Algunos relatos- que no encontrarás aquí- están reunidos en el volumen "Te dejé en Lisboa", de la editorial Amarante. Si eres un aficionado crítico literario agradeceré que te lo bajes para darme unos azotes. Nada me gustaría más.

domingo, noviembre 04, 2012

Volver a Madrid

La gata de la señora Justa se llamaba Urraca porque era blanca y negra. Según la señora Justa se daba demasiada importancia.
-Mira si se creerá importante que cuando viene a verme mi hija la gata se esconde. Se pone rabiosa porque le hago más caso que a ella. Sólo vuelve a aparecer cuando ya se ha ido y bueno… ¡hasta que se le pasa el berrinche!
La señora Justa mira hacia arriba y dice, bajando la voz.
-En el primero vive una chica muy buena y muy trabajadora, tiene dos niños pequeños, chico y chica. Los pobres están solos todo el día, hasta la noche que ella vuelve de limpiar oficinas… mira, ahí tienes al niño.
Un chaval moreno, de unos once años, con el pelo rizado y los ojos redondos está asomado al balcón, enrosca las manos en la barandilla, introduce los pies descalzos entre los barrotes, se contorsiona.
-¿Qué haces ahí, hijo?
El niño mira a la señora Justa sin dar señales de reconocerla, vuelve a retorcerse como si le hubiera dado un calambre, luego se pone a reptar por el suelo de la pequeña terraza.
-Pobre, se aburre, todo el día metido en casa y con este calor…
-¿Y el padre?- pregunto yo.
-¡El padre! Vete a saber dónde estará el padre.
Las dos nos quedamos mirando a una anciana que acaba de abrir en ese momento la puerta de la calle. Se apoya en un bastón, tiene el pelo blanco y va tan encorvada que apenas ve más allá de sus pies.
-Y esa es Chelo, Consuelo, tiene la espalda destrozada desde que se cayera al subir a un autobús. Vive sola y no puede con su alma. Pero ahí que la tienes, sale todas las tardes a dar su paseo.
Yo la miro ¡es tan vieja! los brazos son delgados y translúcidos, pueden verse sus venas azules atravesándolos, casi negras, los pies hinchados embutidos en unas pantuflas de invierno.
-¡Anda que no he pasado yo horas en casa de Chelo! Cuando era pequeña mi madre no tenía donde dejarme y me subía a su casa. Chelo era guapa, pero muy nerviosa, el día que dio a luz a su único hijo yo estaba en su casa. Vinieron todas las vecinas. La Chelo gritaba que ya no quería tener al niño, que pararan el parto,  que ella no quería saber nada. No veas cómo se rieron de ella…a ver, la pobre no tendría más que veinte años y estaba acojonada. Luego el hijo murió, de esa enfermedad tan mala…
-¿Qué enfermedad?
-No sé, una que les daba a los drogadictos, por pincharse, decían.
-Ah, sida.
-Eso sería... la Chelo siempre fue una señora, iba muy arreglada, su marido bebía y a veces la insultaba. Pero ella le miraba muy digna, con el cuello así- y la señora Justa estira el cuello, entornando los ojos- y al final el marido se achantaba, no podía soportar su mirada. La Chelo cantaba muy bien, le encantaba Juanita Reina… ¡ay mi Chelo!
La señora Justa comienza a dar gritos.
-¡Chelo! ¡Chelo! ¡Chelo!
La anciana se detiene y levanta la cabeza con esfuerzo, tiene los ojos almendrados, muy oscuros, y las cejas arqueadas. Sonríe y levanta una mano, reconociéndola.
-En mi calle sin salíaaaaa- comienza a cantar la señora Justa- yo no puedo caminaaar, ni de noche ni de día, ni palante ni paaaaatrásss
Las dos se miran sonriendo y la señora Justa comienza a mandarle besos.
-¡Guapa, guapa, más que guapa!
Después se vuelve hacia mí, con lágrimas en los ojos.
-Lo que habrá sufrido esta mujer… ¡bueno!- se limpia la mejilla con el dorso de la mano- ¡Lo que hemos sufrimos todos!
Yo miro al niño en el balcón, ahora su hermana se le ha unido, los dos apoyan la barbilla en la barandilla y se dan patadas, sin mirarse.
-Éramos muy pobres, muy, muy pobres…- continúa la señora Justa meneando la cabeza, como si todavía no llegara a creérselo.
-¿Y a su marido cómo lo conoció?
-¿Yo?- abre mucho los ojos- Pues en una kermés, ya ves qué original.
