Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

domingo, agosto 07, 2011

¿En qué lugar me olvidé de mí?

¿En qué lugar me olvidé de mí? es como si hubiera perdido el equipaje y, a la vez, no me importara nada, como si no tuviera que molestarme siquiera en buscarlo, ni mucho menos en rellenar un formulario de reclamación. Ahora tengo cuarenta y tres años y vuelo a alguna parte, creo que voy de vacaciones, mamá. Siempre me pasa en los aviones, será porque estoy arriba y los años pasados en la tierra se hacen más livianos, o quizás porque en el avión no me queda más remedio que estar sola con mis pensamientos, porque estos vienen a mi cabeza a toda velocidad, enmarañados con tantos recuerdos, cosas que creía perdidas para siempre. Sorbo el café caliente que la azafata pone sobre mi bandeja, es amargo y oscuro, y el avión se tambalea un poco. Turbulencias,mamá.
Ahora me sorprendo pensando en ese perro negro que tuvimos, era pequeño, de pelo largo, un perro pastor, creí que le había olvidado para siempre pero no. Nunca te conté lo que pasó ¿verdad?, guardé el secreto con tanto afán que me olvidé de él hasta este preciso instante. Tristán se llamaba, era cariñoso pero cobarde, papá decía que le habían pegado y por eso no ladraba nunca, como mucho gemía, movía el rabo, echaba hacia atrás las orejas, necesitaba desesperadamente el cariño y la aprobación de los demás.
Ni que decir tiene que pronto decidisteis que el perro no se iba a quedar con nosotros. Y yo por supuesto lo adoraba, un perro apaleado que sólo pedía amor. Le mecía contra mi pecho, le susurraba cosas al oído como si fuera un niño pequeño, le sacaba a pasear todas las tardes, cada vez que nos cruzábamos con alguien el perro se aplastaba contra el suelo, moviendo furiosamente la cola, a veces se orinaba de la emoción.
Papá dijo que se ocuparía de él, que tenía un amigo que trabajaba en una residencia canina o algo así, probablemente otra mentira de las suyas. Y yo rápidamente ideé un plan para salvarle. ¡Un plan sencillo y genial! Me sorprende que ahora sea incapaz de rescatarme a mí misma y que siendo adolescente fuera capaz de tales hazañas. Cuando salíamos de paseo solía meterme en los sembrados, en las zanjas, atravesaba la carretera sin asfaltar que llevaba al río. Fue cerca de allí donde descubrí a un hombre de pelo largo atareado en construir una casa, mezclaba la arena con el agua, levantaba una pared de ladrillos, le gustaba verme pasar delante de su obra, y siempre me decía algo amable, o quizás ardiente, no lo recuerdo, le brillaban los ojos azules entre guedejas de pelo negro. Comprendo que le causara impacto, yo a los quince años lo causaba, ahora no me llames engreída, ya te lo he oído demasiadas veces, mamá.
Aquel "pirata" se convirtió pronto en mi salvador. En mi adolescencia no había salvadores, yo odiaba a mi familia, no tenía ninguna esperanza en el futuro y, sin embargo, creo que era feliz. El caso es que decidí que Tristán sería mi regalo al "pirata", el pirata que me guiñaba un ojo y acariciaba a Tristán hasta hacerle retorcerse de alegría en el suelo. Yo había comenzado a hablarle, primero tímidamente, con cierto descaro después, alentada por la admiración de sus ojos al mirarme.
-¿Te gustan los perros, verdad?
-Me gusta tu perro.
-Es un perro muy inocente, le pegaron de pequeño…
-No debería ser inocente entonces.
-Sólo quiere que le acaricien…fíjate
Y me embarcaba en un festín de caricias que hacían que Tristán se pusiera panza arriba.
-¿No te parece una monada?
-Una monada eres tú…
Yo bajaba la mirada, sin atreverme a decir nada más.
Ahora me doy cuenta de que Tristán y yo teníamos mucho en común.

