Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

domingo, abril 28, 2013

Craving for love




La salamanquesa entró en la habitación. Era extraño porque su hogar era la terraza que daba al mediodía. No se movía de allí, pegada al vidrio, recibiendo en su vientre frío la luz del sol. Pero aquella tarde la vio en la habitación, había rebasado el obstáculo de la puerta y ahora estaba quieta, como un dibujo sobre la alfombra. Marian la miró con la taza de café humeante en la mano. Durante todo el día había tenido miedo. Se había despertado con la certeza de que estaba enferma, de que un virus se extendía por su cuerpo sin remedio, de que el mal estaba dentro de ella. Luego, a la hora de la comida, él la había llamado por teléfono. Levantó el auricular sabiendo que eran malas noticias : No iba a ir a comer, tampoco iba a ir a cenar, tenía reunión con los socios y se quedaría hasta muy tarde. Quizá mañana, si no estaba muy cansado, podrían ir a aquel sitio que ella habia sugerido. Eso fue todo, no la deseó que pasara un buen día. Marian se tumbó en el sofá pensando en todos esos tratados del pasado que hablaban de los nervios en la mujer, sus rarezas, sus ataques de histeria. Ahora comprendía lo injusto de todo ello. Cualquier hombre solo, fuera de su país, en una casa que no era la suya, sin amor, también languidecería.  A las tres se preparó un café y decidió que saldría de casa,  que no dejaría que se la comieran las paredes. “Me acostaré con cualquiera menos contigo” Cuando vio a la salamanquesa pensó que aquello era una clara advertencia. La dejó que descansara sobre la alfombra y se metió en la ducha, donde se enjabonó a conciencia, después limpió el espejo de vaho y se miró a los ojos, enrojecidos, “aun estoy viva”.

Salió a la calle a las ocho y media en punto. En la ciudad parecía que hubieran llegado las vacaciones. Un corro de niñas de unos diez años la rodeó, jugaban a atrapar a la que llevaba el vestido rosa, sin prestar atención a su presencia, perfumada, vestida de negro, con su sonrisa desvanecida. Finalmente le puso a una de las niñas la mano suavemente en el cuello, para apartarla, una trenza larga le caía por el hombro. La niña la miró como si le perteneciera el mundo y, en verdad, le pertenecía. Marian pensó que aquella era la segunda advertencia de aquella noche que apenas comenzaba.  Pero tenía que seguir adelante, se apartó de las niñas, y corrió hasta el borde de la acera justo a tiempo para detener a un taxi. Este frenó en seco y, una vez dentro, se dio cuenta de que no tenía ni idea de a dónde podía dirigirse. Se tapó los ojos con la mano- un gesto innecesariamente trágico- y murmuró que quería ir al centro, a la calle Almirante, al número cuatro. No sabía si había número cuatro en esa calle pero el taxista salió disparado. Mientras, la ciudad se ofrecía al otro lado de la ventanilla, reconocía las calles como si se hubiera criado en ellas, las señoras mayores que ya se recogían, las luces de los bares encendidas, los balcones cubiertos con cristales tras los que algunas sombras conversaban. Allí, en esa ciudad, había sido feliz hacía muchos años e, ingenua, había regresado pensando que la felicidad le aguardaba intacta. No sabía que un hombre de negro se le había adelantado, cubriéndolo todo con su manto y no, apretó la boca, a pesar de todos los augurios, no quería escucharle.