-¿Una kermés?
-Sí, un baile… yo no podía entrar, era muy niña todavía, pero mi prima me coló y él… ¡en cuanto me vio me sacó a bailar! Era muy guapo y yo pensaba ¿y este por qué se habrá fijado en mí?
-Porque también serías muy guapa…
-No, yo guapa no era, era muy echá palante, eso sí… pero pasa a casa, pasa y te enseño fotos- la señora Justa abre la puerta, una vaharada de humedad sale del portal- ¡Y vosotros, niños, estaos quietos que cuando venga vuestra madre se lo pienso decir!
Los dos hermanos libran una encarnizada pelea en el pequeño balcón, el niño le tira de los pelos a ella y la niña le acribilla a patadas.
-A ver, están solos todo el día, pobres criaturas…- rezonga empujando la puerta del bajo, donde vive- yo, de niña, nunca estuve sola, me subían con Chelo o me dejaban con quien fuera, los vecinos nos ayudábamos mucho. Ahora, estos dos de ahí, no me los deja la madre. Prefiere que se queden solos, con la tele o pegándose todo el día.
La casa de la señora Justa era diminuta, sus caderas golpean el mueble del recibidor al entrar. Sobre la televisión infinidad de fotos de su hija y sus nietos. Hay también un sofá de piel verde, con tapetes de ganchillo en los brazos y en el respaldo, donde una gata blanca y negra se lame una pata. La gata se detiene para mirarme con desconfianza y en cuanto abro la boca sale disparada.
-¿Ves? Una engreída doña Urraca, una señoritinga… ¡no soporta a nadie!
La señora Justa abre el cajón de la mesa de la cocina y de allí extrae un puñado de fotos en blanco y negro, mezcladas con otras en color donde aparecen sus nietos, mofletudos. De entre todas ellas selecciona una y me la tiende. Yo no me he movido del sitio, es imposible avanzar más allá del recibidor sin tropezar con el cuerpo de la señora Justa, que parece llenar la casa entera.
-Mira, esta era yo.- proclama con orgullo.
Me encuentro con los ojos de la señora Justa, las cejas muy pintadas, los labios gruesos y rojos y el pelo negro, rizado y corto. Llevaba un collar de perlas alrededor del cuello y miraba a la lejanía, con una chispa de vergüenza, pero también de alegría.
-Tenía veintiún años. Esa me la hice antes de casarme, para dársela a mi novio.
Le di la vuelta a la foto, allí, escrito en tinta azul podía leerse lo siguiente.
De todas las bendiciones, la más grande es quererte. Siempre tuya, Justa”
-Me dijo que le daba miedo.
-¿qué le daba miedo?
-Lo que pone detrás de la foto, lo leyó y me dijo que le daba miedo.
La señora Justa sobaba la cruz dorada que le rodeaba el cuello, yo la miré con mayor atención, seguía teniendo los ojos alegres y el pelo rizado, ahora canoso. 
-¡Decía muchas tonterías!
-¿Dónde está ahora?
-¡Uy! Murió joven, de cáncer…la niña sólo tenía tres años.
Se queda callada.
-Para el dolor le daban buscapina, fíjate, antes no había nada… me pedía que le matara, me veía tejer a su lado y me pedía que le clavara la aguja de hacer punto y le matara… ¡pobrecito mío!
-¿Le querías mucho?
- Mucho, mucho, mucho, ¡le adoraba! Porque una cosa te voy a decir hija, ya no se quiere como se quería antes. Como se quería entonces ya no quiere nadie, como quería la Chelo, y mi madre, como queríamos las mujeres de antes… ¡ah, eso era querer aunque le reventaran a una las entrañas!
La gata Urraca asoma la cabeza por la puerta de la cocina, mira a la señora Justa y después posa sobre mí una larga mirada felina.
-No le gusta nada que estés aquí, ¿ves? Te está diciendo que te vayas, con toda la caradura del mundo.
-Bueno, pues yo ya me voy…
-No creas que sólo hay penas que contar. Lo que pasa es que ahora te das cuenta- ella deja caer los brazos y mira en torno a la pequeña estancia- de que no ha servido de mucho tanta lucha. Porque dime tú… ¿tanto luchar para qué? ¿Para qué?
La gata Urraca no me quitaba la vista de encima. Yo no sabía qué contestar.
-Perdona, hija- la señora Justa sonríe, como disculpándose- Otro día te cuento más.


