñe personalmente porque soy un guía carísimo, no sé si te lo puedes permitir, y cobro en cañas o vinos una salvajada.

Un beso

Emma dijo...

Atman, no has errado demasiado, tampoco has sido demasiado directo. Una cosa que todo lector puede hacer al leer un texto es sacar sus propias conclusiones. Y sí, digamos que el paso del tiempo me obsesiona por lo que tiene de mágico y de incomprensible ( al menos para mí) Este relato viene de mi tendencia a idealizar cosas que no han pasado y cosas que pasarán. Pero idealizar no significa que la vida no sea tan "ideal" como una se imagina. Es aún mejor. Gracias y un beso.

Emma dijo...

Lans, no he dicho que no quiera que me lo enseñes, tan sólo quería saber donde está para fardar yo también si alguna vez tengo que ejercer de guía de algún guiri por Madrid.
Me admira que no seas ya ese guía de los árboles madrileños que tanto necesitamos... por otro lado, tampoco me dices el lugar exacto donde se yergue ( parterre del Retiro es demasiado ambiguo para mi) asi que a pesar de todo te necesitaré... tan sólo dime con antelación en cuántos vinitos, tapitas y cervecitas voy a tener que invertir.

Anónimo dijo...

[Chica, respondo al email que me enviaste hace unos días y me lo devuelven sistemáticamente. No sé qué pasa - y lamento este comentario en el patio de cuadrillas, Grillo]

Emma dijo...

Grillo, no veo esa respuesta de la que hablas en este patio de cuadrillas. Pero si quieres escribirme hazlo a:
emmaskarada@gmail.com
A ver si ahora funciona.
Besos enlunados.

Grillo dijo...

Primorosa,
Acabo de caer en la cuenta. Tú no me mandaste un email, sino un comentario en Grillo de Obsi.

Es igual: cualquier ocasión es buena para leerte y comentarte por acá o por allá.

Lansky dijo...

Sólo hay un parterre en el Retiro: 'El' Parterre (la entrada por Alfonso XI -Suroeste- frente al Cason del Buen ídem, ajardinado a la francesa, pero con destrozos y ocurrencias municiaples modernas)

Lo de guía ya lo intenté, hace muchos años en aquel libro que me publicaron con el sugestivo (pensaba yo) nombre de "En la M-3o florecen los cantuesos" (Título: el naturalista en la ciudad); los derechos de autor dieron para unos vinos (apenas)

C.C. dijo...

No me extraña que la chica estuviese triste. Yo viví dos años en Londes, y puedo decir que fueron los más tristes de mi vida. Reconozco que en aquella época, todos los edificios eran gris oscuro por la polución, y que pudo influenciar mis ánimos. Pero me parecía que las gentes eran también de este color. Sí, eso es, grises y ausentes. Bueno, de eso hace muchos años, a lo mejor han cambiado tanto Londres como los londinenses.

Emma, me gusta tu sutileza. Bise

Emma dijo...

Hola C.C, es probable que Londres haya cambiado, ahora nadie es de alli y a mi Londres, la verdad, me aterra y me atrae a partes iguales. Pero si, estoy segura de que no seria feliz alli.Primero, es una ciudad donde el dinero es el dios y segundo, demasiado sufrimiento, diferencias sociales, pobreza. Pero Londres parece erigirse como la ciudad de la modernidad, y se que hay mucha gente que daria lo que fuera por vivir alli. Yo creo que prefiero ser pobre y poder mirar los arboles, a ser rica y solo ver gris.
Bisous

Emma dijo...

Lansky, a mi lo de en la " M-30 florecen los cantuesos" me parece uno de los mejores titulos que he oido en mucho tiempo." Cantuesos" rima con huesos, quizas pensaron que te referias a algunos de los enterrados en las cunetas, pero aun asi, para mi es la mar de poetico, y de misterioso. Una demostracion mas de que la gente no sabe comprar libros por su titulo, que es todo un arte por cierto.

Grillo, ya sabia que no te habia mandado yo email ninguno pero era para volverte un poquito loco. De todas maneras no te sientas obligado a responder nada, faltaria mas.
Besos

David García Alamilla dijo...

Cuando estuve currelando en un hotel cerca de Stratford upon Avon (buenos picnics de cervezas y bocatas hicimos a la orilla del río con sus cisnes y todo..fantástico paraje) siempre planéabamos coger un tren a Londres y hacer una escapada en el día libre..al final nada, nos vinimos sin ver el cambio de guardia de los emplumados centinelas de algún palacio importante que tienen por allí...Pero cuando vaya además me apunto Primrose hill como visita obligada. Queda pendiente.
Leyendo tu relato Emma me ha recordado los sentimientos que tuve estando viviendo, por poco tiempo, en Inglaterra y Holanda...el autobús que cogíamos para acercarnos a la estacion de tren que nos llevaría a Amsterdam, era una tumba..y cuando hablaban era peor porque la lengua, indescifrable nos hacía sentir aún más como dos islas...yo creo que el cielo se puede perder, y puede que Primrose fuera el trampolín de tu personaje para recuperarlo..el cielo de la niñez. Pero luego suele pasar que una vez reconciliado con las raíces y revalorizarlas se eche de menos de nuevo la excitación de estar por ahí conociendo otros países. Es como un virus, un gusanillo..en fin. Besos Emma y cuídate.