Pagó el taxi y se encontró con un número cuatro no del todo hostil. Miró su teléfono móvil en el bolso, al menos si ahora sonara podría salvarse, pero nada sucedió. Prefirió caminar hasta el final de la calle. Las flores de los balcones se balanceaban a su paso. Por un momento olvidó que estaba moribunda, olvidó que ya no tenía fuerzas para luchar por nada, y se entretuvo en contemplar escaparates, sonreir para dejar paso a los transeúntes, caminar como aquellos que aun recuerdan a donde se dirigen. Entró en un bar que hacía esquina para tomar una copa. Pidió una ginebra y jugó con su pulsera. A su derecha había un hombre de pelo negrísimo y nariz ganchuda, un indio sioux, un hijo de Túpac Amaru le confesó más tarde. Le gustaban las mujeres, todas, sin excepción. Pero no se dejaban, las malditas, coger tan fácilmente. “Conmigo podrás coger todo lo que quieras”  Los ojos del indio la contemplaron, con un brillo perverso ¿Quién eres tú, mi amor? ¿Por qué has venido?
 
Y ella se imaginó que él era un jefe sioux cabalgando en el trueno, bajando de la tormenta en su caballo para rescatarla de la noche fría. Caminaron por las calles de Madrid cogidos de la mano, él de vez en cuando la empujaba contra las paredes y la besaba, la boca muy abierta, ávida, sin poder todavía creerse su suerte. “Toda la vida te he estado esperando” Y ella sabía que mentía, pero no le importaba.
 
A las doce de la noche yacía con el sioux tendida en la cama. El dolor había cedido, miraba al techo y acariciaba sus cabellos negros, su cabeza apoyada en su vientre. Fue entonces cuando vio a la salamanquesa escalar por la pared de la ventana, escapando por la enredadera. Era el tercer presagio. Su destino se había cumplido.

40 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Cualquier hombre probablemente también languidecería, pero la mayoría de una forma distinta a la de Marian. He conocida a una Marian con una historia muy parecida, de vaciamiento y presagios (pero no una salamandra) que la precipitó a una trangresión casi idéntica. No sé si como la tuya encontró su destino (la verdad es que no creo mucho en él) pero, desde luego, se rebeló contra el que parecía inevitable y la estaba ahogando.

El relato muy bueno, transmites con eficacia el alma de esa mujer. Es un pertinente contrapunto del último de Antonio: Madrid del XXI en vez de la Inglaterra del XVII, las cosas han cambiado.

Como sugerencia nimia te diría que cambiaras "Tupac Amaru" por "Moctezuma", por ejemplo. Casaria mejor con la imagen del sioux que se hace ella y también con el verbo "coger".

Barbie Jardinera dijo...

Leo tus relatos como sobre áscuas, porque cualquier cosa se convierte de pronto en presagio. Haces que los objetos, animales, encuentros fugaces.. que rodean a los protagonistas se carguen de significado (casi siempre inquietante), y en ese mundo de azar y"pistas" veladas se mueven constantemente, como en el casillero del juego de la Oca...
¡No sabía que tuvieras ese libro publicado!. Enhorabuena. Hoy no bajaré a madrid (bendita nieve, que me permitirá curar en el sofá el resfriado sin tener que ir a trabajar), pero mañana me pasaré por la Casa del Libro. Bs mil.

Lansky dijo...

Me ha gustado el relato Emma, pero ahora te voy a explicar algo que no te tiene por qué importar, pero a mí sí y para eso somos amigos. Hace muchos años leía una novela de Fernando Savater, “Caronte aguarda”, no era nada especial, pero en aquella época yo leía cualquier cosa, aunque sabía que Savater no era un narrador estimable; al llegar a la frase “las encinas de Torrelodones enrojecidas por el otoño” abandoné indignado la lectura. Yo no abandono la de este cuento, primero porque es infinitamente mejor y encima muchísimo más breve que la novelucha del filósofo, y segundo porque soy menos intransigente con la edad.

Pero las salamanquesas no son salamandras. O bien querías poner un pterodáctilo con las membranosas alas pegadas al cristal. El Axolotl del relato de Cortázar es efectivamente una salamandra mexicana neoténica, y el cuidado en los detalles nimios (o no tan nimios) es también un respeto al lector. Espero que no te enfades conmigo.

Emma dijo...