28 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Me alegra volverte a ver por aquí. Y me ha gustado el relato; mientras lo leía, me sentía como un niño escondido detrás de la puerta de la habitación donde estábais la señora Justa y tú, escuchando el diálogo sin ser visto. Será porque lo que dice Justa (y cómo lo dice) me ha evocado a personas ya idas de la época de mi infancia, aunque también a mi madre (en especial por el sonsonote de la lucha: tanto luchar y para qué). En fin, lo he leído y me queda un cierto desasosiego culpable, el de haber robado un ratito ajeno, azaroso del que desconozco el antes y el después y, por supuesto todas sus circunstancias. ¿Volver a Madrid?

Lansky dijo...

Emma, tienes un talento para captar el 'sonido' de las conversaciones, del habla de la gente, como el de esa Sra Justa, que creo que no puede adquirirse en los talleres de escritura ni por otros procedimientos, ni siquiera leyendo mucho; es como una suerte de antenas especialmente bien sintonizadas para capturar el entorno: eres narradora innata; ahora bien tú sabrás si quieres emprender un camino tan jodido, doloroso y a la vez prometedor.

En cuanto a Madrid, tiene suerte de contra con tu regreso

Emma dijo...

Sí, Miros, volver a Madrid porque volver a Madrid es también volver a la infancia, a una especie de paraíso perdido que no lo era tanto. La señora Justa es una de esas mujeres que todavía se encuentran en cualquier barrio, en Cuatro Caminos, en Fuencarral, en Vallecas. En cada uno de esos inmuebles, construidos en los años 30 o 40, se agazapan cientos de historias como estas. Las circunstancias son parecidas, miserias, lucha y mucho amor. No hace falta poner al lector entendido en antecedentes. Me alegro mucho que te haya gustado el espionaje. Eso es que sigues siendo un niño.

Emma dijo...

Lansky, muchas gracias por tus elogios- ya sé que no elogias por elogiar. Por otro lado es verdad que esto de la escritura es jodido, sobre todo porque no sabes, la mayoría de las veces, a dónde vas, o por qué lo haces. Y tienes que estar, por fuerza, muchas horas sola, sin hablar con nadie y, lo peor es que, si renuncias a esa soledad tampoco abrazas "fully" la compañía, tienes estúpidos remordimientos por no estar sola, haciendo lo otro...en fin.

Anónimo dijo...

Qué bien observas y oyes, Emma. Qué finura.

Descibes el pisito tan bien que cree uno estar allí, estrecho entre muebles y mirando fotos sacadas del sitio menos esperado: un cajón de cocina.
Ese gato y esa nostálgica mujer que lo tiene ya todo ganado y perdido...