Como puede que dentro de poco vaya por Madrid tomo nota del centenari árbol del Parterre del Retiro que dice Lansky..hasta puede que me haga una foto como buen turista.

Emma dijo...

Hola David, gracias por prestarle una nueva perspectiva a la colina de Primrose : un trampolín para recuperar el cielo perdido de la infancia. Suena modernista ( y cursi como la poesía de Juan Ramon Jiménez) pero a mi esa clase de metáforas me apasionan.

Reconciliarse con las raices es un trabajo muy complejo, en mi caso creo que va a serlo, pero en eso reside la aventura. Es más fácil vivir vidas que no te pertenecen que vivir la tuya propia, créeme. Yo hace ya unos años que me fui de España, me fui sin conocerla porque era joven y tenía otras preocupaciones, y ahora para mi es un inmenso país desconocido en el que he vivido pero del que no sé nada. Creo que el gusanillo de viajar siempre lo tendré, pero vivir es otra cosa.

Otra cosa, soy de Madrid y no tengo ni idea de la distribución del Retiro, y mucho menos de la existencia de tal Parterre.

Extranjera en tu tierra, qué divertido.

Un beso

David García A. dijo...

Admiro tu valentía. Una cosa es hacer narraciones de corte intimista o amoroso, y otra reconocerse abiertamente como el personaje central; qué bueno que estás entre gente que te aprecia y te quiere.
Me había hecho el propósito de no leer los comentarios y adelantar primero el mío para dar mi pronóstico, que la chica deseaba regresar a Zamora, que le estaba ganando la morriña como dicen ustedes los españoles ¿o nada más los gallegos?.
Londres, la gélida, la gris, la de corazón encallecido, más o menos yo lo he pensado así, que lugar tan menos propicio para que una alma maltrecha pueda salir adelante. Aquí en la ciudad de México he visto lo que me han parecido turistas ingleses; cuanto ensimismamiento en el ademán casi hasta el engreimiento, como si nada, ni los edificios, ni las personas les mereciesen la menor consideración, y yo me pregunto a qué bien, qué los motivo, cuál es su interés, no lo comprendo. Y algunos anglos estadounidenses, por el mismo estilo. Como lo que el niño de la película “El sexto sentido” expresa: “veo en la calle puros cadáveres vivientes”. Y qué diferencia, por ejemplo con ese ciudadano español que en un parque mexicano le dice a su pequeño hijo mestizo de mexicana ante la mesa de recogida de firmas contra la matanza de focas en Canadá: “hijo, hay que ser militante, hay que ser militante”.
Saludos.

Emma dijo...

David, muchas gracias por tu comentario. En España también hay mucha ceguera, en el sentido de que hay mucha gente que no sabe mirar.
No hay país perfecto, eso es lo que he aprendido.
De lo que se trata es de encontrar un rincon donde querer seguir creciendo, y Londres no es el lugar pero yo no soy la protaginasta. Nunca he vivido en Londres! Tan sólo me despierta mucha simpatía.
Un beso

Antonio de Castro dijo...

Acabo de cambiar de casa después de casi diez años viviendo en el mismo barrio de una ciudad que entonces era desconocida para mí, así que el texto me es ahora más cercano aún. Por otro lado, las colinas tienen una fuerza especial para evocar sentimientos; pienso en la canción ¿tradicional? irlandesa “Spancil Hill”, por ejemplo.
Un saludo.

Emma dijo...

Los comienzos en nueva casa son un poco raros, yo me he mudado tantas veces que ya conozco la sensación, me da por pensar que la he cagado que no tenía que haberme movido pero poco a poco la nueva guarida va tomando tu forma y vas olvidando a la antigua... sí, esa canción es muy conocida en irlanda, de hecho creo que esa colina estaba cerca de Ennis, donde yo vivi un par de años, la tengo en un cd, cuando la escucho me siento nostálgica cual irlandesa nonagenaria. Un beso

J. M. dijo...

a ver si vuelve usted de Primrose Hill y nos deleita con otro cuento!!!

Emma dijo...

Volveré!

Lansky dijo...

Hola Emma, ¿ya estás en Asturias?. En mi vuelta al ordenata lo primero que he hecho casi es dedicarte unas fotos y un post que en parte tu me sugeriste con una acertada crítica que hiciste a la banal sobreabundancia de fotos de hoy en día.

¿Qué tal todo?

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