Hola Miros,
Gracias por leer el relato. Como se puede ver entre líneas ha sido escrito de manera muy intuitiva, sin sabes que las salamandras eran salamanquesas y que Túpac Amaru no "cogería" con nadie, y menos con la mujer deseosa de amor y vida.

Creo que, de todas formas, lo de Túpac Amaru y el verbo coger son compatibles, ya que es ella la que lo pronuncia con esa intención, no el otro. También, me parece más poderosa la imagen de Túpac que la de Moctezuma.

Lo dejaremos así.

Un beso

Emma dijo...

Barbie, sí que es cierto que es un relato oscuro y surrealista. Libre a interpretaciones. Los presagios aquí son importantes, todos los tenemos aunque no les prestemos atención.

No creo que encuentres el libro en la Casa del Libro, todavía no ha salido en papel. Si tienes uno de esos libros impersonales que la gente se regala sin que ya sea- como solía ser- un acto de amor regalar un libro, podrás descargártelo. Sólo has de ir a la página web de la editorial Amarante, cuyo link he de poner al principio de la página pero no soy muy ducha en estas cosas.
Un abrazo

Emma dijo...

Lansky, cómo me voy a enfadar! Yo soy la primera que abandona lecturas cuando no me las creo. En este caso nadie puede creerse que una salamandra habite en la terraza de un piso madrileño. Si te he de ser sincera la palabra salamanquesa le quita un poco de la fuerza al arranque del relato. Pero he tenido suerte : Al menos las primeras letras son las mismas. Léelo de nuevo con la salamanquesa, ¿notas una gran diferencia?

Emma dijo...

Ah, Miros, ya entiendo lo de Moctezuma! Demasiado tarde para cambiar el cuento.

Pero gracias.

Lansky dijo...

La noto, pero es asunto mío (y de los miles que como yo saben la diferencia) que no tienes por qué atender. Se cuenta una anécdota entre Valle Inclán y Rubén Darío, aunque también la he leído con otros protagonistas menos fiables. Probablemente la conoces. Van ambos escritores paseando por el jardín botánico y ante un estanque Darío le dice a Valle, “¿Qué son esas flores tan bonitas que flotan en ese estanque?” “Son los nenúfares esos de los que hablas en tus poemas” le responde chungón el gallego. Sí, salamandra es más eufónico quizás, depende, va en gustos, que salamanquesa, —o “geco” como dice Sánchez Ferlosio, raramente pedante, pero italianizante en este caso—, pero no son lo mismo. “Tía”, “chavala” y “mujer” pueden ser o no lo mismo y una más conveniente que las otras en según qué contextos, pero tu salamandra ahora salamanquesa son distintas y siempre lo serán.

Ātman dijo...

Me has hecho ir al diccionario para enterarme que craving significa antojo, anhelo, ansias... de amor. Como todos ¿no? Pero ella está extraviada. No sé si a todos les ha pasado alguna vez, pero yo también conozco ese estado mental, existencial, en el que uno deambula intentando encontrar algo a qué aferrarse. Es una experiencia interesante, por un lado se tiene un sentimiento de angustia y vacío que uno estaría dispuesto a rellenar con cualquier cosa, y por otro te da una sensación de ingravidez como de no pertenecer a este mundo, y que creo lo has sabido transmitir con gran efectividad. Me ha gustado.

Milgram Med dijo...

Pues a mí salamandra o salamanquesa, Moctezuma o Tupac Amaru, me dan igual, pero me habría comido las últimas cinco palabras, porque con lo que no puedo es con la idea de destino. Rarezas de uno, supongo que no vale como crítica.

Me estoy leyendo el libro (¡Hacer enlaces es fácil!) y me voy reservando/apuntando mis alabanzas/fobias-neuróticas-como-la-anterior, porque le estoy cogiendo gusto a esto de ofrecer opiniones no solicitadas. Y ahora que he leído lo de los azotes, mucho más. Hmmmmmm.

Emma dijo...