Creo que abosorbes con mucho talento el entorno durante las visitas que haces a personas mayores que viven solitarias en Madrid, (según creo recordar que nos contáste.)

La vocación literaria es dura (jodida), pero una vez en marcha no creo que te desprendas de ella fácilmente. De veras admiro a quienes la seguís aunque sea en ratos libres. Uff, qué dolor.

Me sumo a los demás: ¡ bienvenida a Madrid ¡

Grillo

Emma dijo...

Gracias, Grillo. La verdad es que las visitas son una increíble fuente de historias, pero también son duras, no te creas. Lo mejor de todo es que se aprende mucho del Madrid de antes, de ahora y de siempre.
Otra cosa te quiero decir : Tú tienes un talentazo para narrar increíble, jodío. Y sigues tu vocación en ratos libres! Ni más ni menos igual que yo. Así que admírate a ti mismo.

Lansky dijo...

Como en todo, también hay viejos idiotas, claro; el mero hecho de cumplir años no los dignifica si lo eran-como pasa con los edificios feos y a las putas que se respetabilizan-, pero un porcentaje, como esa señora Justa de Emma son valiosísimos, como testimonio; son bibliotecas andantes, y hay que darse prisa en leerlas antes de que se 'borren'. También pienso que ponen en evidencian cómo es realmente una sociedad por la forma de tratar y considerar a sus ancianos. Está nuestra sale bastante malparada de tal evaluación.

A mi no me interesan casi los jóvenes de mi pueblo en Gredos, los veo idénticos a los de Madrid o simples imitadores de modelos ajenos, pero los viejos, ah, esos son otro asunto: pastores, hortelanos, viejos guardeses, carboneros...con esos me encanta hablar. Hace poco murió Nisio (de Dinosio); una semanas antes nos habíamos hecho regalos mutuos; como yo sabía de su gusto por hacer en madera réplicas de aperos de labranza le había regalado un libro del museo etnográfico con reproduciones de bieldos, carros, azadones..., a los pocos días se presentó con un precioso árado romano para mí; días depués pregunté por él, se lo había llevado a toda prisa a Talavera donde murió.

Emma dijo...

A mi tampoco me interesan demasiado los jóvenes, Lansky! Aunque más que jóvenes digamos que no me interesa la gente a la que no le interesa la gente.

Francisco J. Sánchez dijo...

Gracias por el relato.
Un regalo muy esperado.

Un beso.

Paco.

Emma dijo...

Hola Paco! Muchas gracias a ti por leerme. Es un placer tener lectores como tú. Beso

Antonio de Castro dijo...

Me sumo a los elogios de los otros comentaristas, es magnífico ese retrato de un Madrid actual (aunque, cambiando un poco la forma de hablar, podría ser una ciudad más pequeña como La Coruña o una aldea cualquiera de Galicia, por ejemplo) en el que aún pervive un pasado que poco a poco se va difuminando. Se cuentan muchas cosas en un breve diálogo, todo está ahí, presente y pasado, costumbres que han cambiado, vidas esforzadas y sacrificios, y el lector no necesita saber nada más. De hecho, otro de los aciertos es el tono algo duro y al mismo tiempo discreto o pudoroso, como si la narradora contara “en voz baja” de manera directa y a la vez respetuosa, y no quisiera inmiscuirse en la intimidad de la anciana con la que habla. (Es un tono que me recuerda mucho a una película que vi hace poco, “Umberto D”, de Vittorio De Sica; el aire realista del relato también me ha hecho pensar en “El mundo sigue”, de Fernando Fernán Gómez.) El título me parece perfecto porque hace el relato más completo, mostrando al principio el punto de vista de la narradora y dando paso a continuación a la voz de la anciana.
Un saludo.

Emma dijo...