Todo pasó la víspera de vuestro fin de semana fuera, recuerdo que cogí la correa y Tristán saltó de alegría al verme porque era su hora de salir. Sabía que a vuestra vuelta ya no esperábais encontrarle en casa, así que aquella era mi última tarde con él, después tenía que desaparecer, no había otra opción. Había escondido una bolsa con pienso para perros, llevaba también los papeles del veterinario. Mi plan era tan sencillo que recordándolo ahora no puedo evitar sonreír, le daría el perro, eso era todo, "toma, es para ti" ni siquiera había contemplado la posibilidad de que me dijera que no.
Y así fue, se mostró sorprendido, apagó la radio que siempre tenía demasiado alta, le gustaba el sonido de las guitarras eléctricas.
-¿Qué dices princesa?
-Que te quedes con el perro, que mis padres lo van a matar...
-Qué dices niña…
-Que lo van a matar, que si no te quedas tú con él mañana vendrán a llevárselo en una furgoneta y se lo cargarán. No le quieren y ya lo tienen todo organizado, sólo tú puedes hacer algo, por favor, eres la única persona en la que puedo confiar.
Supongo que confesarle a un desconocido que sólo ves unos diez minutos cada día que es la única persona en la que confías no puede más que despertar tristeza o hilaridad.
Y el optó por reír.
-Venga, no puede ser verdad.
-Que sí, que es verdad, te lo doy a ti, sé que tú le cuidarás, por favor, por favor…
Tenía lágrimas en los ojos, le tendí la correa y él la sujetó, yo le miraba fijamente, él tenía la nariz enorme y ganchuda, los ojos azules, sonrientes, no me decía ni que sí ni que no. Como un relámpago me adelanté y le di un beso en los labios, después eché a correr sin mirar atrás.
-¡Oye!- me llamó. Pero nunca le dije mi nombre, y él jamás me lo preguntó.
Cuando llegué a casa, acalorada a causa de la carrera, anuncié que Tristán se había escapado, había dado un tirón fuerte y había echado a correr, en dirección a la carretera. No quería dar más detalles, eso era todo lo que había pasado, sin más.
Sólo tú pareciste demostrar algún arrepentimiento, mamá. Recuerdo que papá se limitó a llamar al tipo de la furgoneta. Yo me encerré en mi habitación, necesitaba llorar. Con una terquedad férrea me convencí de que no tenía que intentar volver a ver a Tristán, era mejor que se olvidara de mí, también "el pirata" debía olvidarme. Al fin y al cabo ahora tenía otra cosa de la que ocuparse. Alimenté fantasías imaginándome una casa encalada de blanco y un jardín, y mi pequeño perro feliz, dormitando al sol. Me decía que cuando cumpliera dieciocho años podría volver y casarme con él en agradecimiento por lo que había hecho por mí.
No recuerdo nada más, sí, espera, un día iba en un coche con otros chicos del instituto, alguno de sus amigos vivía junto al río e íbamos a buscarle a su casa, fue unos tres años después. De repente, en una curva, apareció la casa, seguía a medio terminar, parecía abandonada, las paredes enfoscadas de cemento, y un montón de arena endurecida a causa de demasiados días de sol. Pregunté desesperada por el dueño de la casa, aquellos chicos apenas mostraron interés.
-Esta casa lleva años así, ni puta idea de quién es.

Pienso en todo ello a treinta mil pies de altitud, termino el café y miro por la ventanilla, lo sé, sé que nunca les voy a encontrar, quizás estén los dos muertos ya, el pirata era mucho mayor que yo… mamá, ¿sabes tú en qué momento me olvidé de mí? Quiero decir, ¿por qué siento que les quiero tanto, ahora, a esos dos? Te lo juro, les quiero de tal manera que me va a estallar el corazón. A ese hombre desconocido, al perro llorón.
No, no soy una sentimental.

25 comentarios:

J. M. dijo...

bonito retorno;

saludos

Miroslav Panciutti dijo...

A veces nos vienen recuerdos tan intensos. Pobre chica. Como siempre, me ha gustado el relato. Un beso.

Emma dijo...

Gracias a los dos.
No sé muy bien si el retorno es bonito.
El talento se tiene a los 16 años.

Antonio de Castro dijo...

Un relato redondo. Aparte de la perfección de su estructura, de cómo cuentas mucho partiendo de una pequeña anécdota (aunque cargada de valor) y de la ausencia total de sentimentalismo, sorprende el contraste entre la sencillez con que está narrado y la profundidad de lo que se narra. Enhorabuena.

Lansky dijo...

Precioso...un perro apaleado intentando siempre agradar, sí...

un pirata que se fija en las quinceañeras bonitas, sí...

sólo puedo decirte que tu relato es verdad, porque he conocido a los tres: perro maltratado (pero también querido), pirata greñudo y niña bonita y...

, de alguna forma, los tres soy o fui yo; creo.

Precioso, ya digo, y verdadero

Emma dijo...

Antonio, temía que la historia estuviera cargada de demasiado sentimentalismo, pero a veces un poco de dulce no viene mal. Te agradezco como siempre muchisimo tus palabras.

Lansky, sabía que te identificarías con el pirata, incluso con el perro, pero no con la niña bonita... aun así el cuento es para ti, te lo regalo. Eres tú, pero también soy yo.

Un beso

Lansky dijo...

Así que con el pirata, eh ¿tan transparente soy?,

bueno, en cualquier caso, Gracias, me lo quedo

Anónimo dijo...