Hola Atman, sí, esa sensación de "estar colgado" porque nadie te quiere( ni tú mismo) No es algo de lo que sea fácil escribir.

No es lo mismo "craving for love" que "craving for chocolat". El primero es peligroso y por eso he querido unirlo a la idea de destino, torpemente.

Emma dijo...

Milgram, también detesto la idea de destino, pero no me negarás que existe. Quiero decir : por acción o por omisión, ¿ no está condicionado nuestro futuro por las decisiones, por inconscientes o aparentemente inocuas que fueran, que tomamos en el pasado?

No sé cómo se hacen los dichosos enlaces... ¿ algún link donde se explique?, y sí, por favor, léete mis cuentos y opina lo que te venga en gana y así, de paso, ahondas en tus fobias neuróticas y me las contagias. Me estimula la vara de medir de los desconocidos.

Milgram Med dijo...

Respecto al enlace:

1- Ve a blogger.
2- Clic en menú "Diseño".
3- Debajo del título, debe aparecer una opción "Añadir un gadget". Clic ahí.
4- En el diálogo que aparece, selecciona "Imagen".
5- En "Enlace", pon "http://editorialamarante.es/ebooks/ficha/te-deje-en-lisboa". Sube la imagen otra vez o pon "http://1.bp.blogspot.com/-iAo8WNyOeEU/UX1qlf5kxVI/AAAAAAAAAZo/gBA5t9seHS8/s1600/te-deje-en-lisboa-90.png"
6- Y ya.

Respecto al destino: es una discusión inacabable, así que no voy a entrar. Que ya piqué esta semana con dos testigas de Jehová y uno sabe cómo empiezan estas cosas pero no cómo acaban.

Emma dijo...

Mil gracias Milgram!

¿Pero cómo se te ocurre ponerte a hablar con "testigas de Jehová"? Creía que eso ya no lo hacía nadie!
Un abrazo

Emma dijo...

Hecho! Gracias otra vez!

Antonio de Castro dijo...

Enhorabuena por la publicación.
Dice una canción del portugués Rui Veloso que no conviene volver al lugar en el que una vez se fue feliz. Me ha gustado mucho la mezcla de elementos simbólicos y aparentemente inconexos que van hilvanando un relato algo surrealista pero que conduce a un final muy coherente, esa especie de ruptura, de reencuentro o de curación, al que ayuda la presencia misteriosa y en cierto modo liberadora del indio.
(También leí la novela que menciona Lansky, y cuando describe con tanta exactitud algunos lugares me pregunté si Savater había estado allí realmente o se estaba columpiando. Creo que una pequeña inexactitud histórica o geográfica no le quita calidad a un relato, pero es algo que me obsesiona hasta el punto de que el último que puse en mi blog estuve a punto de tirarlo, porque me preguntaba si las reacciones de la protagonista coincidían realmente con las de algunas mujeres de aquella época.)

Grillo dijo...

Tú y tu mémesis interior, Emma,

También yo, como Barbie, leo tus relatos sobre ascuas porque a pesar de las clves y metáfras que vas dando con solo unas pinceladas, nunca sé por dónde va a salir el relato.
Estoy convencido de que eso es un plus, un añadido más.

El vaciamiento y la trangresión de que habla Miroslav se me hace a mi un tanto kafkiana.... una mutación a insecto de esa nujer perdida, abstraída y pesimista.

Coincido con Antonio de C. : el final es coherente. Feliz en cierto modo.

Chica, eres especialista en estas historias surrealistas y estremecedoras.

Tienen razón quienes te sugieren la diferencia entre salamanquesa o salamandra, entre Tupac Amaro o Moctezuma. A mi eso me resulta indiferente en este caso, aunque sea mejor documentarse como forma de respeto al lector. En este relato decido, tal vez mal, que me da igual: ambos son urodelos y los otro indios también.