Gracias Antonio, es cierto que intenté hacer un cuadro realista, que no neorrealista, porque todo eso está ya inventado-y es muy difícil-por otro lado. Al hilo de esto me pregunto si hubo un "neorrealismo español", me parece más bien que tanto en literatura como en cine se intentó copiar el neorrealismo italiano, no es así?. O puede que existan obras sueltas, absolutamente originales, como "El verdugo", o esa que mencionas de Fernando Fernán Gomez que, por cierto, desconocía y me encantaría ver, dónde ves esas películas Antonio? Porque no creo que sea fácil encontrar ahora esa trilogía de Fernando F.Gomez.
Un abrazo

Barbie jardinera dijo...

Me parece que me va a interesar todo lo que escribas, todo. Y creo que sé por qué: porque tienes la rarísima virtud de saber escuchar. Bss

C.C. dijo...

La soledad, el mal de las grandes ciudades. Con tu relato me llevaste de regreso al Paris de mi niñez, principios de los años 60. Cuántos ancianos curvados por el peso de la sesta de compras, los pies mal calzados en viejas pantuflas, los hombros y la cabeza cubiertos con bufandas roídas por la polilla. Cuántos niños encerrados en pisos, o mejor dicho, en cuchitriles, añorando la hora en que llegarían a casa de vuelta del trabajo los padres muertos de cansancio.

Son imágenes que no he vuelto a ver desde entonces.¿ Gracias a mi suerte o es que las cosas han cambiado?

No voy a aburrirte con más elogios ; mis cocomentaristas han acertado todos. Me alegro un montón que hayas vuelto. Beso Emma.

Emma dijo...

Hola Barbie, me hace mucha ilusión que me leas. No sé si tengo tan buen oído como el tuyo, que eres capaz de oír crecer hasta los calabacines. Por otro lado tengo una voluntad muy débil para escribir. Estoy a ver si la fortalezco, ahora que parece que ya estamos definitivamente en invierno voy a intentarlo, pues no hay mejor estación para hacer grandes los sueños.

Emma dijo...

C.C, no me aburres para nada, de hecho lo que cuentas sobre tu París me interesa mucho. Estaría bien que contaras alguna anécdota de aquellos años.

Bueno, las cosas han cambiado sí y no, ahora quizá no hay tanto hacinamiento como en el París de los 60, ciudad que recibía miles de emigrantes. Pero en Madrid aún quedan barrios donde la pobreza se hace perpetua, como las nieves del Kilimanjaro. Claro que eso es así en todas las ciudades del mundo. Tendríamos que preguntar a algún sociólogo qué barrios que en su día fueron de aluvión, pobres, de recogida de emigrantes, se ha transformado en un barrio de clase más alta. Se me ocurre el antiguo barrio de Maravillas de Madrid, ahora Malasaña, pero no es una transformación de clase social, es más bien que los mayores mueren y jóvenes sin muchos recursos alquilan las casas. El barrio ahora es bohemio, "hipster" lo llaman. Pero claro, no sé hasta qué punto fue antes un barrio pobre.
Es muy interesante el ecosistema de las ciudades! Tanto como el huerto de Barbie.

Antonio de Castro dijo...

Emma, esas películas se pueden ver a veces en youtube (algún integrista diría que el cine es para verlo en una sala y no en un ordenador, pero menos da una piedra), y supongo que las hay en dvd.
Una diferencia entre el neorrealismo italiano y ese realismo que hubo en el cine español de los años cincuenta y sesenta es que en aquél se apreciaba una especie de piedad (que no sensiblería) en la mirada, de la que carecen películas tan crueles como esa de Fernán Gómez o “El extraño viaje”. “El verdugo” muestra un cierto “aprecio” hacia sus personajes, pero tiene una carga alegórica que parece más típica ya del cine europeo de los años sesenta (Antonioni y demás, aunque aquí mucho mejor integrada en la película) que de películas más clásicas como “Ladrón de bicicletas”. Supongo que un equivalente en el terreno literario sería lo que estaba haciendo Ignacio Aldecoa por aquel entonces, o novelas posteriores del propio Fernán Gómez como “El viaje a ninguna parte” o “La Puerta del Sol”.
En fin, el tema da para enrollarse, es que coincide que estos días tengo ocasión de ver algunas de esas películas y el relato me las recordó mucho.