Bienvenida, chica guapa.

Me sumo a todos los que opinan tan bien de tu cuento. ¡ Pues claro que es romántico! y que está escrito con una economía de medios fantástica, y con fluidez.

¿Has observado alguna vez esa mirada casi humana del perro que se echa a morir de viejo y se despide del amo o compañero sabiendo que le está entendiendo?. Yo lo he vivido en un par de ocasiones y rompe el corazón. De hecho, me sorprende que esa figura, ese acto, no se haya tratado más en literatura.

Tal vez tu Tristán pudo intuir que le amabas y por eso mismo lo diste al pirata.

Verás por otros blogs que ando de prestado y de okupa hasta que llegue a Madrid mi 'aclarador' y contaré en mi blog cualquier bobada que me se venga a las mientes.

Un beso,

Grillo

Emma dijo...

Grillo! qué alegría saber de ti! y más alegría aún saber que tienes bobadas en las mientes que contar.

En cuanto a mi Tristán, a veces me pregunto qué es lo que pensaran los perros del amor veleta de los humanos. Espero que me haya perdonado.

C.C. dijo...

Emma, la niña está en la piscina. Aprovecho para leerte. Yo, sí que soy sentimental ; se me enturban los ojos disfrutando de esta preciosidad de relato. Me queda la esperanza de que ¿ ha salido de tu imaginación ? Di que sí, que nunca quisieron quitarte un perro amado.

El mío se llamaba Brutus, un cachorro precioso, bastardo con predominancia pastor alemán. Yo tenía 14 años, él unos pocos meses. Un día entraron ladrones en nuestra casa en Argel, se llevaron unas cuantas cosas y al perro también. Les maldigo hasta hoy.

Bisou

Emma dijo...

Hola C.C, te echaba de menos. El relato intento poner un final satisfactorio a algo que no pasó, la ficción es siempre más amable, desgraciadamente.

Es increíble cómo se puede llegar a amar a un animal, sentirle tantos años después de haberse ido.

Bisou C.C. Espero que estés pasando un feliz verano.

C.C. dijo...

Gracias, Emma, con mi nieta siempre soy feliz.

Anónimo dijo...

Emma, tía, no me digas ahora que el relato es ficción. ¿O te refieres solo al happy end ?

Besotes veraniegos, aunque ahí haga algo de fresco. Muac.

Grillo

Emma dijo...

Aquí sí que hace fresco.
El happy end es ficción querido Grillo.
Unfortunately.
beso

siloam dijo...

No no está cargada de demasiodo sentimentalismo. Yo viví en pueblo hasta los 8 años, y mis mejores recuerdos son con los animales.
Me he identificado.Tal vez porque ahora, tengo dos chorros gatunos (lolita falleció de vieja, con dignidad, tras 15 años), y el más inquieto calculó mal el salto y cayó dos pisos.Anda cojo, y el veterinario le manda "reposo absoluto". Por fortuna, los animales tienen instinto, y tiende a tumbarse mientras le cura el hueso radio, el peroné le ayuda a sostenerse.
Es un relato magnífico.Y yo también he conocido a "piratas", en mi caso, le llamaban "el comunista"; había quedado muy tocado, tras guerra y la cárcel, era pobre, pero tenía magnetismo, y siempre andaba arreglando su casa que casi era una choza. Pero escucharlo era una gloria.
Abrazos, tocaya.

Emma dijo...

Hola tocaya, dentro de lo malo lolita fue feliz y tu inquieto gatito sabe lamerse las heridas. Me alegro que te gustara el relato, me ha gustado saber del "comunista", es uno de esos personajes que nos gustan a las que se llaman como nosotras, y a Antonio de Castro.
un abrazo.

Raúl dijo...

De lo más interesante el relato, Emma.
Gracias por tu visita y por tu comentario.

Emma dijo...

Gracias Raúl!

Preocupín dijo...

Nunca había entrado por aquí. Solo por la frase final, por esa doble negación estupenda, volveré seguro. Un saludo.

Emma dijo...

Gracias preocupín. Un abrazo.

OlaM dijo...

Emma, gracias por el enlace. Me encanta tu relato! Es magnifico.
Un beso grande

Emma dijo...

Gracias Ola! Me alegro de que te haya gustado... pronto escribiré de nuevo.

Grillo dijo...

Chica, estírate un poco y regálanos otro post, (aunque tampoco yo me prodigo últimamente.)

Besotón

Emma dijo...

Grillo, lo haré.

Mayte Ingeborg dijo...

Gracias por tu comentario. Hoy entré en mi blog, hacía mucho que no lo hacía y lo encontré, me ha gustado mucho este relato.

Datos personales

Mi foto
Madrid, Spain

Archivo del blog