Veré de inmediato tu recopilación en 'Te dejé en Lisboa', un título estupendo por cierto, de nuevo lleno de saudade; y lleno de 'deliciosos personajes' como menciona tu glosador.

Emma dijo...

Gracias Antonio. El libro todavía no está en papel. De todas formas tú ya te habrás leído casi todos los relatos. La mayoría han salido de mi blog y tú contribuiste a seleccionarlos. Me ha llevado años como ves y al final es una pequeña satisfacción tenerlos todos juntos.
En otro orden de cosas : Normalmente no soporto las inexactitudes en las novelas. Me gusta que todo parezca real aunque no lo sea. Este relato surge de un tirón de tripas de ahí su poca consistencia. En mi caso, me pongo a escribir muchas veces sin saber qué es lo que va a salir.
Un abrazo

Emma dijo...

Ja Grillo! Mi glosador es un glosador de manual, no crees?
Mis personajes son deliciosos?
Claro que lo son! Si son yo!

El libro aún no está en papel. Si tienes dificultades para descargártelo dame una voz. Hay cuentos que ya has leído pero en tu caso hay muchos más que no. Espero que te gusten. Besitos

Emma dijo...

No sé por qué insisto en repetir que "el libro no está en papel" jajajaja

J. M. dijo...

eh, Emma, celebro lo de tu libro; muy pilla tú no colgando en el blog los cuentos que aparecen en el libro; habrá que echarle un vistazo...

un saludo

Grillo dijo...

Emma,
agradezco que te adelantes a regalarme el libro. Creo que las amistades deben comprarlo y, con mucho gusto, que nos lo dediques en su día.

Menuda gracia sería que el creador fuera regalando su opera prima...
No, no: tiene que venderse mucho, a conocidos y desconocidos. Esa es la cuestión, de eso se trata.

Emma dijo...

Gracias J.M! Si no tienes kindle te lo puedes descargar en otros formatos. Sólo tienes que ir a este link
http://www.smashwords.com/books/view/310843

De acuerdo, Grillo. Sólo lo regalaré a los vagabundos.

C.C. dijo...

¿ Descargar tu libro ?, ni hablar. Esperaré a poder pedirlo a mi librera. Cuando llegue el momento de su "verdadera" publicación, mándame una notita, por favor.

Menos mal que tuve la suerte de vivir en Argentina porque si no hay algo en tu cuento que no habría cogido bien .

Me ha gustado, Emma.

Emma dijo...

Hola C.C! Te echaba de menos! Espero que te encuentres bien, tú y tu familia.

Creo que ya se puede encargar en papel en la web. Te lo envían a casa sin necesidad de que lo pidas a la librera.
Sólo que tienes que pagar los gastos de envío.

Un abrazo
http://editorialamarante.es/ebooks/ficha/te-deje-en-lisboa

C.C. dijo...

Gracias, Emma, todos estamos bien.

Tratándose de ti, no me importaría pagar los gastos de envío. Sin embargo, antes intentaré conseguir tu libro a través de mi librería, una de las pocas que quedan. Mi librera está luchando con bravura ante la amenaza de la quiebra.

Bisou.

Emma dijo...

Por supuesto, es mucho mejor para mi que los libros lleguen a las librerías. Dile que este es un libro de relatos original, que gustará mucho para leer en vacaciones.
O depués de una ducha, por ejemplo.

Lansky dijo...

Opino, como Grillo, que el libro hay que comprarlo, ya que uno no se puede comprar a la escritora para leérsela en la cama (es broma, es broma, uno ya tiene suficiente con lo que tiene y hasta le sobra), aunque por otra parte me encantaría que una escritora me lo regalara caso de ser un vagabundo (¡qué sugerente! ) y el vagabundo diría: “Gracias, señorita, dios se lo pague con un buen ranking de ventas o así, ahora mismo me lo leo, en cuanto me lave los calcetines y caliente esta lata de judías”.

Grillo, las salamandras son urodelos (anfibios con cola), las salamanquesas son reptiles

Emma dijo...