Barbie J. dijo...

Es verdad, en todas las ciudades hay transforamciones así. Habría que preguntar no sólo a los sociólogos, quizá también a los urbanistas...Pero lo que cualquiera puede ver aquí y allá es algo así: un determinado barrio del centro, con casas antiguas que resultaría muy caro reformar en condiciones, se va conviertiendo en barrio de gente mayor y de emigrantes (y tb jóvenes sin recursos, como dices); con el tiempo -¿y precisamente por esa ebullición de gente diferente?- el barrio despierta el interés de otro tipo de ciudadadanos, en busca de lugares "especiales" (no sé cómo describirlo sin que parezca tonto), aparecen bares de copas, galerías, un despacho, un restaurante...Y hala, empiezan las reformas de las casas. Y los habitantes originarios+ sobrevenidos empiezan a salir centrifugados
Antonio, nunca me había parado a pensar en esa diferencia entre los neorealistas italianos y españoles!. Por ej, en Milagro en Milán -que, creo, es posterior a Bienvenido Mr.Marshall,-hay angelotes y un aire muy ñoño, ¡qué diferencia con la acidez y la comicidad de Berlanga !.

Emma dijo...

Eso es Barbie, sólo que ahora ya no hay dinero ni para reformar los barrios. La Latina puede ser un claro ejemplo de eso, así como Malasaña. Luego hay otros barrios, como el de Arguelles en Madrid, que se mantienen casi intactos, ya no son tan señoriales como se pretendía en su día, han perdido "caché", pero han mejorado de una manera díficil de explicar. La próxima vez que estés en Madrid paséate por Arguelles y entenderás lo que digo.

Emma dijo...

Antonio, de verdad que es muy interesante eso que cuentas. Siempre he pensado que si el "realismo social", "naturalismo", "neorrealismo", surgieron en determinadas épocas era porque estaban indisolublemente unidas a las miserias que pasaban los creadores. Me sorprende que ahora no se retorne a otro tipo de realismo, digamos, del que pensaron que tenían y ahora no tienen nada. Sería muy interesante ver ese "postrealismo"- si se puede llamar así- en el cine y en la literatura.

Lansky dijo...

LEWIS MUMFORD: lA CIUDAD EN LA HISTORIA; un clásico reeditado por Pepitas de Calabaza, Zaragoza, 2012, más de 1100 páginas no superadas 50 años después d ehaebr sido escrito.

No llevo comisión, sólo estoy entusiasmado

Emma dijo...

Gracias por compartir tu entusiasmo Lansky, 1100 páginas son muchas pero si son imbatibles quizá sea una buena lectura para cuando llegue a la jubilación.

Grillo dijo...

Pues anda y que no te queda nada para tu jubilación... Emma.

Tal vez para entonces no haya libros de papel.

(Me tienes 'nota' con tu correo electrónico. Sistemáticamente me han devuelto como 'error' los últimos enviados con respecto a encontrarnos en Madrid el pasado viernes.)

Emma dijo...

Bueno, y eso si me jubilo!

Grillo, entonces usa el e-mail que hay en mi perfil de este blog. O comunícate a través del presente medio, como desees.

Qué tal os lo pasasteis el Viernes?

Kentia dijo...

Sencillamente, me ha encantado.

...y a ver si actualizas tu perfil en blogger wapisima ;)

Emma dijo...

Gracias Kentia.
Tiés razón que ahora vivo en Madrid!

Asterion dijo...

Que lindo es leerte Emma Como me gusta que existas!

Emma dijo...

Asterion! Y a mí me gusta que existas tú!

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