Lansky, vagabundo, yo te lo regalo.
Porque tú sí que eres un vagabundo. Te lo mereces.

Barbie Jardinera dijo...

¿Qué librera es ésa, C.C.?. ¿Es en Madrid?. Yo también soy de las que leo en papel, en parte por la vista y en parte por los prejuicios (sí, qué pasa, me imprimo incluso vuestros posts, me parece que lo asimilo mejor mediando el "tacto" de la hoja de papel). Mil veces prefiero comprar a esa librera que subir a la FNAC o la Casa del Libro, y en Madrid no tengo ningún librero/a "de proximidad"

Lansky dijo...

Mi librería favorita, Barbie, aunque hay otras en Madrid bastante bonitas (la nueva de La Central en la plaza de Callao, por ejemplo, es preciosa) es la Machado de los bajos del Círculo de Bellas Artes, Marques de Casa Riera esquina casi con Alcalá; pregunta por María, o Carlos (que además es poeta, y de los buenos) o Boris o Javier... de parte de Lansky o de Fernando.

Tienes razón, Emma, soy un vagabundo, un apátrida, un bastardo y, las que mas me gustan, un mesteño y un cimarrón

Barbie Jardinera dijo...

Tomo nota!. Gracias mil

C.C. dijo...

Perdona, Barbie, no había vuelto por aquí, por lo tanto no vi tu pregunta. No, mi librería no está en Madrid sino en una pequeña ciudad del Levante. Debería escribir "estaba" y no "está" pues acaba de cerrar. Me entristece muchísimo no sólo por la chica tan eficiente que estuvo luchando con bravura sino también porque nos hemos quedado sin librería. Ahora tenemos que ir a una papelería y pedir todos los libros, menos los bestsellers, por encargo.

C.C. dijo...

Por fin, Emma, esta mañana llegó tu libro. Como acabo de explicárselo a Barbie, tuve que pedirlo a una papelería cuya dependienta me advertió que tenía que pagar los gastos de envío. Vale, vale, le dije. Y ella, también déjeme su número de teléfono. A la semana me llamó para preguntar si todavía tenía interes en el libro. Y yo,¿ pero aún no lo tiene pedido ? Y ella, ¿ primero tengo que averiguar si verdaderamente usted está interesada o no ?

Ay mi librera, ¡ cuanto te echo de menos !

Entonces ahí está tu libro en mi mesita de noche. Lo leeré cuando termine un Mankell que empecé hace dos días. De antemano puedo decirte bravo por el título (muy prometedor), la portada (muy bonita)y la letra (muy gorda) como les gusta a mis ojos.

Bisou.

Emma dijo...

Hola C.C! Cómo siento lo de tu librera, de verdad. Esas cosas duelen y mucho. Espero que cerrar la librería le haga tener nuevas e interesantes opciones en su vida.
Y te agradezco muchísimo que hayas comprado mi libro, eres un encanto. Espero que te guste, que lo disfrutes. También, si te apetece, me gustaría que me dijeras qué relatos te gustaron menos. Necesito críticas para conocer mejor mis limitaciones.

Muchos bisous

Anónimo dijo...

Prometido, Emma.C.C.

Chafan dijo...

Es mortal de necesidad la frase "Toda la vida te he estado esperando". Me recordó a Extremoduro con "y poderle decir que he pasado la vida sin saber que la espero" y me hizo sonreír.

Emma dijo...

Chafan!!!!
No sabes la alegría que me da volver a saber de tí.
!Y no me preguntes por qué! Pero me has alegrado el día.
Espero que estés muy bien
Un abrazo.

Grillo dijo...

Ay chica, pordiós....

Desde que tienes un novio inteligente y guapo ya no publicas ná.

¡Buena la hemos hecho tus lectores!

Almatina dijo...

Dicen que dos salamanquesas anidadas en el techo, es sinonimo de hogar.

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